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EXILIO Y GIORDANO BRUNO

EXILIO Y GIORDANO BRUNO

 

Llevo veinte días de excedencia laboral por cuidado de hijo menor de tres años a mi cargo y puedo asegurar que la paternidad "full time" es mucho más exigente que la función pública. No creo que esta afirmación sorprenda a nadie, me recuerda a las investigaciones que aparecen de vez en cuando por la prensa que dicen que dormir menos de cuatro horas diarias es perjudicial para la salud, que el abuso de patatas fritas provoca una forma física deplorable o que leer una novela de tirón de César Vidal puede provocar irritabilidad y cambios de humor.

Mi exilio permanente en tierras calagurritanas guarda semejanza con la "teoría de los mundos infinitos" de Giordano Bruno, un mundo en el que Calahorra es una extensión de Zaragoza. Me comporto como si continuase viviendo en Zaragoza, compro el Heraldo, veo Aragón Televisión en Digital + y como ternasco de Pastores. Para mí es como si Calahorra fuese un barrio lo suficientemente alejado de la Plaza España y de Puerta Cinegia para ir al centro sólo los fines de semana.

El sábado, en la Zaragoza real, me acerqué al rastrillo Aragón en la sala Multiusos del Auditorio. Compré varias novelas de Benjamín Jarnés de las publicadas por Guara, un libro de Arnal Cavero y una primera edición de Palabras al viento de Azorín. Pero lo más destacable de la visita a la ciudad fue lo que vi en el Campus y sus alrededores. Dentro del recinto universitario, junto al mítico estanque, dos grupos de niños sentados en corro escuchaban la voz con acento sudamericano de una monitora que les decía "Es obligatorio traer la Biblia y la camiseta. Fijaos en Isaías ha traído la Biblia y la camiseta". Parecía la Academia Infantil de Platón versión Adventistas del Séptimo día, lo que ha cambiado el Campus del sacrosanto botellón a la catequesis. La segunda de las impresiones fuertes me la llevé en el escaparate de la librería médica cercana a Antígona, a parte de las portadas anodinas de los manuales de Radiología y patologías varias se encontraba un esqueleto con bata blanca y fonendoscopio. Me acordé del Dr. Muerte y de la palabra matasanos.

De vuelta a Calahorra con una hora de más en nuestro reloj biológico me quedé dormido, a las once menos cuarto, esperando los comentarios de Pedro Luis Ferrer en la Jornada. Giordano Bruno también se había ido a la cama.

 

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2 comentarios

jcuartero -

Igual se trataba de un homenaje a "Pesadillla antes de Navidad", de todas maneras no es el lugar más adecuado. No logro establecer nexos de unión entre Hospital y humor, por más que las series de televisión nos digan que son lugares divertidísimos

Inde -

Yo también he visto ese esqueleto, sí. Y debe de ser cosa de la profesión médica, el considerarlo una especie de maniquí. Me recordó la temporada prenavideña de hace unos años, que pasamos en el hospital porque habían operado a mi madre. Había cuadros jodidillos en aquella planta, y lo nuestro, al menos los primeros días, tampoco era para echar cohetes. Como se acercaba la navidad, a los enfermeros de la planta no se les ocurrió nada mejor que poner un esqueleto de ésos en la entrada, vestido de papá noel, con su saco de regalos, sus espumillones y todo. Más que San Nicolás desmejorado, parecía la Parca dispuesta a utilizar aquel saco para llevarse a alguno, más que para traer regalos... Los familiares de los enfermos estábamos horrorizados. Pero ninguno nos atrevimos a decir nada. Joder con el humor macabro...
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