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RELATILLO

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Nació en 1908 y el azul del mar le asustaba, quizá por eso sabía desde pequeño que iba a acabar trabajando en un trasatlántico. Puede que tomase consciencia de su destino marino el día de su Primera Comunión, que fue tan triste como el sonido de un barco en medio de la inmensidad del océano. Tenía el don de la imaginación. Se inventaba historias que parecían novelas decimonónicas. Al cumplir los diecisiete años leyó Madame Bovary y se dio cuenta que había diseñado una trama similar. odió a Flaubert por haber cometido una especie de retroplagio. Su padre solía repetir, como un oráculo afónico, que su hijo se convertiría en periodista por lo bien que se le daba retorcer la realidad como si fuese un papel de fumar. Los dos tenían razón, trabajaba en el diario del barco que cubría la línea regular Cádiz- Buenos Aires..Por la noche en la soledad de su taller tipográfico componía las noticias que le llegaban por radio. También escribía de su cosecha algún artículo sobre la vida abordo. Un concierto insoportable de clarinete, la cena de gala del Capitán Bermúdez, o la crónica de los entretenimientos de cubierta

Nunca le gustaron los pasajeros que subían al puente con sus sombreros oscuros y sus bigotes bien recortados. El trabajo le aburría. Comenzó a inventarse nombres de pasajeros ficticios. Nadie parecía darse cuenta de esos eres inventados en pleno Atlántico. Tenía la sensación de que sus palabras quedaban sepultadas entre el vaivén de las olas. Le gustaba la sensación de escribir para que no se le prestase atención. El siguiente paso en su escala de embustes fue la noticia de un robo en uno de los camarotes de lujo, de esos en los que se puede los brillos marinos del amanecer tumbado en la cama. No armó el revuelo que esperaba, así que no le quedó más remedio que pasar a mayores. Hizo que triunfase la sublevación de Jaca de 1930. Se enteró de los acontecimientos promovidos por Gabriel y Galán a través de puntos y rayas; y de su posterior fusilamiento. Pero la sublevación siguió viva en el barco durante lo que restaba de viaje hasta Buenos Aires. Todo el mundo estaba muy revolucionado. Los pasajeros de Primera caminaban irascibles por el puente de cubierta mientras se fumaban unos Cohíbas. Los de Segunda y Tercera se preocupaban por los familiares que habían dejado en casa, pese a que sabían que una vez que se habían montado en el buque no los volverían a ver jamás. Hubo un par de conatos de peleas entre partidarios y detractores. Hubo quienes querían que el trasatlántico diese media vuelta como si fuese un coche en una carretera. La tensión hacía insufrible el olor a mar. los bailes eran desangelados. Las partidas de mus taciturnas y el Capitán Bermúdez no hacía que repetir más que adverbios finalizados en mente.

Pudo concluir el asunto cualquiera de los días que duró el viaje. Hubiera sido sencillo, pero no lo hizo. Nunca le había gustado el azul del mar. esa era la única manera de sobrellevarlo. Al llegar a tierra todo se descubrió. Las consecuencias para él fueron demoledoras. Se tuvo que quedar en Argentina para evitar un juicio en España por alta traición. El Nuevo Mundo no le trató demasiado bien. Acabó sus días como limpiabotas frente al Teatro Colón. Cada vez que sacaba lustre a mis zapatos, con unos viejos trapos, me repetía la misma monserga. Como era dado a inventarse historia, no le hice mucho caso; pero daba datos difíciles de imaginarse

#La imagen se corresponde al naufragio del Monte Cervantes en 1930 

07/09/2007 06:09 Autor: jcuarteronoestadisponible. #.

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