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EL ENTIERRO DE LA SARDINA

EL ENTIERRO DE LA SARDINA
El comienzo de la semana ha sido un poco triste. Se ha muerto Julián, el antiguo propietario de La flor de la Sierra. El nombre de la Flor de la Sierra deja indiferente a casi todo el mundo. Se trata de la taberna de la calle San Valero más conocida como el sardinas o el marrano. Julián hace un año que traspasó el negocio. se encontraba flojo de salud, pero acudía a desayunar todos los días al Horreo con su periódico y sus madalenas compradas en la panadería de la plaza Santo Marta. Cuando le preguntabas qué tal iba su enfermedad bromeaba y contestaba que mala hierba nunca muere. Dominaba como nadie el saber popular. Últimamente bromeaba menos. Han sido muchos años de ir a tomar una cerveza con Julián despúes del trabajo. Un día hicimos el cálculo de los botellines de quinto de Ámbar que nos bebíamos al año. Unos botellines que apenas sufrieron el IPC comenzaron costándonos ciento cincuenta pesetas y acabaron costándonos un euro. Julián nos deja muy buenos recuerdos, una tarde nos contó que el Rey cuando era joven y estudiaba en la Academia General Militar acudía con sus conquistas a unos reservados que tenía en la parte de arriba del Bar, unos reservados que nunca llegué a conocer. También recuerdo como pedía a su mujer, "la Mari", que pusiese sobre la plancha media docena o una docena de sardinas. Me gustaba como trataba a la gente de Usted, no a nosotros que éramos de la parroquia habitual. Me hacía mucha gracia cuando se refería a alguien que no era muy mayor como "oiga, joven, sus sardinas". También recuerdo que cada vez que me veía entrar por la puerta decía "hombre, el enamorao". Todavía desconozco porque me lo decía daba igual que estuviese contento, cabreado, cansado o gesticulante. Yo era para él el enamorado. 
El mejor homenaje que podemos hacerle es seguir yendo cada tarde, cuando se pone el sol, a tomarnos nuestros botellines y recordarlo tras la barra con su camisa blanca remangada y sus tirantes. Eso es lo que llevamos haciendo toda la semana. Ayer estaba sentado en una mesa Ian Gibson comiendo uno de sus platos de tomate. Desconozco si estaba realizando su particular homenaje a Julián, pero seguro que no era la primera vez que pasaba por allí.
Muchas fiestas acaban con el entierro de la sardina. Nosotros continuaremos, pero con un poquito menos de inocencia. 
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3 comentarios

augusto -

Buenas sardinas,buenas cervazas, buena persona este julian.

jcuartero -

¡y otro a la tuya! Hace mucho que no nos vemos. Pásate alguna tarde por allí

SantiP -

Desde que dejé el barrio no había vuelto a ver a Julián.
La última vez que estuve en "el marrano" no pude ni entrar, así que ni siquiera me enteré de que ya no estaba allí.
Una gran persona y un magnífico personaje.
¡Otro botellín a tu salud!
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