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LOS MICÓLOGOS QUE SE PASEABAN EN ALBORNOZ

LOS MICÓLOGOS QUE SE PASEABAN EN ALBORNOZ

Este fin de semana era el último en que se podía apreciar la plenitud de las tonalidades otoñales en Ordesa. Dentro de siete días esa sinfonía de amarillos y anaranjados yacerá sobre el suelo mojado por las lluvias de finales de octubre. El domingo tuvimos la casualidad de hacer una pequeña excursión por el Parque Natural y disfrutar de las hayas impresionistas que hubiesen hecho las delicias del mismo Cezanne. También nos iniciamos en el mundo de la micología, que fácil parecía recoger setas en las cercanías a Bujaruelo. Nada más alejarse de un sendero, que llevaba a un refugio perdido, nos estaban esperando kilos y kilos de rebollones. La sonrisa de Silvia hacía presagiar cenas exquisitas en casa, el mantel de los domingos y un buen Somontano para acompañar. Nos llevamos entre tres y cuatro kilos. Todo eran jajás y jijís. Así que volvimos donde estábamos alojados el Monasterio de Boltaña que Barceló ha convertido en un hotel. Uno de los atractivos del Monasterio es que tiene un Spa (Salutem Per Aquam) lo que te permite pasearte en albornoz por los pasillos, subir al ascensor con el pelo mojado y saludarte con otros señores que calzan las zapatillas que te regalan para entrar en el circuito termal. La tarde del sábado fuimos a darnos unos baños. Nos cambiamos y bajamos a las piscinas pero estaban saturadas.  A mí me encanta pasearme en bata, así que decidimos explorar los misterios del hotel semidesnudos. Contemplamos los cuadros rojizos y las esculturas de reminiscencias tribales, pero sobre todo fue interesante abrir un portón en el primer piso que nos condujo a la iglesia barroca del monasterio. ¡Toma ya! Su altar, sus capillas, sus bancos desiertos de madera iluminados par la luz del atardecer que se colaba por las vidrieras y dos tipos en albornoz. La sensación fue curiosa, extrañamente agradable. Me están entrando unas ganas de ir a visitar en albornoz de felpa la Aljafería o la exposición de Broto de la Lonja, que para qué.

El fin de semana se terminó. Tuvimos que volver para Calahorra bajo la lluvia intensa, la misma que provocó la crecida del Ara.  No nos importaba, teníamos setas para abastecer a un regimiento de brigadieres gordos. Claro que eso fue antes de presentar nuestro tesoro a un maestro micólogo (el padre de Silvia) "¿Pero qué habéis cogido, si son setas no comestibles? No es que sean venenosas pero estos lactarius no se los come ni Arias Cañete". Todo nuestro gozo en un pozo. Era tarde que si no me pongo mi albornoz y bajo al Super a por unos rebollones. 

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2 comentarios

pat rizia -

me he reído mucho con el juicio del maestro micólogo, y la imagen de dos buscadores de setas en bata es de lo más gráfica (Brishead al rico rebollón, vamos)
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unjubilado -

No conozco el Monasterio de Boltaña, así que tendré que ir a visitarlo. En albornoz por la exposición de Broto? Aquí no sé lo que pasaría, pero en Broto en las exposiciones que hacen en el ayuntamiento seguro que ni te miraban, yo voy con pantalones vaqueros, sucios, rotos de trabajar en el jardín y todavía no me han regalado ninguno.
Me han dicho que están saliendo rebollones por esa zona hasta debajo de los bancos de las iglesias, la pena es que este fin de semana no puedo subir y al siguiente ya estarán todos estropeados.
Saludo
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