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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2006.
Hace unos cuantos días que no juego al ajedrez. No toco la mitra de los álfiles negros, ni acaricio la grupa de un caballo de boj. Nunca fui bueno, de hecho soy un jugador mediocre. Todavía recuerdo las derrotas con Dave, un amigo irlandés que me ganaba incluso cuando iba borracho o las partidas perdidas con Rafa, en el restaurante chino de debajo de mi casa, mientras intentábamos comer con palillos un plato de ternera con salsa de ostras. Estos días mirando por internet he encontrado una apertura denominada con mombre de cerveza, zaragozana; o Zaragoza. Es una acción muy sencilla, consiste en adelantar el tercer peón una casilla (c3). Debe su nombre al aficionado de Zaragoza José Juncosa, quien organizó un torneo en el cual era obligatorio comenzar con esta apertura. Pero el rendimiento no correspondió a lo que se esperaba y ha sido abandonada; estaríamos de nuevo ante una nueva señal de la esencia de la ciudad del cierzo La idea fundamental de la apertura es solidificar el juego con la instalación del triángulo central, o Zaragozano, pero al final sirve de poco. El ajedrez da para muchas comparaciones, la ciudad es un tablero. Gasparov Vs Bielinski. La fotografía pertenece a Bobby Fischer antes de convertirse en un exiliado errante Enlace a la tradicional porra del Mundial. Este año me toca organizarla a mí y es un rollo Macabeo. www.nuestraporramundial.blogia.com La imaginación de los autores del ciclo artúrico no tuvo freno, es sorprendente enterarse que uno de los caballeros involucrados en los tejemanejes de la tabla redonda fuese natural de Zaragoza. Se trata de Sir Palomides, hermanastro de Sir Galahad. El padre de ambos, Gahmuret de Bretaña, abandonó familia e hijos en la pérfida Albión y se vino como un guiri a tomar el sol, beber Ámbar y ligotear con las nativas. Acabó teniendo un hijo, Palomides, con la princesa musulmana Belacane (hija de Feirifez rey de Zaragoza), cuya belleza eclipsaba la del mirhab de la mezquita mayor. Belacane fue abandonada y acabó casándose con otro príncipe musulmán. Con los años Palomides se convirtió en el príncipe de Zaragoza, pero heredo el carácter aventurero de su padre natural, así que se escapó a recorrer mundo y participar en combates sangrientos, su historial violento se parece más al de los personajes de Charles Bronson que al ideal de nobleza caballeresca. Estuvo implicado en el affair de Tristán e Isolda y como su padre desapareció un día sin que se supiera más sobre él. Desapareció como lo hizo el arrabal de Sinhaya, entre piedras y desidia. Odio a los dentistas. No hay nada tan desagradable como permanecer sentado en una sala de espera, respirando el aséptico aroma de los productos odontológicos. Las revistas para pasar el tiempo están repletas de imágenes de incisivos y molares, que parecen haber llevado peor vida que los protagonistas de las películas de Ken Loach. Me aterra escuchar el vago eco de los zuecos de las auxiliares de clínica, que llevan el pelo recogido; mientras estoy tumbado con un foco potente que alumbra mi boca, tanto que se puede ver hasta mi alma. Hoy he ido al dentista y no ha servido para nada. El odontólogo ha llegado 40 minutos tarde, lo más probable es que se haya entretenido con otro paciente, pobre hombre. #La imagen esteroscópica representa el colmo de la odiontología, repetir extracciones El jueves a las siete de la tarde asistí a a la inauguración del TEA 06, el congreso de Cine Digital y HDI, que se celebra este fin de semana en Zaragoza, acabé en casa con tres camisetas de propaganda, una de ellas diseñada por Kukutxu muxu en la que aparecía un equipo de vacas participando en un rodaje cinematográfico. Todos tenían cuernos y manchas, los cámaras, el scpript e incluso el pertiguista de sonido. Hoy no me he comprado el Heraldo, ahora sólo me lo compró en Calahorra para leerlo entre la cafeína y la bollería industrial del Cafetín, mientras hablo del Mundial con Alex; pero Dioni se ha encargado de regalarme la careta de Fluvi, que colgada en el corcho del despacho parece la primera mascota, de un evento internacional, guillotinada. Me recuerda a la anécdota de Danton y su carcelero en las horas previa a su ejecución. Dantón le dio una clase de gramática y lengua francesa a su vigilante. Le dijo que que curiosa era la conjugación de ciertos verbos "se puede decir me guillotinarán, pero no se puede decir me han guillotinado". El grabado pertenece a la ejecución de Dantón, cuyas últimas palabras fueron: "No os olvidéis, sobre todo no os olvidéis de mostrar mi cabeza al pueblo: merece la pena." Veinte años de la mano de Dios. Nada más argentino que Carlos Gardel volviendo a recordar lo rápido que ha pasado el tiempo. Volver. Veinte años no es nada Yo adivino el parpadeo La vieja calle |