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Se muestran los artículos pertenecientes al tema relatillos. No estaba invitado a la inauguración de la Expo, como el 98% de la gente que conozco, así que me perdí el acto institucional que daba comienzo a la muestra. El Ebro con su crecida quiso hacer partícipes a los zaragozanos de la Gran Fiesta del Agua. Todos los que quisimos contemplar los fuegos artificiales pudimos hacerlo desde los nuevos terrenos ganados al vacío, al vasto territorio desconocido de las afueras de la ciudad. Cuando estudiaba Geografía en la Universidad se encontraba muy en boga la Geografía de la Percepción de Kevin Lynch, que se interesaba más en la geografía interiorizada por los habitantes de una ciudad que por los mapas a escala. Lo importante es el mapa mental que tenemos en la cabeza y no los metros que separan dos hitos urbanísticos. Esa misma tarde paseando por la puerta del Hotel Meliá (aunque para todos es el hotel corona, habría que inventar una Toponimia de la Percepción) los coches oficiales ocupaban las aceras destinadas al aparcamiento temporal en Cesaraugusto. Unos señores fumaban junto a las jardineras de la entrada, estaban comentando que el coche oscuro era el del presidente de Andorra. Cuando era pequeño fuimos a Andorra a compar un radio-cassette nuevo para un opel Senator. Intenté asomarme por la ventanilla para ver como era el radio-cassette, pero las lunas tintadas me dejaron con las ganas. Por la noche mientras Monserrat Martí interpretaba el himno de la Expo nos apresurábamos a comernos unas tapas en un bar del Paseo Calanda. Yo metía prisa al personal para ver los fuegos en el entorno dela Estación Delicias -Come y Bebe-. No sabía que los reyes habían retrasado el programa de la inauguración. Llegamos a las once y cinco a una explanada en construcción, que todavía lucía las cintas de plástico que advierten que está prohibido pasar. El tiempo fluía lento y la temperatura descendía. Marina se puso a refunfuñar, a una niña de mes y medio le dan igual los fuegos artificiales, los Reyes de España, el Presidente de Andorra y Fluvi, bueno Fluvi no tanto que tiene dos chupetes de la mascota. Comenzaba a hacer frío de verdad. Vi una estructura de cristal que parecía una parada de autobús cerrada o la estructura de un bar- terraza a medio construir. Nos saltamos otra cinta de prohibido el paso y nos refugiamos en su interior. La escena me recordó al Portal y la estrella de Belén, que no era otra cosa que un cometa. Minutos más tarde se acercó hasta nosotros un guardia de seguridad ecuatoriano o quizá peruano, que al vernos con una niña pequeña nos permitió quedarnos en el interior acristalado. Las estrellas de Berthonneau iluminaban el cielo. Marina las miraba, con ojos como platos, sin enterarse de lo que estaba viendo y yo pensaba que música escucharía el Presidente de Andorra cuando volviese en el coche hacia su hotel ............................................................................................ En el artículo del New York Times sobre la Expo definen botijo como Spanish terracotta drinking bottle #La estupenda foto es de Javier Burbano El jueves por la tarde llegaba con retraso a trabajar, así que tuve que coger el 22. Soy bastante reacio a montarme en los autobuses. Prefiero caminar, pero si quería fichar a tiempo debía convertirme en el “hijo del cierzo”. La tarde comenzaba a volverse desagradable. El viento tiranizaba la sensación térmica y varias gotas de lluvia obligaban a despertarse de la siesta a unos limpiaparabrisas de secano todavía con agujetas provocadas por el cambio climático. No era la única persona que se encomendaba a TUZSA para refugiarse de la lluvia. El autobús estaba lleno, incluso las personas que se habían subido en la parada anterior no habían pasado su tarjeta-bus. Me iba a subir el tercero de un buen grupo de tíos que también llegaba tarde. En el interior una mujer proveniente de la parada anterior, García Sánchez, no tenía suelto e iba a pagar con un billete de 20 €. Lo depositó sobre el pequeño mostrador donde los chóferes tienen preparadas las vueltas de un euro y dos euros. El conductor se afanaba en contar 19 euros y pico en monedas para devolverle a la mujer, cuando abrió la puerta. El billete salió volando, paso junto a una señora, junto a un señor que llevaba una revista de coches clásicos y a escasos tres centímetros de mi pecho. Se perdió, secuestrado por el cierzo, dando vueltas sobre su propio eje económico. En ese momento la señora y el conductor se enfrascaron en una discusión al más puro estilo don Errequerre de Paco Martínez Soria - Le he dado el billete- - No señora. Ni siquiera lo he tocado. Lo ha dejado aquí y ha salido volando- -Pero si estaba preparando los cambios- -Si no se los he dado. Si quiere le puedo invitar al viaje por la pérdida, pero…- La salida se demoraba. Una viajera tomó partido por la mujer y comenzó a meterse con el conductor. Como el autobús no arrancaba, uno de los hombres que todavía no se había montado se lanzó a la búsqueda de los 20€ por el corazón de la plaza Roma. Tuvo que llegar casi hasta la fuente central. Regresó con el billete que se agitaba al viento como si estuviese temblando de miedo. Hizo entrega del mismo y la defensora de causas perdidas que la había tomado con el conductor pidió un aplauso para el rescatador anónimo. Nadie aplaudió. Quizá debiera viajar más en autobús. #Buscando imágenes de autobuses me he topado con el cartel de esta película holandesa, que parece Harry Potter y el autobús del Pozo de San Lázaro.No tiene que ver mucho con el tema, pero no he podido resistirme El viernes volví a trabajar después de un amplio permiso de paternidad. Al día siguiente pude constatar una verdad incontestable, trabajar es una mierda; aunque peor es no trabajar si se quiere hacerlo. Lo mejor de la reincorporación es el camino de casa al ayuntamiento. Después de cincuenta días la ciudad ha cambiado lo suficiente para que se dé cuenta alguien adormilado que camina al ritmo que le impone su IPOD. Como intuía la escasa felicidad que produce la vuelta al mundo de la Administración Pública, escuchaba para concienciarme al Leonard Cohen de los inicios, al Leonard Cohen anterior a su conversión al budismo. Todavía estaba en estado de choque por la apertura del comercio que vende libros usados y hologramas, cuando vi otra aventura empresarial que ha abierto sus puertas en la calle Tarragona, un concesionario de motos de gran cilindrada. Su escaparate ejerce sobre mí una atracción que no logro explicar. Una moto de Iron Maiden, que parece sacada de una película de Tim Burton, ocupa la parte central. Su chasis azul eléctrico se retuerce en formas fantasmales y el grosor de las ruedas traseras es más ancho de lo normal. No comprendo porqué me quedo mirando el vehículo. No me gustan las motos, ni tampoco siento aprecio por Iron Maiden. El sábado, al finalizar mi jornada laboral, pasé por la FNAC para comprarme unos cuadernos Moleskine y comenzar una segunda novela. Hace 55 día terminé la primera, aunque debo rescribir parte del epílogo porque está esta ambientado el día que comienza la Expo y hay una alusión al Real Zaragoza que con el descenso a segunda hay que modificar. Es una jugada considerable, ya estaba corregida, impresa y encuadernada; pero es que la literatura es un mundo extraño. Estaba en la caja de la FNAC con los Moleskine. Tenía delante dos personas, un chico y una chica. El chico compraba varios libros, casi demasiados. La chica esperaba impaciente su turno. Al chico le quedaban un par de ejemplares para terminar, cuando de repente la chica ha dejado sobre una estantería promocional el libro que se iba a comprar y ha salido a gran velocidad por la puerta más cercana a la calle Alfonso. Es como si hubiese tenido un presentimiento irracional que le ha obligado a huir de la FNAC. No he podido resistirme y he mirado el título abandonado a su suerte junto a las cajas, se trataba de “Biografía del hambre” de Amelie Nothomb. No lo he leído. Tras pagar he tratado de averiguar que iba a cenar. PD. El domingo camino del trabajo me he topado con la cabra de la legión en san Juan de los Panetes, que estaba dispuesta a comenzar su desfile militar. No sé interpretar los signos del destino #La imagen corresponde a un antiguo comercio en Cramlington Esta mañana he ido al edificio del Gobierno de Aragón de la Plaza San Pedro Nolasco. En los cristales de las puertas de entrada han colocado unos vinilos en los que prohiben el acceso a los perros, pero en vez de tratarse del icono habitual se ha sustituído un perro genérico por Milú tachado. Parece un anuncio del gobierno de Borduria en el que se busca vivo o muerto al perro de Tintín. El fin de semana ha sido catastrófico para los montañeros españoles en el Himalaya. Cada vez que escucho hablar de congelaciones alpinísticas me acuerdo del Primero de cuerda de Frisson Roché. Están abriendo una librería de viejo en la calle Escosura con la Plaza Roma. Por un momento me he sentido como en el París de las vanguardias, las librerías junto a los puticlubs.Todavía se encuentra en pleno montaje, pero en el escaparate hay un papel escrito a mano en el que se anuncia la línea editorial del comercio. Se podrán comprar toda clase de libros y de hologramas, lo segundo es desconcertante. Desde los cristales se asoma El asesino sin gajes, el retrato de Ionesco está pensando si comprarán antes su libro o los hologramas. Alivio doloroso, pero alivio al fin y al cabo. El descenso del domingo constató lo que sabíamos desde hacía ya demasiadas semanas, aunque no lo atrevíamos a reconocer. Hemos vivido/sufrido la lenta agonía de una enfermedad que tenía muy mala pinta desde que Garitano abandonó el barco tras el partido contra el Murcia. Al finalizar el partido no sentía tristeza, era alivio por la conclusión de una temporada que resume, para bien y para mal, la esencia de un club que es capaz de bajar a segunda el año que todos esperábamos jugar la Champions. Ser como somos no nos hace ni mejores ni peores, sólo nos hace ser aficionados del Zaragoza. Ayer volví a Zaragoza cuarenta días después. Llovía y el agua dificulultaba el acceso a la ciudad por los alrededores de las obras de la Expo. La lluvia remarcaba el sentimiento de fracaso deportivo que se encarnaba en el frío y la humedad. Después de descargar en casa el equipaje (y demás artilugios de bebé) para tres semanas fuimos al Centro Comercial Augusta para realizar la compra semanal. Llegamos a la hora de comer, así que antes de sumergirnos en el fabuloso mundo de los hipermercados decidimos entrar en el Wok de la planta baja. Unos chinos con el gorro de cocinero preparaban los platos sin mediar palabra. Al fondo, en la lejanía, una pantalla de plasma dejaba escapar las imágenes de un telediario al que le quedaban pocos minutos de emisión. Desde el domingo había intentado no leer la prensa, ni ver las noticias deportivas; pero al levantar la vista me topé con un resumen de los jugadores del Zaragoza llorando en el centro del campo del Ono Estadi. Seguí la conversación con Silvia mientras miraba de reojo al televisor. El reportaje sobre la catástrofe se alargaba, de manera que tuve que girar la cabeza para evitarlo. La giro y me encuentro con DP (Darren Phillip) el pivot del CAI. DP no llevaba puesta su cinta roja con cristales de Strass, pero iba vestido como cabe esperar de un americano que se gana la vida con el baloncesto. Sonreía y perecía feliz. Me pareció todo tan metafórico, el jugador alto, simpático, cercano, que come en los restaurantes de simples mortales y se toma dos latas de Sprite antes de ir a que le hagan un wok; sin embargo los jugadores del Zaragoza empequeñecidos en una pantalla colgada a cuatro metros del suelo, cabizbajos bajo la lluvia mallorquina. La metáfora era tan evidente respecto al equipo de fútbol, que no me la creí. El próximo día que pase por la tienda de Gran Vía del Real Zaragoza le compraré a Marina un chupete con el escudo del león. Me va a ser difícil explicarle por qué su padre es del Zaragoza, pero cuando lo pregunte de aquí a unos años le responderé que cómo no se va a ser de un equipo que es capaz de bajar a segunda cuando todo el mundo apuesta por él para jugar la Champions y le contaré aunque sea difícil de creer que esa temporada lo único que sentí al terminar fue alivio, doloroso pero alivio. PD. Si queréis ligar en un restaurante asiático, id con un carrito de bebé. Cuando Silvia se levantó a que le hicieran un wok de brócoli y cangrejo, tres camareras chinas se acercaron a ver a Marina y me preguntaron cómo se llamaba. El nombre de Marina les sonaba a chino, o mejor dicho no les sonaba a chino y me pidieron que les aclarase si era niño o niña. Permanecieron mirándola e incluso tocándola hasta que volvió Silvia, momento en el que se dispersaron #La imagen me ha aparecido escribiendo en google imágenes, catástrofe futbolística Zaragoza es la única ciudad en el sistema solar en la que están ambientadas tres óperas y no posee un lugar digno para representarlas. También es el lugar sobre la faz de la tierras en el que florecen a la velocidad de la luz proyectos de construcción de un campo de fútbol con un número de estrellas cambiante, se pasa de las cinco estrellas de un hotel de lujo a las tres de un viejo refrigerador White Westinghouse con la misma facilidad que se hace zapping un domingo por la mañana. Si fuese concejal de urbanismo encargaría un nuevo concurso de ideas para la nueva Romareda en Mallorca y así salvarnos el día 18, y si fuese mandatario del Real Zaragoza iría encargando, por si acaso, un informe a los servicios jurídicos o lingüísticos del club sobre si bajar a segunda es un descenso o un simple cambio de categoría. De las tres óperas ambientadas en Zaragoza una es muy conocida Il Trovatore, otra la del libreto de Pérez Galdós es una incógnita. La tercera es una obra importante del dodecafonismo, se trata de Il Prigionero de Luigi Dallapiccola. El argumento narra la angustia de un preso en las mazmorras de la Inquisición al que su carcelero da esperanzas haciéndose pasar por un hermano, para al final estar esperándolo con sus instrumentos de tortura tras el túnel por donde le permite escapar. Espero que no se trate de una premonición sobre el futuro del equipo. Dallapiccola compuso una obra compleja sobre el sufrimiento de los presos de regímenes dictatoriales, comenzó el libretto poco después del fin de la II Guerra Mundial, como otros intelectuales de la época asoció a Hitler y Mussolini con Felipe II, quizá por eso sea una ópera poco conocida a este lado de los Pirineos. Nunca me ha caído bien Felipe II, su supuesta austeridad hizo que jamás me fiase de él (otro cantar son las alteraciones de 1591). Las conversaciones entre el prisionero y su carcelero son peculiares, las arias del prisionero son dodecafónicas, no muestran melodía ninguna se parecen al juego del Zaragoza. El carcelero canta con la métrica y liríca habitual, el carcelero es la muerte y el totalitarismo. El Zaragoza ha sido dodecafónico durante la práctica totalidad de la temporada. Su carcelero le espera al final del túnel, pero el inquisidor no sabe que para salvarse depende de sí mismo, aunque no abandone el dodecafonismo. Dallapiccola compuso una ópera basada en Vol de nuit (Vuelo Nocturno) de Saint-Exupèry. La imagen es del compositor Los pseudónimos son como un guante de terciopelo, tienen un tacto suave pero nunca llegan a ser tan cálidos como la yema de los dedos. Hugh Stowell Scott (1862-1903) era un miembro del despacho Henry Scott & Sons. Desempeñaba un trabajo administrativo con un encanto limitado que complementaba suscribiendo seguros de barcos en Lloyd´s. Le quedaban pocas horas diarías para escapar de su rutina burocrática. El tiempo que disponía lo dedicaba a escribir bajo el pseudónimo de Henry Seton Merriman. Sus novelas están repletas de esas aventuras y pasiones que no vivió en primera persona. Hoy en día es un autor olvidado como lo barcos hundidos que aseguró desde su mesa de nogal. Su firma no ha podido soportar el paso de los años y sus libros carentes de derechos de autor aparecen desprotegidos en los catálogos digitales. Una de sus novelas está situada en Zaragoza The velvet glove, el guante de terciopelo. Se trata de una historia ambientada en las conjuras carlistas a orillas del Ebro. Unos jesuitas que controlan un convento de monjas en Torrero idean un plan para hacerse con un botín de tres millones de pesetas para instaurar en el trono a Don Carlos. Aparecen los tópicos decimonónicos del héroe romántico cuya familia posee un palacio renacentista y del malvado notario, Evasio Mon, al servicio del clero. La geografía de la ciudad es ficticia, parece un laberinto de calles estrechas casi mágicas que resplandecen bajo las estrellas brillantes por el efecto de un cierzo purificador. Merriman vistió las casas y las iglesias de Zaragoza con su guante de terciopelo de tacto suave, pero proporcionaban menos calor que el original. No puedo distinguir a simple vista entre mormones y evangelistas. El miércoles vinieron al Museo siete americanos de la Iglesia "noséque" de Jesucristo. Los cinco chicos vestían gabardinas negras y llevaban unas placas identificativas con sus apellidos. Las chicas eran más simpáticas y sus faldas bajaban cuatro dedos de las rodillas. Debían haber residido por el Levante porque me mostraron sus carnés Jove de la Comunitat Valenciana. Los chicos y las chicas no se sentaron juntos durante la proyección, incluso modificaron la distribución de las banquetas para no compartir el mismo espacio físico. Me recordó a la separación de los bancos en las misas de los pueblos. Para pasar el rato convertí la fecha de mi nacimiento al calendario Hebreo. Nací el 27 de Nisam del 5735. De enlace en enlace llegué a una página web de cultura hebrea destinada a niños. Un club Megatrix de rabinos y candelabros de siete brazos. Aparecían diversas historietas de corte religioso, de hecho sólo había ese tipo de anécdotas. Me sorprendió que existiese una ambientada en Zaragoza. En la Zaragoza del S. XV, el Purim de Zaragoza. El Purim es una festividad que celebra la salvación del pueblo israelí de las poco favorables intenciones de Jerjes por intercesión de Dios en el 450 a.C. Lo que me atrae del Purim es que se permite a los adultos ponerse hasta las cejas de vino, después de leer el libro de Esther. Varias Aljamas tienen milagros similares entre ellas las de Zaragoza. Aquí se sustituye a Jerjes por Saragonssus, al que los exégetas identifican con Alfonso V, también aparece un malo malísimo que responde al nombre de Marcus. Parece ser seiscientos años después los judíos descendientes de Zaragoza todavía se reúnen el 17 de Svah para dar lectura a la historia de sus Purim y luego se ponen tibios de vino, quién sabe si con Cariñena, Borja o Calatayud. Pego aquí el texto en inglés del Purim de Zaragoza In Aragon (Spain) there once lived a mighty ruler. His power extended over many cities where many Jews lived happily under his fair reign. In Saragossa, the capital city, the large Jewish community took the opportunity of showing the king their appreciation. Whenever the king celebrated some special occasion with a royal parade which passed through the Jewish quarter, the leaders of the Jewish community would go forth to meet him, carrying the beautiful cases which housed their Sifrei Torah (Torah Scrolls). The actual Sifrei Torah they would leave behind in the synagogues. All this show of honor pleased the king mightily, and all would have been well had there not been a man in the king's court who hated the Jews and resented the king's friendly feelings towards them. This man's name was Marcus, and he looked for a way of putting the Jews in a bad light and at the same time, gaining favor for himself. When by chance Marcus learned that the Jews went to meet the king carrying empty cases, leaving the holy Sifrei Torah behind in the synagogues, he felt he had found the opportunity he was looking for, and told the king about it. The king, not a malicious but neither a very clever man, was easily convinced by the sly Marcus that the Jews meant to mock him by carrying empty cases when they went out to greet him at his parades. Seeing how angry he had managed to make the king against the Jews, Marcus quickly suggested that the king give an order to have all the Jews driven out of the land or killed. However angry the king was he had not intended doing anything so dreadful to the Jews by way of punishment, so he said: "I understand they have a powerful G-d. Would He not punish me for hurting His people?" "The Jews cannot expect mercy or consideration from their G-d. Since they live comfortably under your reign, they have drifted away from their religion and do not obey His commandments," said Marcus with conviction. "But if we send the Jews out of our land won't our country suffer? After all, they pay taxes and are useful citizens." "The Jews are really so scattered about the land that you wouldn't notice their absence very much," urged Marcus. "But is it fair to punish all the Jews? What about those who are innocent?" feebly protested the king. "Your Majesty should know that they are all the same. They all stick together in all they do, and so they are all equally to blame for the disrespect they have shown you. Besides, it is the heads of the community who come out to greet you in the procession, so surely there is no excuse for them," finished Marcus, with a smile on his face, feeling sure he had won the argument. "Look here Marcus, I am indeed very angry with the Jews and agree that they must be severely punished, if what you say is true. But I want to be fair to them, for they have so far always shown themselves to be loyal subjects. At the next parade, when the Jews come out to meet me, I'll have you riding by my side. I give you the authority to open their holy cases and, if they are found to be empty, you may carry out your plan against them. On the other hand, if what you say is untrue, then the punishment will be turned against yourself. Are you prepared to accept that? I do not intend to be made a fool of myself by anyone." Marcus, who was quite sure that he had the right information, readily agreed. He was already picturing himself riding beside the king, sitting beside the king, and being second to the king in everything. The night before the royal parade, the shamash (beadle) of the main Jewish congregation in Saragossa could not fall asleep. He was thinking about the king's visit to the Jewish quarter, and he was worried. He tossed and turned and was weighed down by a dreadful feeling that something terrible was threatening the Jewish community. He felt an urge to run out and warn the heads of the community, but thought that they would laugh at him, for everything was so nice and peaceful for them. Finally he fell into an uneasy sleep. He dreamt that an old, gray-bearded, stately man appeared before him, saying: "Arise! Waste no time. Danger threatens the Jews. Hurry to the synagogue and quickly put the Sifrei Torah inside their cases. But say not a word to anyone!" Before the shamash had a chance to say anything, the vision disappeared. He quickly awoke, trembling with fright. He pulled on some clothes and ran all the way to the Synagogue, stumbling in the dark. He was certain that the man in his dream must be none other than Elijah the Prophet, and that his dream was a serious warning which he must see to without delay. What the shamash did not know was that he was not the only one to whom the prophet had appeared. All the other Synagogue beadles in the city of Saragossa had the same dream that night. They had likewise hurried to their synagogues and secretly put the Sifrei Torah inside their cases, anxiously awaiting developments. The following morning, the sound of the trumpets was heard in the city, heralding the beginning of the royal parade. As always, the heads of the Jewish community went out to meet the king. As the royal carriage stopped for the king to receive the greetings of the heads of the Jewish community, Marcus, who was sitting by the side of the king said: "Your Majesty surely wishes to see what is inside these things that the Jews are carrying." "Of course. Open the cases!" ordered the king. The Jews were horrified at the unexpected request. What would the king say, or do? They had no choice but to obey, so, with sinking hearts they opened up the cases and, to their wonderment and relief beheld the Sifrei Torah inside, for all to see. The king seemed quite surprised. As for Marcus, the look of expectancy and triumph disappeared from his face, which had now turned pale with fright. He tried to speak, but no words came. Instead, the king burst upon him in rage. "Traitor! Deceiver! This time you have outsmarted yourself and you shall suffer the penalty of your own vicious scheme! Have him hanged immediately!" the king ordered, and the scheming Marcus received the end he so richly deserved. As for the Jews, the king declared publicly that he had every confidence in their loyalty. As a sign of his goodwill towards them, he ordered that they be freed from paying taxes for the next three years. When the Jews learned the full story of their narrow escape, their relief and joy can better be imagined than described. They all humbly thanked G-d for His benevolence towards them and resolved to serve Him with greater devotion in the future. They also decided to observe the 17th and 18th days of Shevat as days of prayer and joyous thanks to the Almighty, so that their children and future generations would remember the story of how they had been miraculously saved from destruction at the hands of a cruel enemy. This, then, is the story of the Purim of Saragossa. Hay personajes históricos que se conocen más por sus palabras que por lo que fueron o hicieron. Si saliésemos a los porches del Paseo Independencia a preguntar por Stanley , me imagino que además de hacer el ridículo no obtendríamos muchos datos sobre su vida. Si por el contrario preguntásemos por Livingstone varias personas nos contestarían "supongo". No nos aclararían nada sobre el explorador escocés, pero si que les sonaría el famoso ¿Livingstone Supongo?. Livingstone, I presume? Stanley pronunció estas palabras en octubre de 1871 cuando encontró a Livingstone desaparecido hacía cinco años en su empeño de encontrar las fuentes del Nilo. Dos años antes en Octubre de 1869 estaba apostado sobre un tejado zaragozano, como corresponsal del New York Herald , cubriendo la convulsa vida política española. Stanley mandó desde Zaragoza dos cartas a su editor, que se encuentran en la actualidad en el Museo de África Central de una pequeña localidad belga llamada Tevurven y que su mujer Dorothy Tennant empleó a la hora de escribir una biografía edulcorada de Stanley, en la que omitía muchos detalles interesantes como sus múltiples conquistas femeninas. En 1869 nos hallamos en pleno Sexenio Revolucionario , verdadero terror de los estudiantes de Historia (hay culebrones que resultan menos enrevesados que los sucesos políticos que van de la revolución de 1868 a la restauración Borbónica de 1874). El New york Herald envió a Stanley a Madrid. Pasó seis meses que le sirvieron para hablar castellano con fluidez y para realizar la crónica de levantamientos, alzamientos, pronunciamientos y demás "ientos" que caracterizaban la azarosa vida del Gobierno Provisional. Hoy nos resulta tan alejado que afortunadamente no nos sentimos nada identificados con ese período. Una tarde de octubre, mientras estaba pasando la tarde entre tascas y cafés, se enteró que cuatro batallones salían camino de Zaragoza para sofocar un revuelta de corte republicano. Sin pensárselo dos veces cogió un tren, el AVE de la época que tardaba nueve horas y media. de 8,30 de la tarde hasta las 6 de la mañana.. Llegó a una cuidad que todavía sumida en la oscuridad esperaba la represión de las tropas gubernamentales. Empleando las artes y las virtudes, si es que las tienen, de los periodistas consiguió el balcón de una casa próxima a la zona de enfrentamiento. Asistió como el espectador de una obra de teatro violenta a los movimientos bélicos con una mezcla de terror magnético y de repugnancia. Miedo y asco en batalla. La inseguridad le hizo parapetarse en un tejado que le proporcionó una vista aérea del conflicto un par de días. Como suele ocurrir, tras varios intentos los batallones entraron en el recinto urbanos y restablecieron lo que habían venido a defender. Ya da igual lo que fuese. No nos interesa, tampoco le interesaba a Stanley que sin embargo estuvo contemplando las estrellas una noche de otoñal desde el tejado de una casa de Zaragoza cercana al Ebro. No se imaginaba que dos años después iba a estar buscando las fuentes del Nilo, supongo El jueves anterior al Jueves Santo terminé de trabajar tan aprisa como pude. Al día siguiente tenía una fiesta de disfraces con motivo del estreno de LZ 127 . Debíamos ir caracterizados de los "Años 30".. Los chicos lo tenemos bastante fácil, un traje sobrio, chaleco o tirantes, zapatos de cordones y un bigote rancio parecido al de las películas de Alfredo Mayo. El único sombrero que he comprado en mi vida descansaba en la casa del pueblo de Jesús Obón, que se ha convertido en una especie de estudio cinematográfico amateur. tres o cuatro trajes de mi vestuario han corrido la misma suerte. El fondo de armario para la fiesta era limitado, así que decidí darme vidilla para hacerle una visita a la tienda de Paracelso antes de que cerrase. José tocaba una batería remendada, tenía su gracia. Le pedí sombreros -No sé si tengo muchos. Con los que he vendido. Alguno me queda, pero es de los caros, de los de Señor Bien- Buscamos en los armarios polvorientos de su almacen. Encontramos tocados femeninos de los 30 y de los 40, gorros militares de la época de Alfonso XIII, pero no sombreros de fieltro normales.. Me enseño luego los sombreros de prestigio un bombín de un señor con cabeza diminuta y una chistera guardada en caja. Estaba impecable, fabricada por Christie´s en el Londres de primeros de siglo XX. Me fui de la tienda sin sombreros pero con ocho novelas de Tarzán de finales de los "años 20" metidas en una bolsa de plástico cargada hasta los topes con títulos como "Tarzán, el gran jeque" o "Tarzán contra los pigmeos". Las primera ediciones en castellano publicadas por Gustavo Gili en Barcelona. las portadas son anaranjadas y conservan un estilo art-deco que perpetúa la imagen del buen salvaje. Me despedí de José y de su tucán de alabastro, verdadero icono de la Zaragoza en la que todo es posible. Me iba para casa y me encuentro con Julio Ferrer. Me dice que ha quedado en el Bonanza y que me deja un traje cojonudo para la fiesta del día siguiente. Los floreros de cerveza del Bonanza nos animan bastante. Julio regresa con el traje de su boda. Me obliga a cuidárselo bien aunque me lo trae sin percha ni bolsa. -Cuídamelo, que este traje es el de mi boda y el de mi entierro. El matrimonio y la muerte son dos cosas muy parecidas. Las dos comienzan por M, como mierda- Julio está divorciado. Cuando le invité a mi boda se negó en rotundo a asistir. Me dijo que vendría simplemente a esperarme con una moto, puesta en marcha, en la puerta de la iglesia por si me arrepentía, y que si lo hacía me llevaba a cenar a París sobre dos ruedas. Manolo el del Bonanza me dio una bolsa blanca de plástico para transportar el traje. Continuamos la noche de gin-tonics, yo iba con mis bolsas como un homeless.. Llegó un momento en que me entró la cordura y decidí retirarme. Por sorpresa, el resto del equipo optó por descansar ante el ritmo que íbamos a llevar el fin de semana, aunque Juan Anillo insistió en tomar la última en el bar de unos amigos suyos. les dije a J. Obón y J. Anillo que los acercaba en mi taxi, a Obón a su casa y a Anillo al bar de sus colegas, ambos lugares me caían de camino. No sé como , pero Juan Anillo convenció al taxista de que parase el taxímetro y nos dejase a quince metros del bar al que iba. Se trataba de un pub de ambiente para maduritos en el que sirven muy bien las copas y la música es decente. Allí estaba yo con mis ocho novelas de Tarzán y el traje de boda del señor Ferrer, si Edward Rice Burroughs levantase la cabeza Tras varias semanas he logrado descargar, en un programa de intercambio de archivos, una emisión de la televisión pública francesa sobre Je me souviens de Georges Perec . Durante varios años me quedaba dormido, arropado en mi edredón, escuchando una grabación en casette de esta emisión. Estudiaba francés y pensaba que oyéndolo entre sueños iba a ser capaz de desarrolar un acento prodigioso. Mi francés no mejoró demasiado pero cada día me gusta más Perec. La mayor parte de mis recuerdos son de Zaragoza La grabación corresponde a la interpretación del texto de Je me souviens por Sami Frey I Me acuerdo de los viejos autobuses de TUZSA, sólo tenían dos filas de asientos tristes II Me acuerdo de ir a comprar los domingos romos de la Liga de Fútbol. Nunca terminé un álbum. Hubo un año que sólo me falto uno, el de Maradona. III Me acuerdo de la primera película que fui a ver al cine. Me llevaron a ver Galáctica , en el Cine Palacio. Me llevó mi padre un festivo por la tarde. No me enteré de nada. IV Me acuerdo que como era un chico de ciudad, un chico de Zaragoza, no sabía montar en bicicleta. Tuve que aprender en el Paseo de los Bearneses del Parque Grande. V Me acuerdo de haber visto en Televisión El temible burlón con Burt Lancaster y Lenny Kravatz. De mayor quería ser pirata VI Me acuerdo de la antigua tienda de helados de los Italianos. No me gustaba tener que pagar en la caja antes de elegir los helados en cucurucho. Mi madre decía que los mejores eran lo de yema tostada. Yo como buen hijo no me lo creía y elegía los de vainilla. VII Recuerdo a Perico Fernández intentando vender sus cuadros en un programa de Televisión VIII Recuerdo el lema electoral del CDS.”Vota CDS. Vota libertad. Vota al centro Democrático y Social. Nunca he votado al CDS. IX Recuerdo que me compré en VIPS un libro de Fotografías de Henri Cartier Bresson. X Recuerdo los bocadillos de Pechuga, queso y huevo con salsa romesco del London y de los cafés insípidos de la máquina del segundo piso de la Facultad de Filosofía y letras. XI Me acuerdo de los taxis negros. Los cogía con mi madre cuando llegábamos tarde XII Me acuerdo de perder la piel de los dedos por no saber utilizar el Loctite XIII Me acuerdo el Gol de Nayim XIV Me acuerdo de la primera sonrisa que logré arrancar a una chica XV Me acuerdo de los Huesitos, Lacasitos, Conguitos y Caramelos Sugus. XVI Me acuerdo de los veranos en Salou y Cambrils. XVII Me acuerdo de un musícasete de Francesco di Nápoli que tenía un novio de mi madre en el coche. Mi hermana y yo nos pegamos un viaje por el Levante escuchando “Cantare Ooohh. Volare Ooohh” XVIII Me acuerdo que me daba miedo ir a Torrero porque estaban la cárcel y el cementerio. XIX Recuerdo a Mauricio Aznar interpretando canciones argentinas en la Biblioteca de Aragón. XX Recuerdo ver el estreno de Nunca digas nunca jamás en el cine Elíseos. Me gustaban los relojes de James Bond XXI Recuerdo que Silvia me regaló una pluma Montblanc. XXII Recuerdo lo grandes que eran las hojas del Heraldo de Aragón XXIII Recuerdo la primera vez que consulté el B.O.E. XXIV Recuerdo que intentaba ver las película pornográficas de Canal + los viernes por la noche. Me di cuenta de que tenía mucha imaginación XXV Recuerdo que una vez fui al festival de Cine de San Sebastián y le pedí un autógrafo a un Director Chino, del que se me ha olvidado su nombre. XXVI Recuerdo que leí La Familia de Pascual Duarte la víspera de un examen de Matemáticas. Saqué un uno XXVII Recuerdo que con los compañeros de trabajos siempre compramos la lotería de Navidad en la Administración del Rosario XXVIII Me acuerdo de dos personas que iban vestidas por la calle con gorras de capitán de barco XXIX Recuerdo que mi abuela se pedía un Bitter Kas cuando íbamos a los Espumosos. XXX Me acuerdo de jugar a Fútbol con mi hermana en el pasillo de casa XXXI Me acuerdo que a la Plaza Albert Sweitzer la llamábamos plaza Albert Swarzenegger XXXII Me acuerdo que Federico Luppi en una película decía, sólo hay dos tipos de hombre, los que quieren dinero y los que no saben lo que quieren XXXIII Me acuerdo de aprender a conducir en un 600 cerca del velódromo XXXIV Recuerdo que se puso de moda el Kárate. Llegué a cinturón amarillo y mi único amigo en clase era un testigo de Jehová XXXV Recuerdo el rastro de la Plaza de Toros. Cada vez que iba le preguntaba el precio a un señor que vendía cencerros, sin intención de comprar ninguno XXXVI XXXVII Recuerdo que en la Revolución Francesa cambiaron el nombre de los meses. A Noviembre lo llamaron Brumario XXXVIII Recuerdo una exposición de Yoko Ono en el Palacio de Sástago XXXIX Recuerdo la primera declinación del latín. Rosa-Rosae Rosa-Rosae Rosam-Rosas Rosae-Rosarum Rosae-Rosis Rosa-Rosis XL Recuerdo que los porches del Paseo Independencia son iguales que los de la Rue deRivoli XLI Recuerdo que tome conciencia de que me iba a casar con Silvia paseando por Central Park en Nueva York XLII Recuerdo comprar minerales los domingos por la mañana en la Plaza San Francisco. Los tenía almacenados en cajas pero con las etiquetas cambiadas. Hoy no sé distinguir más que la Pirita y el Yeso XLIII Me acuerdo de los libros negros de Cátedra XLIV Recuerdo que una docena de churros costaba cien pesetas XLV Recuerdo que mi padre decía que Bernard Hinault era el mejor ciclista del pelotón internacional. Pensaba que los Lagos de Enol se llamaban en realidad los Lagos de Hinault. XLVI Recuerdo muchos de los cines que ya no existen, el Iris, Argensola, Pax, Torrero, Venecia, París, Palacio, Gran Vía, etc... XLVII Recuerdo los bombones dela Caja Roja de Nestlé XLVIII Recuerdo la única camiseta que he tenido de un grupo musical. Era de Suede XLIX Recuerdo el olor a tierra quemada tras la lluvia L Me acuerdo del cuadro de Álvarez Dumont Defensa del Púlpito de San Agustín que estaba en un tramo de las escaleras del Museo Provincial LI Me acuerdo de los hermanos Tonetti LII Me acuerdo de los moldes de escayola de la primera casa que me compré LIII Me acuerdo de la bata blanca de un dentista amigo de mi abuela que tenía la consulta en la Avenida Madrid LIV Recuerdo la primera vez que oí la expresión niño de cristal, pensaba que se trataba de una escultura de vidrio LV Me acuerdo de El Hombre que jueves de Chesterton. Me lo compré un lunes y me lo leí un martes LVI Me acuerdo que teníamos un equipo de Fútbol 7 que se llamaba La familia Arnolfini. El único trofeo que ganamos fue uno a la deportividad LVII Recuerdo el sonido ortopédico de mi primer móvil LVIII Recuerdo la luz fría de los flexos LIX Recuerdo el día que nació mi hermana LX LXI Recuerdo el Panqueque de Fantoba LXII Recuerdo un indigente que tocaba una cacerola como si fuese un batería en el Paseo Independencia. Me dijeron que tenía el Síndrome de Diógenes. LXIII Me acuerdo de los Bonobuses. Coleccioné los del año 2000. Me faltaba el del mes de mayo y me lo encontré por la calle LXIV Recuerdo que tengo unas fotos vestido de Baturro. Aparezco triste, no me debía gustar el folclore. LXV Recuerdo el incendio de la discoteca Flyng. Teníamos un compañero de clase que siempre vestía de negro. Le decíamos que iba de luto por las víctimas. LXVI Recuerdo el vaho que salía de mi boca las mañanas de Enero LXVII Me acuerdo de los billetes de mil pesetas en los que salía Benito Pérez Galdós. LXVIII Me acuerdo del refrán “Que si fue que si vino, que si mangas de Lino” LXIX Recuerdo que cuando tenía seis años confundía a la mujer del portero de mi casa con la Reina de España. LXX Me acuerdo del Fantasma de los ojos azules LXXI LXXII Me acuerdo de los edificios con metralla de la Guerra de la Independencia en el Casco Histórico LXXIII Me acuerdo de las meriendas de bocadillos de chorizo de Pamplona. Pensaba que se hacían todos los embutidos en Navarra. LXXIV Me acuerdo del embarcadero del Parque de Atracciones y del Barco del Mississipi, que me hacía pensar en el barco de Fitzcarraldo. LXXV Recuerdo que vi ET en el cine Fleta antes de que estuviese en ruinas fantasmagóricas. LXXVI Me acuerdo de los programas deportivos de la radio los domingos de otoño por la tarde LXXVII Me acuerdo que en el parlamento francés hicieron un debate para decidir si Tintin era de derechas o de izquierdas LXXVIII Recuerdo que asistí a la conferencia que impartió un jesuita sobre los manuscritos del Mar Muerto. LXXIX Me acuerdo de la escalera mecánica del Sepu. LXXX Me acuerdo del telón que pintó Unceta para el teatro Principal LXXXI Recuerdo que una vez cogí un ascensor en Tiffanny´s en la Quinta Avenida LXXXII Recuerdo una oficina del Banco pastor en la Plaza Aragón. No podía entender un nombre tan poco apropiado para guardar mi dinero LXXXIII Me acuerdo del adoquinado de la Calle Don Jaime LXXXIV Me acuerdo que Sherlock Holmes vivía en el 221B de Baker Street. LXXXV Recuerdo que tenía un vídeo Beta que al final de sus días grababa sin sonido. LXXXVI Recuerdo que conduje un Talbot Horizon desde las Delicias hasta Bratislava. 5500 Kilómetros sin aire acondicionado en el verano más caluroso de la década de los noventa LXXXVII Me acuerdo del bigote de Charles Bronson, la mayoría de sus películas llevaban el adjetivo justiciero o el sustantivo justicia LXXXVIII Me acuerdo de la cena en la que conocí a Silvia. LXXXIX Me acuerdo de Maurice Lacroix, el hombre impuntual XC Me acuerdo de las naranjas sanguinas XCI Me acuerdo de los viajes a Andorra para comprar aparatos electrónicos. La gasolina era más cara que lo que te ahorrabas. XCII Me acuerdo de las doce campanadas de Nochevieja y de los cuatro cuartos que las preceden XCIII Me acuerdo del ascensor del Museo del Foro XCIV Me acuerdo que la nieve no cuaja casi nunca XCV Recuerdo que la palabra chabisque me hacía mucha gracia. XCV Me acuerdo de la canción de la Trinca que era una versión de los Sitios de Zaragoza XCVI Me acuerdo que Peter Pan tiene una escultura metálica en Hyde park en Londres XCVII Me acuerdo de las películas de Scorsese XCVIII Recuerdo la Calle Alfonso cuando no era peatonal XCIX Recuerdo que la Sissí auténtica era anoréxica y que Romy Scheneider era mucho más guapa que cualquier princesa de carne y hueso C Recuerdo los papeles de carboncillo para realizar copias. Se me manchaban los dedos de negro Me acuerdo de un despertar en Treguier, un pequeño pueblo de la Bretaña Francesa Todos los Segundo izquierda se parecen pero no son iguales. El aspecto exterior es similar. Una puerta de madera dentro de un marco barnizado, sin embargo tras la mirilla pueden esconderse mundos diversos, casi antagónicos. Llevaba años queriendo visitar el taller de Óscar Sanmartín. Sabía por Tausiet que se encontraba en la Calle Concepción, prácticamente puerta con puerta de la que fue su casa. Conocía el rellano por varias conversacionees. Sabía que en la puerta de la ex casa de Tausiet había un rótulo pegado que decía "Mounstruos no", en cierto modo es como los graffitti apotropaicos de la Pompeya prevesubiana, pero en vez de ahuyentar malos epirítus mantiene alejados a los vendedores de enciclopedias, agentes de Círculo de Lectores y testigos de Jehová que van vendiendo la salvación eterna los domingos a la hora del vermú. Hace dos semanas tuve la oportunidad de visitar el taller de Óscar Sanmartín. Un compañero de trabajo es amigo suyo. Concertó una visita a las nueve de la noche, que es una hora estupenda para ver arte. Los faros de los coches se alejaban entre la niebla y se respiraba el ambiente cargado de humedadlegamos a la calle Concepción. Usamos el portero automático. La voz de una señora de mediana edad pregunto quiénes éramos. Mi compañero de trabajo contesto que clientes, "clientes, clientes, llegan los clientes". Subimos en ascensor. Nos abrió la puerta una señora en bata de andar por casa de tono pastel con rulos en la cabeza. Evidentemente no era Óscar Sanmartín, ni v | ||||||||||||||||||||||||||