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UN PERIODISTA SOBRE EL TEJADO, STANLEY CORRESPONSAL EN ZARAGOZA

UN PERIODISTA SOBRE EL TEJADO, STANLEY CORRESPONSAL EN ZARAGOZA

Hay personajes históricos que se conocen más por sus palabras que por lo que fueron o hicieron. Si saliésemos a los porches del Paseo Independencia a preguntar por Stanley , me imagino que además de hacer el ridículo no obtendríamos muchos datos sobre su vida. Si por el contrario preguntásemos por Livingstone varias personas nos contestarían "supongo". No nos aclararían nada sobre el explorador escocés, pero si que les sonaría el famoso ¿Livingstone Supongo?. Livingstone, I presume? Stanley pronunció estas palabras en octubre de 1871 cuando encontró a Livingstone desaparecido hacía cinco años en su empeño de encontrar las fuentes del Nilo. Dos años antes en Octubre de 1869 estaba apostado sobre un tejado zaragozano, como corresponsal del New York Herald , cubriendo la convulsa vida política española. Stanley mandó desde Zaragoza dos cartas a su editor, que se encuentran en la actualidad en el Museo de África Central de una pequeña localidad belga llamada Tevurven y que su mujer Dorothy Tennant empleó a la hora de escribir una biografía edulcorada de Stanley, en la que omitía muchos detalles interesantes como sus múltiples conquistas femeninas.

En 1869 nos hallamos en pleno Sexenio Revolucionario , verdadero terror de los estudiantes de Historia (hay culebrones que resultan menos enrevesados que los sucesos políticos que van de la revolución de 1868 a la restauración Borbónica de 1874). El New york Herald envió a Stanley a Madrid. Pasó seis meses que le sirvieron para hablar castellano con fluidez y para realizar la crónica de levantamientos, alzamientos, pronunciamientos y demás "ientos" que caracterizaban la azarosa vida del Gobierno Provisional. Hoy nos resulta tan alejado que afortunadamente no nos sentimos nada identificados con ese período.

Una tarde de octubre, mientras estaba pasando la tarde entre tascas y cafés, se enteró que cuatro batallones salían camino de Zaragoza para sofocar un revuelta de corte republicano. Sin pensárselo dos veces cogió un tren, el AVE de la época que tardaba nueve horas y media. de 8,30 de la tarde hasta las 6 de la mañana.. Llegó a una cuidad que todavía sumida en la oscuridad esperaba la represión de las tropas gubernamentales. Empleando las artes y las virtudes, si es que las tienen, de los periodistas consiguió el balcón de una casa próxima a la zona de enfrentamiento. Asistió como el espectador de una obra de teatro violenta a los movimientos bélicos con una mezcla de terror magnético y de repugnancia. Miedo y asco en batalla. La inseguridad le hizo parapetarse en un tejado que le proporcionó una vista aérea del conflicto un par de días. Como suele ocurrir, tras varios intentos los batallones entraron en el recinto urbanos y restablecieron lo que habían venido a defender. Ya da igual lo que fuese. No nos interesa, tampoco le interesaba a Stanley que sin embargo estuvo contemplando las estrellas una noche de otoñal desde el tejado de una casa de Zaragoza cercana al Ebro. No se imaginaba que dos años después iba a estar buscando las fuentes del Nilo, supongo

#la imagen corresponde a un grabado sobre el encuentro en Livingstone y Stanley
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2 comentarios

jcuartero -

Gracias.
El que realmente se sintió aliviado fue Livingstone por dos razones, la primera es que perderse cinco años está muy feo, sobre todo si alguien se preocupa por ti y la segunda es que cuando llegó a Ujiji (la ciudad africana, aunque tiene nombre de pueblo de la provincia de Jaén, en la que se produjo el encuentro)sufría cualquier enfermedad que nos podamos imaginar, además había sido robado y abandonado por sus porteadores cerca del Tanganica.

Javier -

Presumir presumimos muchas cosas, pero encontrarse al doctor Livingstone en un África salvaje debió de ser un alivio para un periodista sediento de un alma civilizada a la europea. Enhorabuena por el post.
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