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PORTEROS DEL ESTE

PORTEROS DEL ESTE

Cuando era pequeño y escuchaba la expresión "porteros del Este", pensaba en Rinat Dassaev y sus pantalones largos de chándal (en Rusia debía hacer demasiado frío para ponerse los pantalones Adidas de principio de los ochenta). Hoy en día, cuando escucho la expresión "portero del Este" pienso en discotecas y garitos de los que han conseguido una licencia que les permite abrir hasta las cinco de la mañana y cobrar los Gin-Tonic a nueve euros. Me imaginaba tipos rudos vestidos con prendas oscuras de talla XXL, que hablan marcando las eses y poseen una mirada expeditiva que es casi imposible mantener. Dos hechos han humanizado mi concepto de los profesionales de la seguridad del Este, uno de ellos es el trato exquisito que dispenso uno de los porteros del Plata a un señor que intentaba salir del establecimiento con un vaso de tubo. Le habló con más educación, respeto y paciencia que lo suelen hacer mis jefes con sus subordinados, y eso que el portero no sabía que quien sacaba la consumición era uno de los actores del Teatro Principal que en la época de Rinat Dassaev había interpretado al padre de Tito y Bea en Verano Azul. Los porteros del Este no ven Cine de Barrio, pero son muy educados.

El segundo de los contactos fue mucho más duradero y enriquecedor. Durante el verano, un Guardia de Seguridad rumano estuvo sustituyendo a mi compañero de trabajo. La primera impresión entraba dentro del parámetro de los tópicos sobre "porteros del Este". Medía cerca del metro ochenta y pesaba 136 kilos. Ropa negra y gafas de sol que sólo se retiraba en  interiores. En manga corta lucía tatuajes de tinta verde, entre ellos el del nombre de un hermano que se murió cuando era adolescente. Su padre era húngaro y había crecido en un pueblo de diez mil habitantes en Transilvania. A priori como vigilante de sala en un Museo impresionaba, a no ser que se tratase de un centro de interpretación de la Stasi. Trabajaríamos juntos un par de semanas y ahora que estoy de excedencia es uno de los compañeros que echo de menos. Bajo un aspecto amenazador se camuflaba un buen tío al que las cosas no le estaban saliendo tan bien como quería. En los quince días que coincidimos le hice gestiones para cambiarse de casa, comprar un coche, grabarle películas de dibujos animados para sus hijos, denunciar al que le había vendido el coche por fraude y diseñar una pecera que iba a fabricar un amigo suyo cristalero para su hijo mayor, sólo nos faltó pescar los peces y agarrar al visitante del Museo que le robó sus gafas de sol. ¿Quién es capaz de robar unas gafas de sol a un rumano que pesa 136 kilos? Lo del peso lo explicaba con una naturalidad de club de la comedia. "Yo era deportista. Practicaba lucha grecorromana,¿Tú sabes? incluso gané una medalla tercera. Mi mujer se hartó de los campeonatos y me dijo, el deporte o yo. Me quedé con mi mujer y ahora ella me dice que estoy gordo. Yo le digo tu me dijiste nada de deportes".

Ahora cuando escucho la expresión "porteros del Este" ya no pienso en Dassaev 

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