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A LOS NIÑOS DE SIETE MESES NO LES GUSTA EL GRECO

A LOS NIÑOS DE SIETE MESES NO LES GUSTA EL GRECO

 

Madrugar los fines de semana tiene algo de transgresión. Levantarse temprano para ejercer de niñera bajo el cierzo y los descafeinados rayos de sol invernales pierde el matiz subversivo, pero hace que cundan los días como en las novelas de E.M Foster. El tiempo libre de los sábados por la mañana (me refiero a no tener que trabajar) me convierte en un diletante, me afeito mejor, me voy a pasear con Marina y actúo como un pequeño burgués de provincias que desayuna torrijas en el Café de Levante, que por cierto están cojonudas. Hacía días que no me comía una torrija tan buena, mientras intentaba hojear los periódicos y cantaba al mismo tiempo canciones infantiles.

Mis cualidades musicales son nulas pero consiguieron su efecto narcótico, por lo que decidí pasarme por las exposiciones del Paraninfo una sobre Renau y otra sobre el Greco , a mí me apetecía ver la de Renau y el cartelismo. Desistí de bajar donde se exponían los carteles de los años treinta, las escaleras eran muy estrechas y con toda probabilidad despertaría a Marina; así que me dirigí a la exposición del pintor cretense. Para entrar había que pasar por un arco detector de metales, no pitó; pero mi conversación con la guarda de seguridad, que era abuela reciente y estuvo preguntándome sobre Marina, la medio despertó. En ese momento sabía que no debía entrar o si entraba tenía que realizar una visita en plan vuelta rápida de piloto de F1. La sala estaba oscura a efectos de conservación de las pinturas. Al llegar a unos lienzos de unos tipos que parecían apóstoles, no pude leer las cartelas para confirmarlo, Marina comenzó a protestar, saqué un chupete para entretenerla. Abandoné la sala y se calmó. Interpreté que se iba a estar tranquila, así que volví para fijarme en la reproducción del "Entierro del conde Orgaz". Cuando quedaban dos metros para tener una visión buena, Marina se puso a gritar como si le clavasen alfileres. Di media vuelta y me fui. Una pareja de señoras mayores comentaba que tan pequeños no les gusta el Greco, lo que no sabían es que a su padre El Greco no le ha gustado nunca, los únicos rostros distorsionados que me hacían gracia eran los de las películas en Cinemascope.

#La imagen corresponde a una vieja postal de la Puerta del Carmen, junto a la cual se encontraba el entiguo Café de Levante

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