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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2006.
Esta mañana me he levantado con el tiempo justo para ir a trabajar, el viento madrugador hace poco agradable pasear por una ciudad que se despereza de los sueños de verano. Tenía que llevar un traje a la tintorería que se bamboleaba como una cometa en la plaza Roma. Al llegar a la calle Tarragona, me he encontrado con un chaval negrito, quizá gambiano como mis vecinos, que andaba cojeando; pero que cada vez que iba a adelantarlo aceleraba la marcha. No quería que le sobrepasase, con seguridad estaba inmerso en un juego infantil. Las aceras de la calle Terragona son estrechas, no habría más de quince centímetros de separación entre ambos. A cada paso, nuestro ritmo se aceleraba. Era muy obstinado. Me ha dado pena adelantarlo, pero llegaba tarde y debía dejar el traje en la tintorería. Cuando lo he sobrepasado, a la altura del casi olvidado cine Salamanca, se ha parado en seco y he oído como le faltaba el aliento. Puede que mañana nos volvamos a retar tácitamente, si madrugo me dejaré ganar No suelo coger autobuses, de hecho me declaro como enemigo de los medios de transporte públicos y privados para desplazarse por el centro de Zaragoza. Sin embargo, el otro día después de ir a comer a casa de mi madre (la mañana siguiente de los Who) el estado físico deplorable en el que me encontraba aconsejaba que cogiese el 40. En la parada del Paseo Independencia se subieron unos veinteañeros con pintas de estudiantes Erasmus que habían prolongado su curso hasta Agosto. Las ojeras se les marcaban y los chicos llevaban la barba de los que nos levantamos con resaca los domingos. Eran seis o siete, llamaba la atención que subiesen leyendo. La mayoría se afanaban en unas fotocopias subrayadas con rotuladores de colores y un par de ellos estaban absortos leyendo un libro de tapa clara. No se hablaban entre ellos, a excepción de un italiano que intentaba ligar con una francesa de camiseta de tirantes. En frente de mí se sentó una chica morena con los ojos tristes que intentaba memorizar el texto que tenía entre las manos, se trataban de unas páginas con las puntas dobladas con el uso. La observaba con disimulo. Me intrigaba qué estaban leyendo esos tipos. La letra del texto era pequeña y mis dioptrías veraniegas demasiadas, sólo acertaba a ver el nombre de Shakespeare en el encabezamiento de las hojas. Lo que me quedaba de trayecto intenté forzar el poder limitado de mis ojos, pero no fue posible sacar más información. Cuando ya había bajado en una de las paradas de Fernando el Católico miré al autobús y la chica de ojos tristes puso una mueca de difícil interpretación y pegó la portada fotocopiada del libro a propósito para que pudiese ver que se trataba del Pericles de Shakespeare. Luego me tomé un café con varios amigos en el Kabul y olvidé el episodio. Hoy, otro domingo, mirando el mapa del Líbano he visto la ciudad de Tiro donde transcurre el Pericles, me he acordado de los ojos tristes y he pensado que ya no quedará ningún teatro en la costa fenicia y si queda alguno estará como el Fleta Nunca había tenido la necesidad de emplear un locutorio, hasta ahora no me interesaban este tipo de establecimientos. Me pasaba algo similar a cuando veía el escaparate de una fontanería, me eran indiferentes. El lunes por la tarde, antes de ir a jugar a baloncesto, necesitaba mandar un fax a Nueva York. Me voy con Silvia de vacaciones y hemos alquilado un apartamento diminuto en el East Village. Debía enviar, a la agencia inmobiliaria, el contrato de arrendamiento bien cumplimentado y con mi firma más clara que los cuadernillos rubio de caligrafía. Me parecía mal mandarlo desde el trabajo; así que me fui a la calle Escosura, que aparte de clubes de alterne tiene un par de locutorios. El primero en el que entré se trataba más bien de un ciber-café sin cafeína, en el que varios adolescentes se mataban los unos a los otros en escenarios pixelados. Pregunté si podía mandar el fax a Estados Unidos y si me podían proporcionar el prefijo internacional. Me contestaron que no tenían ni idea, que era yo quien debía saber el número exacto al que quería llamar. Mientras tanto los jugadores en red gritaban la expresión ¡Hostia, Co! Como el único prefijo que conozco es el 976 tuve que probar suerte en el locutorio que está al otro lado de la calle. Cuando entré no había nadie, tan sólo el magrebí modernete de media melena y camiseta sin mangas que parecía ser el encargado. Le expliqué que quería enviar el fax pero que desconocía el el prefijo de USA, antes de terminar la frase me preguntó ¿A qué ciudad? Le contesté que a NYC. El tío de memoria me dijo "01". Estaba frente a un profesional, por lo que ya podía respirar tranquilo. El hombre introdujo en un aparato las hojas con la dirección del apartamento de la Calle 5,entre la Primera y Segunda Avenida. Algo fallaba, el teléfono receptor comunicaba o tenía algún problema. El encargado suspiró e intentó de nuevo la operación. En ésto llegó una Colombiana, bastante guapa, que llamaba al otro lado del Atlántico y le contaba a alguien que su hijo se había enamorado, pero ya le había obligado a ese zascandil a desenamorarse , que lo que debía hacer era estudiar, que eso de los sentimientos está muy feo cuando se ha de ser un hombre de provecho. El encargado no entendía que le estaba sucediendo a mi fax. Llegaron dos subsaharianos que ocuparon sendas cabinas. Uno de ellos gritaba tanto, como si estuviese cantando trash metal, que no oía las explicaciones técnicas de porque mis papeles no llegaban a Manhattan. Llegó otro tipo que intentó meterse en la cabina número dos, pero el encargado le gritó "No, no, la número dos no que mando el fax por ahí" Empezaba a haber gente que esperaba su turno para realizar llamadas a sus paises de origen. Faltaba el espacio en el garito y yo me estaba poniendo nervioso. El locutorio tenía una máquina de chicles, de esas bolas del tamaño de un huevo de codorniz; para matar el rato saqué un chicle de color rosa palo que mascaba mientras leía los anuncios de un corcho sujeto a la pared. Cuando llevaba tres cuartos de hora y habían entrado dos vendedores del top manta, el rostro del encargado de media melena dibujó un gesto de alivio. Ya estaba todo arreglado, así que me fui al baloncesto sin calentar llegaba tan tarde como mi fax. Los días libres, esos en los que no hace falta madrugar, están muy bien para organizar comidas en casa; sobre todo si se vive cerca de un Mercadona. Hacía tiempo que no invitaba a nadie para compartir la mesa de mi salón. El mundial de baloncesto es temprano, te deja toda la mañana para diseñar un menú rápido que no te esclavice en los fogones; así que me lo tomé sin prisa y con un rosado de la nevera, de los que te hacen sentir un frío agradable en la yema de los dedos cuando se acaricia la copa. Poco antes de la hora en la que tenían que llegar los comensales, me llama Tausiet diciéndome que traerá una copia de Konieck?, que ya está hecho el montaje y que vamos a tener el enorme privilegio de ser unos de los primeros mortales que contemplarán el proyecto del grupo-equipo (nunca he sabido cúal es su denominación correcta) Koniec. Van llegando los convocados JLatorre con un par de Riojas, el primero. Luego Luis que trae un Coto de Imaz y el resto a los que no les hago mucho caso porque me estoy peleando con unas peras que añadiré a la rúcula y a las virutas de parmesano. Me hacen interrumpir la labor hostelera para el visionado de Koniec? Hay expectación y hambre. Pz nos reparte los Flyers del Jaja festival con los que nos abanicamos por el calor que nos invade. Se hace el blanco y negro, lástima que la comida de hoy no incluya sopa y ternasco. Sigue el blanco y el negro hasta que la cosa termina. Se repite. Se hace el blanco y negro, lástima que la comida de hoy no incluya sopa y ternasco. Sigue el blanco y el negro hasta que la cosa termina. Se repite. Se hace el blanco y negro, lástima que la comida de hoy no incluya sopa y ternasco. Sigue el blanco y el negro hasta que la cosa termina. Se repite. Se hace el blanco y negro, lástima que la comida de hoy no incluya sopa y ternasco. Sigue el blanco y el negro hasta que la cosa termina. Se repite. Se hace el blanco y negro, lástima que la comida de hoy no incluya sopa y ternasco. Sigue el blanco y el negro hasta que la cosa termina. Se repite. Se hace el blanco y negro, lástima que la comida de hoy no incluya sopa y ternasco. Sigue el blanco y el negro hasta que la cosa termina. Se repite. Post Post. El estreno oficial se hará con todos los miembros del equipo, también aclarar que asistió a la comida Toni Alarcón, que junto a Tausiet está ultimando un nuevo número de la Incineradora. |