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Hace un mes Chorche me propuso que contase cinco anécdotas sobre mí que resultasen desconoocidas para los lectores de este blog, o por lo menos para él. Cuando era pequeño plagié a Gloria Fuertes. Tenía doce años y una profesora de literatura con nombre de campaña turística, Maravillas de lózar. la mujer me encargó una poesía navideña para clase. No debía estar mu inspirado o mi vagancia natural me llevó a copiar un poema de Gloria Fuertes. A Maravilas de Lózar le gustó bastante ¡Cómo para no gustarle! Y a los meses me la pidió para mandarla a un concurso de Poesía escolar. Intenté dar largas al asunto, pero acabé entregándole los versos plagiados. La profesora envió los versos plagiados al concurso del que nunca más se supo. ¿A quién plagiarían los otros niños, los que ganaron? Hoy el delito ya ha prescrito. hubiese sido muy duro acabar en un Centro de menores por plagiar a Gloria Fuertes. En la última jornada de la Liga 2000/2001 acerté una quiniela de catorce. Hasta aquí podría considerarse una noticia positiva, pero lo que no sabe la gente es que resultó ser la quiniela más fácil y miserable de la Historia de las Apuestas deportivas. Otros cuatro mil boletos adivinaron los resultados que se iban a producir ese domingo de fin de temporada. El pleno al quince ascendió a la estratosférica cantidad de 25000 pesetas. Además la quiniela la hicimos entre diez. Como había pensado destinar el dinero del premio a viajar, subvencioné la compra de uno de los ya desaparecidos bonobuses de TUZSA. Durante muchos años de mi vida he sido un conductor no practicante. Me saqué el carnet a los dieciocho y estuve seis años sin coger un coche. por motivos profesionales reanudé mi actividad al volante. A los tres meses de mi reencuentro con un Talbot Horizon, heredado de mi abuelo, llegué con él hasta Eslovaquia. Subiendo los Alpes, cerca de Liechestein, quemé los radiadores de ventilación. En la actualidad tampoco conduzco Hace unos años decidí hacer el camino de Santiago en solitario. Intentado impresionar a una madrileña a la que le gustaban los caballos, le conté que montaba con cierta asiduidad en Zaragoza. la verdad era que lo que más cerca había visto un équido había sido en los Western de John Wayne. Al acabar una etapa por el Bierzo llegamos a una localidad en la que se podían alquilar caballos para dar largos paseos campo a través. Terminé subido a una yegua blanca sobre el verde prado que todavía estaba húmedo por la lluvia del mediodía. Como no sabía poner el cuerpo para trotar, acabé con un dolor de huevos que me duró hasta las primeras rampas del Cebreiro. He dormido en las ruinas del Convento de desierto de Calanda en una noche de viento y truenos. Los relámpagos de una tormenta eléctrica dejaban entrever la silueta desvencijada del templo barroco. la luz tenue, de la poca luna que había, se colaba entre la cúpula hundida. Para pasar el frío y el miedo comimos arenques del LIDL, pepinillos agridulces y whiskey de marca barata. Las linternas nos recordaban que todavía quedaban unas horas hasta el amanecer. Al final logré dormirme y me deperté con ganas de desayunar a varios kilómetros de allí. #La imagen corresponde al Convento de desierto de Calanda [Recuperado - Fecha Original 04-02-2007]
Fecha: 18/02/2007 19:42. |