jcuartero no está disponible |
![]() |
|
|
Se muestran los artículos pertenecientes al tema resto del mundo. Hergé a finales de los Cincuenta comenzó a ir al psicólogo, estaba sumido en plena crisis personal y artística. El creador de Tintin tenía innumerables pesadillas en las que las grandes superficies blancas le asfixiaban y le producían una angustia difícil de soportar. Su psicólogo interpretaba que se debían al exigente ritmo de trabajo, le aconsejó que abandonase la profesión. Hergé no le hizo caso y publico Tintin en el Tibet, en el que las grandes superficies blancas están omnipresentes. Durante mi primera tanda de vacaciones he soñado tres veces con artículos para el blog, un psicólogo quizá me hubiese sugerido que me tomase un descanso creativo, así que sin estar en ningún tipo de crisis he decidido mantenerme inactivo por un mes. El descanso ha dejado en el limbo una serie de post que jamás existirán, pero de los que voy a hacer un breve resumen "Lituania, Lituania es..." Fui a la Expo en la primera semana de funcionamiento, no vi demasiado que me entusiasmase, pero me pareció destacable los niños chipiados que salían del pabellón de Lituania cantando "Lituania, Lituania, Lituania es cojonuda, como Lituania no hay ninguna". En el interior del pabellón el baloncesto comparte protagonismo con el agua, se pueden apreciar una copa de la Euroliga y otra de la ULEB de equipos lituanos y el trofeo de MVP de Jasikevicius de una Final Four. Lo mejor de la Expo colarse en el acuario fluvial con el carrito de Marina y saltarnos dos horas de fila. "La crisis económica" En una comida expuse la situación calamitosa, desde el punto de vista económico, que atraviesa el Ayuntamiento de Zaragoza con una deuda de 43 millones de €, uno de los asistentes me dijo que tampoco eran tantos que esa semana había un bote de 59 millones en el Euromillón. Me imaginé a los concejales eligiendo cinco números y dos estrellas. Con suerte salimos de la crisis. "Memorias de África", la aventura africana de José Martínez, ex-jugador del Real Zaragoza que ha estado un año como seleccionador nacional del equipo de fútbol de Gambia. Lo cesaron el 30 de Abril "Uno de los peores trabajos del mundo", el que tenía que soportar una chica en el stand de venta de entradas de la Expo que se había instalado en la Estación del Norte de Valencia. Con lo mal pagados que están los trabajos de las empresas de servicios, ser el objeto de miradas afiladas durante diez horas diarias no tiene precio. "Vacaciones en la Plaza Roma", la presencia nocturna de un musulmán subsahariano que va a rezar a la glorieta central de la Plaza Roma, que parece un oasis, con lago y césped, rodeado de asfalto. Enfundado con un sayo largo y tocado con un gorro de punto, pese a las altas temperaturas, se orienta a la Meca y comienza su ritual religioso. "Lesiones" Mi abuelo ha pasado unos días en el Hospital, su compañero de habitación era un portugués al que tuvieron que operar de urgencia una apendicitis. Resulta que jugó como profesional en el Oporto (me temo que pocos partidos) y en otros equipos de la segunda división portuguesa. Hoy trabaja como especialista en la construcción. Se daba un aire a Luis Figo. Una apendicitis duelen más que los ligamentos #La imagen corresponde a la expedición de Scott al polo Sur He seguido pensando en el profesor de Latín que me advirtió sobre la mentira de la cultura y la poca felicidad que produce el conocimiento. Estos días he leído un libro de Raymond Quenau que se titula En los confines de las tinieblas se trata de un estudio de los locos literarios del S XIX francés. Me gustaba más el título original que había imaginado Quenau, Enciclopedia de las Ciencias Inexactas. Quenau analiza diversos personajes que se alejan de los cánones y procedimientos académicos de la cultura. Es interesante el ejemplo de descendiente de agricultores que invirtió su vida y su fortuna en demostrar que había descubierto la cuadratura del círculo. Parece el personaje de una novela de Baricco, pero es tan real como la imposibilidad del logro aritmético. Joseph Lacomme era un hombre que no aprendió a leer ni a escribir, bien por él. Tras su experiencia militar obligatoria con las tropas napoleónicas en España regresó a su pueblo natal, en el que se convirtió en tejedor, bien por él. Una tarde aciaga excavó un pozo, cuando lo terminó quiso saber con precisión cuántos bloques de piedra necesitaba para pavimentarlo. Preguntó a sus contactos letrados por la forma de averiguarlo. Le contestaron que nadie había sido capaz de hallar la relación exacta entre la circunferencia y el diámetro. No se rindió a las evidencias e intentó hallarla por su cuenta, mal por él. Vendió sus telares y sus propiedades. Noche y día se esforzaba en cálculos autodidactas. No sabía leer ni escribir, ni por supuesto tenía nociones de matemáticas. Su esfuerzo le llevó a encontrar su solución al problema. Debió convencer a unas cuantas personas, una de ellas escribió al dictado su reseña biográfica, y se fue a Toulousse para demostrar su hallazgo. Los académicos no le hicieron ni puto caso y se propuso alicatar una fuente circular con la cantidad de baldosas que había establecido según su fórmula. Una noche a escondidas se puso manos a la obra, pero la policía que suele ir en contra de la ciencia lo detuvo por destrozos patrimoniales. Fue el protagonista de hechos parecidos en Burdeos y París. No es fácil explicarlo pero al final de sus días obtuvo cierto reconocimiento, La Sociedad de las Ciencias y las Artes de París le otorgó una medalla y el folleto en el que detallaba sus operaciones se reimprimió unas quince veces, en él se aportaban documentos que lo certificaban como el cuadrador del círculo. Se murió con la gloria matemática pero pobre y solo como una rata, había vendido todas sus posesiones para su búsqueda del conocimiento. Por supuesto, sus cálculos eran erróneos. En 1892 Lindemann demostró que la cuadratura del círculo era imposible Hoy he vuelto a los cursos de preparación al parto. Otra embarazada se ha mareado, estaba sentada delante mío. Le han dicho que se tumbase sobre una colchoneta de las que utilizan para sus ejercicios de expulsivo. He estado a punto de levantarme para abanicarle, pero lo único que tenía a mano era el último libro de Manuel Vilas, España. Mientras me decidía, la matrona ha llegado con unos folletos más ligeros para proporcionarle el oxígeno suficiente. La literatura no está para darle aire a nadie Tras las respiraciones, que es el último de los rituales al que se me deja asisitir, he cruzado al bar de enfrente con la intención de seguir leyendo a Vilas. Me gusta el concepto de España S.L. Una sociedad limitada que no participa en bolsa. Reflexionaba en la barra del establecimiento cutre y el camarero ha subido el volumen de la televisión para escuchar la Ruleta de la Fortuna. España me recuerda al colegio de curas en el que estudié. Encarna los valores que no me interesan, los valores que están anclados en el pasado, en lo rancio, en lo antimoderno. Sin embargo es la educación que recibí y para bien o para mal se encuentra ahí. No se puede escapar de quien somos, que se lo pregunten a Robert Mitchum y a Tourneur en Retorno al Pasado. Debe ser que soy de ciudades y no de países, por cierto he adivinado los tres paneles del concurso de la televisión. El martes tuve que coger uno de los últimos trenes de alta velocidad a Barcelona antes de que llegase el AVE. Siempre me ha gustado ser de los últimos. Me suelo sentar en las últimas filas del autobús. Intento asistir a una sesión de los cines la víspera que los cierren. El catorce de marzo cerraron por reformas los Augusta, el día trece por la noche estaba viendo American Gangster al mismo tiempo que Víctor Fernández dejaba de ser entrenadoe del Zaragoza. La distancia entre dos puntos no se miden por los kilómetros que los separan, sino por el tiempo que se tarda en recorrerla. Los últimos Altaria eran una especie en extinción, pero con el AVE me hubiera ahorrado setenta minutos. Cada año que pasa siendo vecino de Las Delicias hace que aprecie más el barrio. El martes, antes de emprender viaje, bajé al buzón a recoger las cartas de amor eterno (a treinta años) que me manda La Caix. Dos mujeres negras tocaban el portero automático. Reconocí la voz de mi vecino Ángel a través del interfono. Una de las mujeres sin ningún acento delator preguntaba por los "gambianos". El bueno de Ángel no se dio cuneta por quien se interesaban. Contestó que no vivía nadie en la casa con ese apellido. La mujer no se dio por vencida y preguntó por los "morenos".´Ángel le indicó los portales donde residen subsaharianos. No distingue entre senegaleses y gambianos, yo tampoco. En Barcelona estoy alojado en un edificio de Óscar Tusquets, prefiero sus novelas aunque no he leído ninguna. Sus títulos son más ambiguos. En la exposición del CCCB veo fichas policiales del tardofranquismo, algunas por delitos como blasfemias, homosexualidad o adulterio. Me alegra que Clemente no haya aceptado las presiones de Teherán. En el Caixaforum veo otras dos exposiciones, la primera sobre los etruscos que me dejan frío como un anochecer junto a la playa. Quede tan lejos cuando estudiaba en la Universidad las diferentes culturas de la antigüedad. La segunda es sobre Chaplin. La gente anónima se ríe con una escena descartada de Luces de la ciudad. Resulta divertido el lenguaje inventado con el que Charlot hace pública su voz diez años depués de la irrupción del cine sonoro en Tiempos Modernos. El personaje se ve obligado a cantar una canción para mantener su trabajo. Chaplin también tuvo una última actuación muda, con su voz se extirpa la inocencia del audiovisual y de gran parte edl Siglo XX. Me gusta como Chaplin termina muchas de sus películas, caminando solo hacia el horizonte. La cámara es testigo de como se aleja. Vemos su espalda, su bombín y su bastón haciéndose cada vez más pequeños. Mañana cojo el AVE (98 minutos hasta Zaragoza). Desde la estación también se verán los vagones hacerse más pequeños hasta que desaparezcan por completo. Yo no viajo solo, ni el sol de los Monegros es en Blanco y Negro #La imagen corresponde a Chaplin jugando al Ajedrez con Douglas Fairbanks durante un descanso del rodaje de La Marca del Zorro La medicina está haciendo que me interese por la poesía de Machado más que cualquier Consejería de Cultura regional. Al final de la semana pasada estuve con Silvia en el Congreso de La Sociedad Española de Nutrición. Se celebraba en Segovia. Las mañanas castellanas eran heladoras. El frío se cuela por las orejas y convierte a los bolsillos en el mejor invento de un abrigo. El turismo de bufanda tiene recompensa en vinos y sopa espesa. Con el vaho puedo hacer señales de humo a Silvia. Antonio Machado se fue de Soria a Baeza y de Baeza a Segovia (Frío-Calor-Frío). En Segovia vivía en la pensión de Luisa Torrego en la calle de los Desamparados, convertida hoy en la Casa-Museo de Antonio Machado. Las visitas son muy curiosas. Se contratan en una Librería de Viejo que se haya en un jardín junto a la entrada a la casa. El propio librero muestra las habitaciones del profesor de francés con ternura. Su faceta de dramaturgo, que es la que potenció en Segovia le intereresa menos. En la librería tenían la Primera Edición española de La cerilla Sueca de Chejov. Unas señoras participaban en un concurso de descubrir pistas por toda Segovia. Una pista se encontraba en la inscripción del busto que esculpió Barral como homenaje al poeta . El librero podía haber participado en el concurso. Sabe muchas de las respuestas, más de las que tienen las dos señoras. Machado pasaba mucho frío en la casa. Se compró una estufa que todavía se conserva en su habitación, que parece que esté siendo todavía habitada. Unamuno fue a visitarle varias veces y no se despegaba de la estufa. Mi entrada del Museo tiene el número 7676. Reproduce un texto de Pilar de Valderrama en su libro de memorias Si, soy Guiomar. Al salir de la casa alzo la vista y veo una silueta de cartón de Antonio Machado asomarse a la ventana. Un fantasma como los de las películas produciendo vaho y escribiendo poemas en los cristales. No sabe a quien dedicárselos a Leonor o a Guiomar. #La imagen representa a Antonio Machado escribiendo poemas de amor en los cristales de la ventana Me despierto en un Hotel de Soria. Silvia se ha bajado a sus charlas y tengo toda la mañana soleada para pasear por la ciudad. Me compro el Heraldo en una calle peatonal. Lo tienen detrás de los ejemplares del Diario Alba. Hay veces que los quiosqueros saben hacer unas metáforas difíciles de superar. De todo el periódico sólo me interesa una noticia, se ha muerto una de las dos supervivientes del Titanic. Ahora si que se va a hundir para siempre. Me meto en un bar que se encuentra donde Antonio Machado conoció a Leonor. El edificio de 1908 que albergaba la pensión de los padres de Leonor, en la esquina de la Calle Teatinos, ha desaparecido. Hoy se levanta una casa moderna que en sus bajos comerciales tiene un bar que se llama Tito. Me sorprende que lo regenten chinos modernos. si alguien se enamora de los hijos de los dueños realizará Haikus sorianos. Me pido un cortado, la camarera risueña y simpática intenta que lo acompañe con una tortilla de champiñones "muy rica". Declino la oferta y me pongo a leer varias páginas del excitante libro de Aloma. Entra un señor mayor con la movilidad reducida que necesita un tacataca para desplazarse, tampoco le apetece la tortilla de champiñones. La mañana ha adquirido un marcado tono oriental. Las hojas otoñales me hacen pensar en Japón. Recuerdo que ayer por la noche Silvia llevaba una camisa japonesa y salgo a caminar Caminante no hay camino, se hace camino al... pensar #La imagen corresponde a la antigua pensión de los padres de Leonor. Calle Estudios, 7 esquina con la Calle Teatinos. Soria Nadie optimiza tan bien el espacio de los restaurantes como los franceses. La cacapacidad de acumular sillas y mesas en superficies reducidas es todo un arte que parece desafiar las leyes de la logística. Al principio me disgustaba este horror vacui, lo consideraba una invasión de la intimidad. Me molestaba el ruido de las cucharas soperas, las risas subidas de tono o los comentarios sobre los postres. Sin embargo he aprendido a valorar el encanto de las distancias cortas con desconocidos, sobre todo si son buenos conversadores. Me pasó en Nueva York donde comiendo en el Pastis conocí al productor de las películas de Parchís y me ha vuelto a pasar esta semana en París. Julio Ferrer es la persona que conozco que mejor se desenvuelve por París. Pocos días antes de marcharme me dio unas recomendaciones gastronómicas, entre ellas se encontraba el Chartier. Un restaurante cercano a los grandes bulevares proyectados por Haussmann y que guardan el ambiente del París de los años treinta. El salón estaba lleno a rebosar como aparece en una escena de Largo domingo de Noviazgo. El despliegue de mesas domina toda la superficie del restaurante, todos los recovecos aprovechables. Además las mesas son de cuatro comensales con lo que nos sentaron a Silvia y a mí con una pareja que rondaba los cincuenta, a la que saludamos en francés y les deseamos una buena comida. Nos pusimos a lo nuestro, a decidir qué comer y qué beber. La pareja nos escuchó hablar en español y nos preguntó con acento estadounidense de dónde éramos. Comenzó una conversación fluida entre los cuatro. Resultó ser un matrimonio encantador que vivía al norte del Estado de California. Ambos trabajaban en el mundo del derecho ambiental, sobre todo en temas de agua. Ella era abogada de una ONG y él era Catedrático de Derecho de la Universidad del Pacífico. Hablaban español perfectamente, casi mejor que nosotros, habían estado viviendo un año en Oaxaca. Eran una pareja atípica, vivían en la parte montañosa de California, Nos enseñaron unas fotos, almacenadas en la memoria de una PDA, en las que la nieve cubría la entrada de su casa, de su casa principal. Cuando se habla de California uno se imagina playas vigiladas y chicas rubias patinando con protectores. Él daba sus clases a trescientos y pico kilómetros,en Sacramento ,y durante su período lectivo vivía en una caravana. No me imagino a ningún catedrático de Derecho de la Universidad de Zaragoza durmiendo en una caravana estacionada en un jardín, con la exigüidad de una casa rodante en la que no deben caber ni tres tomos del Aranzadi . Me gustaba la forma que tenían de ver la vida. Se empeñaron en invitarnos a comer. Aceptamos con la condición de devolverles la invitación otra noche. Quedamos con ellos dos días más tarde bajo la Noria de la Place Concorde, nos recordaba vagamente a Tu y yo (An affair to remenber) , así que miramos al cruzar. Decidimos ir a comer Soufflés. No hay demasiados restaurantes que lo incluyan en su carta. Es un plato decadente que tiene el encanto de lo que se pasó de moda. Un soufflé es como las estatuas de los regímenes derrocados, se vienen abajo con poco esfuerzo. Si más americanos fuesen como ellos y más catedráticos de aquí viviesen en caravanas, nos reiríamos más y comeríamos más soufflés #La imagen corresponde a un cuadro de pintado por Paul Lauritz en 1920, que se parece mucho a la vista que tenían desde su casa en California El lunes por la tarde quedé con unos amigos para jugar al baloncesto en el Centro Deportivo Municipal La Granja. Alquilamos las pistas exteriores, nunca hemos sido unos aristócratas de pabellón. Somos los únicos que debemos alquilarlas. Hay una sola cancha y siempre la hemos tenido libre. Se puede decir que es como si fuese nuestra. Incluso hace un año protestamos por la falta de protecciones en los pies de la canasta. Llegaron a forrarla de una lona protectora que sirvió de poco. Cada vez acudimos un menos número de jugadores, no por falta de ganas, sino por lesiones. Queremos demostrarnos que no estamos tan mayores como aparentamos, luego pasa lo que pasa, y eso que calentamos. Tras acabar uno de los peores partidos que hemos jugado en mucho tiempo, se puede jugar mal sin necesidad de utilizar el rombo, nos tomamos unas cervezas. Somos de la vieja escuela, de la que no cree en los efectos beneficiosos del Aqyuarius. Hablamos de la final de las Olimpiadas de Munich en 1972. Ninguno de nosotros había nacido, Yo tenía menos tres años, pero la considerábamos como el final y la final más espectacular de la Historia del Baloncesto. Lo políticamente correcto especifica que el deporte y la política no deberían juntarse nunca y quizá sea así, pero cuando se mezclan es fascinante. A quién no le hubiese gistado jugar en el equipo de los aliados en Evasión o victoria . Un ejemplo que es todavía más cinematográfico que la película de John Huston es la final de Baloncesto de Munich 72, aunque este es real. Relataría lo ocurrido pero mejor voy a reproducir las palabras de Edwin Kako Vázquez que tiene un fascinate blog titulado El Historiador deportivo. Munich 72 será siempre bien recordada por el escándalo que se escenificó en la gran final de baloncesto entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Era una sorpresa que los soviéticos dominaran el marcador durante todo el encuentro, por 6 puntos en la primera parte (21-26) y por 8 cuando faltaban más de 6 minutos para terminar el encuentro. Uffff, entonces vino la reacción de los estadounidenses que pusieron en la delantera por primera vez en el marcador faltando 3 segundos de juego. Doug Collins interceptó un pase del gigante Aleksandar Belov y recibió falta de Sakandelidze colando los dos tantos para irse Estados Unidos (50-49). Los soviéticos pusieron el balón en juego, pero éste se detuvo dos segundos después, hay que recordar que sólo quedaba ya un segundo y a instancias del dirigente de la URSS Vladimir Kondrashin, quien reclamaba que había solicitado un tiempo muerto tras el primer tiro libre de Collins y no después del segundo, que fue cuando sonó la bocina, cuando ya no podía hacerlo. Tanto los árbitros, el brasileño Righetto y el búlgaro Arabadjan, como el comisario de mesa, el francés Chopard, eran de opinión de que sólo debía jugarse un segundo. Efectivamente, sacaron los soviéticos, se perdió el balón fuera de la banda y los estadounidenses, al oir la bocina que ellos creían que era la del final del partido cuando en realidad estaba advirtiendo que el juego se había detenido, empezaron a celebrar su nueva conquista de la medalla de oro. Pero estaban en un error, un error histórico. El británico William R. Jones que era secretario general de la FIBA, donde mandaba con brazo de hierro, acudió hasta la mesa para intervenir personalmente y ordenar la repetición de los tres últimos segundos. Mientras Hank Iba, dirigente estadounidense y todos los jugadores seguían convencidos de que la victoria era suya por que los soviéticos no tenían tiempo de modificar el marcador. Kondrashin trajo a juego a Iván Edeshko, gran pasador, con la consigna de que al reanudarse el partido lanzara un pase largo hacia su compañero Aleksandar Belov, que se situó a unos cuantos metros de la canasta americana. Edeshko sacó fuerte el balón directamente a Belov, quien tuvo tiempo de recibir la pelota en el aire, picarla en el piso y, tras eludir el intento defensivo de los únicos jugadores estadounidenses que intentaron reaccionar, Forbes y Joyce, la dejó cómodamente en el aro. Era el 50 y 51 que sellaba la primera derrota olímpica del baloncesto estadounidense. Los americanos preeentaron una protesta oficial y para colmo de males, a Hank Iba le robaron 370 dólares del bolsillo mientras la firmaba. El partido había comenzado a las doce menos cuarto de la noche para que los Estados Unidos pudieran ver el juego por sus televisores. El comité de apelación rechazó la protesta estadounidense y dijo que el resultado era válido. De los cinco componentes votaron a favor de Estados Unidos, un italiano, un puertorriqueño, en contra, un polaco, un cubano y el presidente del comité hungaro Sepp. El hecho de que los tres votos que dieron por buena la victoria soviética fueran los otros tantos ciudadanos del bloque comunista contribuyó exacerbar los entimientos nacionales tanto de los aficionados como de los miembros del equipo de Estados Unidos. El camino de regreso no es igual que el de partida. El jet lag tendría que estar prohibido, no pude engañar a mi organismo ni con los relojes de imitación que se atrasaban. Lo que más me ha sorprendido del viaje a Oriente ha sido que no hubiese oído hablar en mi vida de la ciudad más poblada del planeta. Chongqing (fonéticamente chonchín) tiene 31 millones de habitantes según las fuentes oficiales chinas. Vivimos en una sociedad urbana que adora los superlativos y sin embargo Chonquing se oculta bajo la bruma de las tres gargantas para gran parte del mundo no oriental. Chongqing es cincuenta y pico veces Zaragoza y tiene pocas bicicletas por que su geografía tiene muchas cuestas. Nuestras ciudades son pueblos si los comparamos con las megalópolis asiáticas. Pasear por el Bund de Shanghai, por el Paseo de las estrellas de Hong kong o por Kabuki-cho en Tokio es pasear por Blade Runner con replicantes de ojos rasgados. Hace años, cuando era profesor de español en el CODEF tenía un alumno chino, Li Yin, que decía que Zaragoza era una ciudad pequeña. Tenía razón, yo no le hacía caso. Sabía que Zaragoza era pequeña si se la comparaba con Londres, con París o con Barcelona; pero es que eran capitales mundiales. En China cualquier ciudad desconocida tiene siete millones de habitantes. Las dimensiones sobrecogen para aquellos que medimos las longitudes de las calles en relación con Independencia y pensamos que Valdespartera está lejos del centro. Fascina ver un edificio de setenta plantas de norman Foster a quince metros de un puesto callejero de peces de nombres impronunciables. Qué distintos somos #La imagen corresponde a los edificios del Barrio de Pu Dong en Shanghai, ciudad que se convertirá en la capital mundial del Siglo XXI Hace más de un mes encargué unos libros a Strand, la librería neoyorquina del 828 de Broadway, pensaba que no iban a llegar. Cuando realicé el pedido por la Cincomarzada tuve varios problemas con el formulario que debía cumplimentar. Seguí paso a paso todas las indicaciones que aparecían enla pantalla del ordenador. Rellené todas las casillas de mis datos personales y los relativos al modo de pago. Todo parecía correcto, así que apreté por última vez a "OK" para validar la operación. Entonces apareció un mensaje confirmación en el que mis datos eran Jesús Cuartero, Saragossa. No aparecía la calle en la que vivo, ni el código postal, ni tan siquiera el país al que pertenece Saragossa. Con la de Saragossas que hay por ahí. Hace poco leí que en Filipinas han encontrado casi veinte. Intenté modificar mmis datos y lo único que conseguí fue añadir mi código postal. Tuve que mandar un par de e-mails al servicio de clientes, que fueron rechazados. Un par de días después, cuando no sabía si había salido el pedido, me contestaron que ya habían recibido mi nueva dirección. Treintaytantos días después he recibido el paquete. Pensaba que no iba a llegar y me fastidiaba, no sólo por tirar a la basura mis euros convertidos en dólares, sino porque se perdían primeras ediciones que no sabía si iba a poder reencontrar. Me aterraba pensar que se quedase el paquete en una oficina postal, iluminada por la luz anémica de un fluorescente, mientras acumulaba polvo y el olor de la cara de la parte adhesiva de los sellos. Comprar tres libros es fácil, pero adquirir ediciones curiosas en Zaragoza es complicado. La primera edición de The rug merchant (El mercader de alfombras) de Philip Lopate es un libro precioso. Publicado por Viking en 1987 muestra bajo la sobre cubierta el relieve de una de las alfombras que vende Cyrus Irani en su tienda anacrónica. El lomo color marfil deja ver que los buenos libros libros se disfrutan dejando la sobrecubierta en otro sitio. Por otro lado me ha sorprendido que la primera edición de "The Brooklyn Follies" de Auster se trate de un ARC. Un ARC (Advance Reading Copy) es lo que se manda en EEUU a las tiendas, bibliotecas, , etc... antes de la publicación definitiva del libro para ver si lo quieren adquirir. Se hace sobretodo con los libros polémicos que pueden generar cierta controversia. A nosotros nos puede parecer tan normal (y tan sano) criticar a la administración Bush, pero allí es otra cosa. Recibir un ARC me ha sorprendido por el detalle que se trata de libros cuya venta está prohibida. Me gusta que haya americanos que no sean tan legales como los protagonistas de las películas. Esta mañana he llegado a mi oficina de Correos más chulo que un ocho. Al mostrar la notificación de entrega me han dado un paquetón enorme que pesaba 6,65 libras. Era el más grande de los que descansaban sobre las estanterías metálicas que pierden el gris día tras día. Para que luego digan que el saber no ocupa lugar El médico de Maradona dice que Diego se cree un Dios. No entiende la actitud del futbolista frente a su hepatitis y su adicción al alcohol. El hospital advierte del séquito de bacantes que acompañan al Pelusa. Maradona es un mito sedado que nos tiene en vilo. Cuando tenía once años pensaba que los futbolistas eran eternos, no sabía que se retiraban. Ayer buscando, en Internet, información sobre el Escoriaza me encontré con una página de poemas dedicados a Maradona. Aparecen más de 120 poesías dedicadas a Diego. De todas las que leí me quedo con la de Benedetti, aunque no sé si sigue vigente. Hoy tu tiempo es real, nadie lo inventa. Otro ídolo Joshua Bell, el mejor violinista del mundo, ha probado en sus propias carnes lo que significa vivir en la torre de cristal del mundo de la alta cultura. Tocó de incógnito en el Metro de Washington y sólo obtuvo unas pocas monedas de la gente que pasaba sin detenerse a escuchar su música. Fuera del sistema establecido su música no valía más que la podría tocar cualquiera con una flauta hönner. Bell acostumbra a llenar todos los auditorios del mundo donde actúa y a cosechar las mejores críticas del público y de la prensa especializada. En el metro frente a personas de verdad, personas que tienen hipotecas y que madrugar para ir a su trabajo, los acordes de su Stradivarius valen lo mismo que las portadas de la prensa gratuita. La historia de Joshua Bell me recuerda al libretto de la ópera Los hijos de Rosenthal. El libretto es de Vladimir Sorokin y trata sobre la clonación de Verdi, Tchaikovski, Wagner, Mussorgski y Mozart en la Rusia soviética. Con la caída del régimen el programa de clonaciones se termina y los cinco genios se ven abocados a tocar en la calle. La gente actúa como con Bell, pasan inadvertidos. ¿Qué es lo que hace que las manifestaciones artísticas tengan éxito o no? Yo no tengo ni idea, Esta Semana Santa he tenido muy presente la participación de Teruel en la Historia del Cine. Varias conversaciones en las que aparecieron Segundo de Chomón, Buñuel y su hijo Juan Luis que rompía la hora . El Jueves Santo y el Viernes Santo es imposible no hablar de Buñuel. Es una tradición más arraigada que la de las procesiones, se puede hablar del Ángel Exterminador y de Simón del desierto aunque llueva a mares o el Ebro tenga olas que amenacen los garajes y bajos de los ascensores. Más extraño me ha resultado encontrarme a Teruel en la campaña promocional del canal de Cine TNT de Digital+. Casi todo el día aparece un hombre-anuncio con un megáfono hablando de sus próximas emisiones regulares. Tienen dos o tres spots diferentes, en uno de ellos el hombre-anuncio (que no se queda afónico pese a las quince horas diarias que se pasa gritando) no da una regla nemotécnica para que no se nos olvide en nuevo canal. T de Tenerife, N de Navarra y T de Teruel. No tengo ni idea si los publicistas han estado alguna vez en Teruel, pero seguro que hablaron de Buñuel esta Semana Santa. #La imagen se trata de Luis Buñuel, junto a unos amigos, disfrazado de monja Hacía muchos años que no dejaba escapar una lágrima con una obra de ficción. No soy una persona que se emocione con facilidad con los finales amargos provocados por una tuberculosis o por los amores rotos al atardecer. Conforme se acercaba el final de Historias de Pekín de David Kidd la tristeza parecía invadir todos los lugares en los que estaba. La descripción que Kidd hace de China, como testigo privilegiado de un universo que se extinguía como un incendio al que le falta oxígeno, está llena de una nostalgia pegadiza. La tristeza se cimentaba en la pérdida de un mundo. En la lucha por seguir viviendo, pese a saber que sus días estaban contados, en una sociedad que se desangraba . Tuve que irme de una cafetería cuando me faltaban quince páginas para acabar el libro. No quería que una lágrima callese al café que me tomaba en la barra. La música era triste. Las conversaciones, que se ahogaban con el vapor de la cafetera, sonaban tan melancólicas como un fado en una mañana de lluvia. LLegué a casa y terminé el libro. Hice bien en marcharme de la cafetería. A la media hora me puse a hacer la comida, unas alcachofas, mientras hervían recordé las otras tres ocasiones en que había llorado por obras de ficción La primera vez que lloré fueron unas navidades con ¡Qué bello es vivir! El malvado Potter, actuando como sólo los constructores profesionales saben hacer, había convertido Bedford Falls en Potterville y James Stewart estaba viviendo la peor pesadilla que se podía imaginar observando a su mujer convertida en una bibliotecaria solterona. La segunda fue la traición del cerdo Napoleón en Rebelión en la granja. Pobre caballo Boxer. Todos los animales son iguales, pero unos lo son más que otros. La tercera fue una canción argentina interpretada por Mauricio Aznar en la Biblioteca de Aragón. Iba sobre un hombre entrado en años que muere y sus hijos con el tema de la herencia destruyen todo lo que él había soñado. Las cuerdas de la guitarra de Mauricio me desgarraban con cada acorde, todavía recuerdo su voz teñida de decepción Las tres se remontaban a la época en la que era un adolescente con las hormonas como el Etna, quizá me hago mayor y me pasa lo mismo. #La imagen pertenece a dos Ricksaws, que tanto aparecen en la obra de Kidd Con el tema del casamiento no tengo tiempo de nada. Los días parecen que tienen diecinueve horas y encima el cambio de horario veraniego nos escatima una más. Todo se mueve a una velocidad difícil de controlar. La actualidad se ha convertido en un murmullo lejano que se lleva el frío primaveral. Estos días, en los pocos descansos que he tenido, he estado reflexionando sobre dos anécdotas relacionadas con el pasado, la memoria y el olvido. La primera es una pincelada sacada de un libro de Julian Barnes. El escritor inglés cuenta el incendió que Huxley sufrió en su casa de Hollywood. En 1961 el fuego comenzó a devorar su hogar, las llamas destruían sus pertenencias. Tuvo tiempo para llevarse cosas de su casa y de todo lo que pudo salvar sólo se llevó un violín de su mujer y el manuscrito en el que estaba trabajando. Lo demás le daba igual. Los libros que había leído se convirtieron en cenizas que crepitaban en el interior del fuego. Las posesiones que había logrado acumular a lo largo de toda su vida se esfumaron como si lo hubiesen abandonado por otro coleccionista, pero a él le era indiferente haberse quedado sin recuerdos. Se autodenominaba el hombre sin pasado. La segunda anécdota está relacionada con el trabajo de Silvia. Un niño se pegó un golpe brutal en la cabeza jugando al baloncesto. El traumatismo fue tan fuerte que perdió la memoria casi por completo. Todos los datos que percibía se le olvidaban a los tres minutos. Era incapaz de retener nombres, la presencia de sus familiares asustados o la razón que lo había llevado al hospital. De lo único que se acordaba con nitidez era que tanto él como su padre eran hinchas del Athletic de Bilbao. Se pueden hacer muchos chistes de bilbaínos, qué si nacen donde qieren, qué si el mapamundi de Bilbao, qué si las setas y los Rolex; pero se le llenaba la boca del sabor de la victoria cada tres minutos, cuando demostraba que era del Athletic. Ese era su único pasado. El chico recuperó la memoria tras unas horas y por supuesto recobró su pasado. Me gusta mi presente y me gusta mi pasado, no podría vivir con un violín y las cenizas de mis cosas. #La imagen corresponde a los daños que causó un incendio en el faro de Wilsons promontory en 1951, diez años antes que el incendio de la casa de Huxley L.M. Ortego, detective del Patrimonio, el Sam Spade del Gótico aragonés rastrea todas las casa de subastas, a ambos lados del Atlántico, en búsqueda de tesoros emigrados. Tesoros de los que un día perdimos la contancia de su existencia y que los catálogos nos devuelven en forma de lote sobre el que pujar. Ortego me comenta que ha encontrado en Christie´s New York una fotografía que Cartier-Bresson tomo en Ariza en 1953. Una serie de tejados con las huellas evidentes del paso del tiempo sirven de decorado a dos niños que parecen sombras esquemáticas, que a su vez proyectan sombras sobre las calles sin asfaltar. La imagen me recuerda a las reconstrucciones de Çatal Höyük. Cartier Bresson es mi fotógrafo favorito. Sus retratos son para mí las imágenes oficiales de la cultura europea de los Cuarenta y Cincuenta. Camus resaltando sobre un fondo desenfocado. Matisse atendiendo a sus palomas. Duchamp fumándose un puro. Es difícil evocar a ciertos creadores y no visualizarlos a través del objetivo de la Leica de Cartier-Bresson. Por otro lado, la imagen del niño con cara de pillo que lleva dos botellones de vino tinto hizo que me apuntase a un curso de fotografía en Spectrum. Henri Cartier Bresson tiene el honor de haber recibido una exposición antológica póstuma en vida. El compromiso silencioso con la libertad le llevó a ser prisionero de los nazis y pertenecer a movimientos de la resistencia contra el invasor alemán. Fue uno de los fotógrafos que inmortalizó la liberación de parís. La ciudad ardiendo. Las promesas de días de Borgoña y Camembert sobre manteles de cuadros rojos. Toda su actividad durante el conflicto bélico llevó al MOMA a pensar que había fallecido en acción. El Mueso neoyorquino le quiso rendir homenaje con una restrospectiva. Cuando Cartier-bresson se enteró, viajó a Manhattan para supervisar su exposición póstuma. Fue como asistir a su propio entierro. Es en nueva York donde el 14 de febrero se subastará la fotografía de Ariza. Hoy en día Christie´s Nueva York se levanta decadente en la Rockefeller Plaza. Tiene el encanto de los dormitorios de maderas nobles. Las azafatas de la recepción sonrien como si fueran modelos y te regalan fotocopias con los números de los lotes. El septiembre pasado estuve a punto de asitir a una subasta de Botellas de Vino singulares, pero al final preferí ir con mis fotocopias de Burdeos míticos a visitar el vestuario de los Knicks y subirme a la báscula en la que pesaron a Mohammed Alí cuando ganó a Frazer el título de los pesados. Hace muchos años fui con Jesús Latorre a una conferencia sobre los manuscritos del Mar muerto en el salón de actos de la CAI en el Paseo de las Damas. La impartía el Padre O´Callaghan, con ese apellido sólo se puede ser dominico o jugador de balonmano. Resulta que O´Callaghan había descubierto entre los rollos de las congregaciones essenias unos documentos que harían mención a Cristo, cuya antigüedad superaba los dos mil años . La noticia parecía servida "El padre O´Callaghan encuentra la existencia de unos evangelios anteriores al nacimiento de Jesuscristo". O´callaghan comenzó a leer su densa intervención y a través de una intrincada argumentación de índole filológica, que poseía el oscurantismo de todo lo que rodea a las lenguas muertas, llegaba a la conclusión de que sus descubrimientos no se trataban de fragmentos de los evangelios. Reconozco que me aburrí muchísimo y que perdí el hilo de la charla. Algo parecido a lo que le ocurrió al dominico me ha sucedido esta semana. Recopilo postales antiguas de Zaragoza. Adquirirlas en la propia ciudad es carísimo, así que aprovecho mis viajes para ir aumentando mi colección. Una de las últimas que ha caído entre mis manos reproduce el Museo de zaragoza de la plaza de los Sitios, pero lo interesante es su contenido escrito. Me encanta leer la caligrafía de las primeras décadas del S.XX, elegante y formal. Ejercer un voyeurismo tipográfico que desgrana existencias apagadas ya hace años. La carta está fechada en Abril de 1922 y se menciona la novela "Valentina". al comprarla me di cuenta inmediatamente del hallazgo literario. Comencé a fabular sobre Ramón J. Sender, Pepe Garcés y la hija del notario de Tauste. Pensaba que tenía un tesoro con un sello matasellado hace más de ochenta años. Al llegar a casa y documentarme me enteré que Crónica del alba no se publicó hasta 1942. En 1922 Sender tenía 21 años, todavía quedaban las brasa de su amor por Valentina. Me había sucedido como al Padre O´Callaghan había descubierto una Valentina anterior a Valentina. Aquí transcribo el texto de la postal enviada a una tal Isabel Puig Barcelona Abril 6 -1922. Querida amiga Isabel. Como te ófrací buscar en la biblioteca nuestra el libro "Valentina" lo he encontrado y se lo enviaré, los dos tomitos. El que no he encontrado y estoy segura que no lo he leído es "Bajo las Arcas". Perdona el olvido y sabes que te quiere tu amiga que le manda recuerdos para todos. Esperanza. En la cara fotografíada añadía "Leluca, el sábado (D.M.) nos vamos a Areyns y como ama de casa tengo mucho que hacer, así que me es imposible ir a verles como es mi deber". la expresión ama de casa aparece subrayada. #La imagen es una ilustración del gran Cano sobre Valentina Hay días que son muy raros. Hay días que tienen una tónica dominante y que de repente cambian como por arte de magia. El lunes era un día de lo más acaramelado, todo dulzura. Había salido salido el sol mañanero de Calahorra y la gente sonreía por las calles. Los vendedores de castañas asadas saludaban a los niños. Contagiados del espíritu navideño, Silvia y yo, fuimos a comprar un árbol para colgar bolas doradas y rubíes. Una cinta burdeos que daba la vuelta al perímetro de las ramas. Elegimos en árbol más grande, dos metros diez centímetros. No descartamos cedérselo al CAI zaragoza a partir de Enero, lo único que como está fabricado en Vietnam ocupará puesto de no-comunitario. Volvimos a casa, colocamos con cuidado los adornos en lugares estratégicos para que se viesen mejor y decidimos bajar a comprar más ornamentos, que nuestro abeto no era lo suficientemente barroco. En ese momento el día tuvo un punto de inflexión. Tras comprar un reno colgante nos fuimos al cine. La temática de El Perfume chirriaba con el día almibarado que llevábamos, pero no hacía presagiar lo que verían nuestro ojos después. Al llegar a casa nos dieron una mala noticia por teléfono y por la noche iluminados con las luces del árbol navideño, cuando el cansancio del día comenzaba a vencencernos, nos pusimos a ver Documentos TV. Me encanta escuchar la banda sonora del programa antes de que Pedro Erquicia nos dé las buenas noches. El programa iba sobre el Sadomasoquismo en España. Resulta que la reina del sadomaso nacional es una señora de Ariño. Antonia Serrano o Dómina Zara, una turolense que ostenta el liderazgo de las amas dominantes del BDSM en el Estado español. Era desasosegante verla vestida con atuendos pseudomilitares del ejército prusiano, mientras sujetaba una fusta en la mano y daba clases a un ama "becaria", casi desnuda, a la que trataba de Vd. Le estaba enseñando a golpear a un señor encapuchado que disfrutaba cada golpe. Lo más extraño del todo es que Domina Zara todavía conserva el acento del Bajo Aragón. Nunca me había imaginado a una Venus de las pieles con acento del nuestro. Me recordó a otro vecino de la zona, Manuel Pizarro. Creo que en ese justo momento el día perdió todo su cariz navideño. Apagué las luces del árbol y me fui a la cama. #La imagen corresponde a un vivero de árboles de navidad en Carolina Esta semana es de las que tocaba estar en Calahorra. Al salir de casa de Silvia he levantado la vista hacia el cielo para ver la climatología que nos espera para el puente. Un sol débil se reflejaba en las ventanas del edificio de la otra acera. Las brigadas municipales de parques y jardines estaban instalando unas macetas con flores de color amarillo para decorar la ciudad con motivo de las fiestas navideñas. Todo ello provocaba una imagen placentera de una mañana de invierno; pero en ese momento he visto cuatro muñecos de Papa Noel en nuestro edificio. Cuatro muñecos que colgaban de unos balcones desangelados. ¡Qué feos que son! Parece que estén intentando suicidarse, tirarse por la ventana vestidos con ese pijama rojo y su saco relleno de papel de embalar par que abulte. A veces me apetece que la junta escolar del Hilarión Gimeno fuese el presidente de la comunidad, para suprimiese estos signos externos. P.D Hilarión gimeno se era un farmacéutico zaragozano del S.XIX, que tenía su rebotica en la confluencia entre Independencia y Cinco de Marzo. Le dieron un premio por su labor en la epidemia de cólera de 1885. El fin de semana, por casualidades varias, tuve que desarrollar el guión para un documental televisivo sobre la presencia del Grial en Aragón. Otro día daré más detalles al respecto. Lo más interesante del trabajo de investigación fue acercarme al mundo de las reliquias del pasado. el hecho más llamativo es la extraordinaria proliferación de estos objetos de culto. Me encontré con tantos clavos de Cristo como para crucifcar a una docena de Mesías y tantas astillas de la Veracruz, qué habría que reírse de la deforestación del Amazonas. Por continuar con el tema del overbooking de reliquias habría que reseñar que existen sesenta dedos de San Juan Bautista (qué tío más que Shiva), once de ellos índices. En Francia se han documentado más de quinientos dientes de Santa Apolonia. La cantidad de reliquias afecta hasta objetos delicadísimos como es el prepucio de Cristo; se conocen tres, uno en Amberes, otro en Hildesheim y un tercero en Santiago. Es muy curiosa la anécdota de la existencia de unos dientes venerados en la Catedral de Valencia. Su tamaño descomunal hizo que la religiosidad popular los creyese de San Cristóbal, santo cuya altura lo convertiría en un refuerzo de calidad para CAI Zaragoza; pero que con el tiempo resultaron ser piezas dentales de un saurópodo. Otras reliquias curiosas son el trozo de un dedo del espíritu santo. Las huellas de Cristo en una catacumba romana. La laringe de San Antonio en Padova y el rabo de la mula que transportó a Jesús en su llegada a Belén. El particular universo de la religiosidad popular es un saco sin fondo para descifrar el comportamiento humano, por otro lado proporciona tal cantidad de historias curiosas que bien merece profundizar en el tema. Dentro de unos días intentaré establecer el top ten de las reliquias zaragozanas. #La idea de asociar el Grial a esta imagen se la debo a A. Tausiet La semana pasada estuve en el rastrillo Aragón de la fundación Ozanam. Como todo los años aproveché para comprar libros de temática aragonesa. Son varias las instituciones públicas que colaboran con la cesión de parte de sus fondos catalográficos. Una vez hecha la selección de títulos que me iba a llevar a casa, entre los que destacaban la edición faccsimil del Madoz de la Provincia de Hueca y una primera edición española de la continuación de La Historia de San Michele del sueco Axel Munthe, daba la casualidad que me costaban 29€. Pagué 30€y la mujer que me atendió cogió una moneda de Euro. -Quédeselo, señora. Me da igual que no me lo devuelva-. La vendedora se empeño en que me llevase cuatro libros de la colección CAI 100 para redondear el precio de mis adquisiciones. Uno de esos cuatro libros es Roldán en Zaragoza (nada que ver con el ex-director de la Guardia Civil) de Carlos Alvar. En el se analiza por un lado el Poema épico, que transcurre en Zaragoza, en el que Roldán les da hasta en el Carné de Identidad a los malosos musulmanes que dirigían Medina Albaida, y todo por coquetear con Brasilimonda la mujer del Rey infiel, aunque para infiel la susodicha. Por otro lado Carlos Alvar desmenuza el otro gran poema épico en el que Roldán desempeña una función esencial: La chanson de Roldán. En la Chanson aparece un personaje peculiar de nombre poco afortunado, Chernublo de Monegros. Se trata del Rey Musulmán de los Monegros, quien sufre la misma suerte que los doce pares de Francia, es decir la palma. Cada vez que recuerdo el nombre de Chernublo lo asocio mentalmente al nuevo monarca del desierto monegrino que no es otro que el propietario del centro de ocio de Tardienta, con sus camellos, sus paseos en cosechadora y su infame pájaro Uyuyuy (verdadero Dragón a lo Mad Max que da más pena que el de San Jorge). Su palacio es un hotel-cueva con aire acondicionado de última generación. Los tiempos de Carolingios y Sarracenos pasaron a la Historia, pero el desierto siempre estará ahí impidiéndonos ver la cara oculta de la duna. La participación de Orwell en la Gerra Civil es de sobras conocida; pero lo que no está tan divulgado es que fuese su experiencia a las puertas de Huesca la que le inspirase el método de tortura que aparece en su celebérrima 1984. En el transcurso de las operaciones encaminadas a tomar Huesca, compartió experiencias durísimas de la vida cotidiana en el frente. El desasosiego de los ataques enemigos se mezclaba con el hambre y la podredumbre. Lo peor de cada uno afloraba entre los escombros de trincheras sucias por el barro. En la guerra se tienen muchos miedos, el terror conradiano se apodera sin querer de los combatientes y desata fobias. Orwell no pudo tomar café en Huesca, ni probar el pastel ruso de Ascaso; pero desarrolló un asco incontrolable hacia las ratas, esas ratas que al anochecer buscaban roer el idealismo hecho jirones de quien como Orwell creía en la Revolución. Entre sus varios escritos sobre su estancia en tierras oscenses dejó escrito lo siguiente sobre las ratas: "Las que había en La Granja misma realmente eran grandes como gatos, enormes bestias hinchadas que se tambaleaban sobre lechos de excrementos, demasiado audaces como para huir a menos que se disparara contra ellas." "Y entonces, a la noche siguiente, la espera en Torre Fabián para iniciar un ataque que fue suspendido en el último momento vía telégrafo. En el suelo del granero donde aguardábamos, una delgada capa de granzas cubría gran cantidad de huesos humanos y vacunos mezclados, y todo el lugar estaba invadido por las ratas. Las monstruosas bestias surgían a raudales por todas partes. Si hay algo que odio es una rata corriendo sobre mi en la oscuridad. Aquella noche tuve la satisfacción de darle a una de ellas un buen puñetazo que la mandó volando por el aire." Orwell fue herido en la mano y pasó su convalecencia entre los hospitales de Monflorite y Siétamo, que a la postre supuso su licenciamiento y su posterior estancia en Barcelona, donde asistió a los acontecimientos de 1937 entre comunistas-estalinistas y el POUM, que hicieron que se distanciase de las ideologías de corte totalitario, las ideologías del cerdo Napoleón y del Gran Hermano #La foto pertenece a Orwell y a otros intelectuales anglosajones cuando eran miembros del POUM Llevo unos días en que lo italiano está muy presente en mi vida. En la plaza San Pedro Nolasco hay aparcada una moto, con matrícula italiana, que tiene una pegatina que la denomina "La poderosa 3" convirtiéndose en heredera del vehículo con el que el Che Guevara inició una travesía sobre dos ruedas a lo largo y ancho del continente americano; aunque por el aspecto que luce la moticicleta de la plaza, hoy en día no llegaría ni a la soledad inmensa del desierto de los Monegros. Silvia va el fin de semana a Roma a pasearse por el Trastévere y mirar, desde los puentes de piedra, la ísola Tiberina. Me ha preguntado que me trae y le he pedido una botella de Aperol para hacer Spritz. Desde el verano pasado llevo buscando Aperol sin resultado. Es maravilloso sentarse con una copa de Spritz, a las siete de la tarde, en una terraza con sillas metálicas sobre suelo empedrado y mirar unos palacios barrocos bañados por el último sol del día. Y dedicarse al "dolce fare niente". A leer un periódico deportivo de hojas rosáceas de dimensiones más grandes que el antiguo Heraldo, mirar a las chicas de piernas largas que llevan unas gafas de sol que les tapan la cara entera, pensar en la salsa que acompañará a la pasta de la cena; y sobre todo escuchar la voz de Silvia. En Zaragoza no es lo mismo, pese a que tengamos un trozo de Italia en la ciudad (por fortuna ese espacio ya no es de Berlusconi). Beber Spritz a los pies de la torre de San Antonio no tiene encanto, aunque se divise el remate de una cúpula neoclásica. Por último, esta semana, la ciudad está llena de italianos. Ayer vinieron unos cuantos a visitar el Museo, dos de ellos se fijaron en el folleto de la exposición de Marco Polo que se celebra en la Lonja. Me preguntaron de que iba la muestra y dónde se podía visitar. Se lo explique con bastantes detalles. No les quedaba ninguna duda, pero había dos argentinas viendo el museo; así que se acercaron a ellas. Les preguntaron si sabían dónde estaba la Lonja y si querían acompañarles. Las argentinas aceptaron con acento porteño y se fueron juntos los cuatro lanzándose miradas complices. Yo de mayor quiero ser italiano para beber Spritz e ir a la Lonja #La foto pertenece a la piazza delle erbe en Padova. Sin duda el mejor Spritz del mundo se toma contemplando estos porches |