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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2006.
Haciendo un poco de tiempo para ir a comer al Galerna ( o a la Galerna), he dado un pequeño paseo por el parque. El cielo gris rivalizaba con el tejado de pizarra de la Casa Ansotana. El viento traía,sin querer, gotas de agua que se escapaban de la boca abierta de los tritones que descansan en la fuente de Neptuno. Ver la reforma del Museo Etnológico me ha recordado a Antonio Beltrán, a Miguel y Paco. Nunca me dio clases Antonio Beltrán, pero si me dieron sus alumnos y sus hijos. Paco es de los pocos profesores universitarios de los que aprendí algo y de Miguel recuerdo una anécdota que me contó en un Postgrado de Museos. La historia se desarrollaba en el interior del Museo Etnológico. Miguel Beltrán, como Director del Museo de Zaragoza, acudía con frecuencia al edificio de arquitectura popular pirenaica y allí encontraba a una señora mayor que lloraba frente a una recreación de una cocina tradicional aragonesa. Unos maniquíes con trajes regionales contemplaban una cadiera, el trébede sonreía sobre las brasas y los fuelles esperaban, callados, a ser utilizados. La primera vez que Beltrán vio a la mujer se sorprendió. Cada día que pasaba por el edificio del parque volvía a presenciar la escena de la mujer gimoteando ante la cocina. Varios días después no se pudo reprimir y le preguntó -Pero, señora,¿qué es lo que hace llorando en un Museo? Le contestó que venía a ver a su hijo, fallecido hacía poco tiempo. Había servido de modelo al maniquí. Era la única manera de continuar en contacto con él. Iba y le contaba todo lo que le había pasado. Le hablaba del precio de los tomates, de la tía Josefina, de las pensiones y de lo que había visto por la tele; pero sobre todo le mostraba sus lágrimas Cada vez que acabo en el parque, vagando sin rumbo, me meto en la Casa Ansotana(ahora no, que está en obras) y subo las escaleras que llevan a las cocinas. Espero toparme con el maniquí, o con su madre, y saudarle en silencio. La última vez que subí me pareció que la figura teníalos ojos vidriosos. Me hubiera gustado conocer más a Antonio Beltrán En otras circunstancias, he profundizado en la atracción que el nombre de Zaragoza ejerce entre los francófonos; pero hay a quienes no debe ni hacerles ni pizca de gracia. Me refiero a la comunidad afroamericana del Estado de Mississippi. En 1823 se fundó una plantación de algodón, con el nombre de nuestra ciudad, a muy pocos kilómetros de la población de Natchez. Stephen Duncan creó una nueva explotación, en la que cerca de 75 esclavos se dejaban las manos recolectando algodón. Stephen Duncan fue uno de los grandes esclavistas de la primera mitad del S XIX. Llegó a poseer más de mil esclavos distribuídos entre sus tierras. Su nombre aparece en los censos de la época como uno de los ciento treinta esclavistas que poseían más de cuarenta esclavos. La arquitectura original de esta época es muy austera, una casa simple, sin interés artístico, que se amplió en 1855 cuando la propiedad pasó a manos de Duncan Smith. Sus descendientes habitaron la casa hasta los años 80 del siglo XX. En el registro civil de Adams County apareció un mapa de la plantation Saragossa, en el que se apreciaba la forma de la casa del capataz y de ocho casas de esclavos, alineadas en dos filas. La USM (universidad del sur de Missisipi) excavó con técnicas arqueológicas las casas de los esclavos, encontrando los huesos de los animales que constituían la dieta de los pobres trabajadores forzados que caían rendidos cada noche con la puesta del sol abrasador. Aturdidos por la humedad del río Mississippi y acribillados por mosquitos, que los consideraban presa fácil en los campos teñidos de blanco, cantaban canciones. Canciones denominadas Worksongs y que hoy se tienen por el origen del Blues. Seguro que en la plantación Zaragoza, los esclavos cantaban viejos ritmos africanos con los que aliviar la tristeza del trabajo mecánico. Quién sabe si fue aquí donde nació la música doliente También, en esta nuestra plantación, podemos cantar muchas canciones tristes. La última está ambientada en lo que fue el Rincón de Goya. #La foto se trata de lo que queda de la casa principal Por fin comienza a emitirse el programa radiofónico por Internet que cambiará la Historia de la radiodifusión mundial, www.taxikraken.blogspot.com . Ayer por la noche se grabaron sus primeros contenidos y muy pronto se podrán escuchar desde un sillón orejero, desde los asientos de atrás del 33 o en la cola del supermercado. La AGM va a tener que hacer horas-extra. Taxikraken avanza con tentáculos de plomo y nuestras emisiones se pueden considerar, todavía, en pruebas; no obstante no deseperén, que dentro de nada disfrutarán de Taxikraken. Tras el acuerdo fallido con Forum Filatélico y AFINSA estamos buscando nuevas empresas que confíen en Taxikraken y contraten publicidad en nuestros espacios. El lunes fui al cine y estaba sólo. Las imágenes, la banda sonora, los movimientos de cámara y los flashback, todos eran para mí. Si lo llego a saber me llevo el pijama. #La foto pertenece al Cinema Rex de la Goulette. Se trataba del cine de la comunidad judía en La Goulette, una barriada a las afueras de Túnez Llevo unos días en que lo italiano está muy presente en mi vida. En la plaza San Pedro Nolasco hay aparcada una moto, con matrícula italiana, que tiene una pegatina que la denomina "La poderosa 3" convirtiéndose en heredera del vehículo con el que el Che Guevara inició una travesía sobre dos ruedas a lo largo y ancho del continente americano; aunque por el aspecto que luce la moticicleta de la plaza, hoy en día no llegaría ni a la soledad inmensa del desierto de los Monegros. Silvia va el fin de semana a Roma a pasearse por el Trastévere y mirar, desde los puentes de piedra, la ísola Tiberina. Me ha preguntado que me trae y le he pedido una botella de Aperol para hacer Spritz. Desde el verano pasado llevo buscando Aperol sin resultado. Es maravilloso sentarse con una copa de Spritz, a las siete de la tarde, en una terraza con sillas metálicas sobre suelo empedrado y mirar unos palacios barrocos bañados por el último sol del día. Y dedicarse al "dolce fare niente". A leer un periódico deportivo de hojas rosáceas de dimensiones más grandes que el antiguo Heraldo, mirar a las chicas de piernas largas que llevan unas gafas de sol que les tapan la cara entera, pensar en la salsa que acompañará a la pasta de la cena; y sobre todo escuchar la voz de Silvia. En Zaragoza no es lo mismo, pese a que tengamos un trozo de Italia en la ciudad (por fortuna ese espacio ya no es de Berlusconi). Beber Spritz a los pies de la torre de San Antonio no tiene encanto, aunque se divise el remate de una cúpula neoclásica. Por último, esta semana, la ciudad está llena de italianos. Ayer vinieron unos cuantos a visitar el Museo, dos de ellos se fijaron en el folleto de la exposición de Marco Polo que se celebra en la Lonja. Me preguntaron de que iba la muestra y dónde se podía visitar. Se lo explique con bastantes detalles. No les quedaba ninguna duda, pero había dos argentinas viendo el museo; así que se acercaron a ellas. Les preguntaron si sabían dónde estaba la Lonja y si querían acompañarles. Las argentinas aceptaron con acento porteño y se fueron juntos los cuatro lanzándose miradas complices. Yo de mayor quiero ser italiano para beber Spritz e ir a la Lonja #La foto pertenece a la piazza delle erbe en Padova. Sin duda el mejor Spritz del mundo se toma contemplando estos porches Vivir en la carretera me permite leer en los autobuses capítulos enteros de Sebald. Sebald sabe mucho, casi demasiado. El capítulo VI de "los anillos de Saturno" se lo dedica a Conrad. Narra su vida como si fuese un personaje mitológico. El destino le juega malas pasadas y siempre hay una mano superior que trunca sus planes y le muestra el lado perverso de la humanidad. No deja de darle caramelos amargos Me sorprenden dos cosas de lo que dice Sebald, la primera el número de jorobados y seres deformes que se encontró en su viaje a Bruselas en 1964, en pocas horas vio más tullidos y contrahechos que los que se ven en el resto del mundo en un año. Él lo achaca al peso de la podredumbre moral que tienen quienes colonizaron el Congo; por otro lado me llama la atención la estancia de Conrad en Marsella. El polaco, cuando todavía no sabía hablar en inglés, ni se imaginaba que acabaría escribiendo en esa lengua el corazón de las tinieblas, decidió dejar el frío continental y convertirse en marinero. Recaló en Marsella donde llevó una vida agitada, llena de excesos. Excesos que lo llevaron a juntarse con lo peorcito de la ciudad, entre ellos los españoles carlistas que se encontraban exiliados. Se enamoró de una dama misteriosa que en "la Flecha de oro" menciona con el nombre de Rita; pero se desconoce su identidad real. Rita, que se supone fue amante del pretendiente carlista al trono de los Borbones, destrozó el corazón de Conrad en tantos pedazos como kilómetros recorrería en su vida. Un agujero en el pecho le quedó como recuerdo, Conrad solía explicar que se debía a un duelo, pero quienes le conocían bien pensaban que se trataba de un intento de suicidio tras ser abandonado por la enigmática mujer. El tiempo la ha castigado con el anonimato, con lo bonito que sería saberse bisnieto de la amante de Conrad. El tiempo en Calahorra dura más que en otros sitios. Desde que leí la anécdota del Viaje de Sebald a Bruselas, no dejo de ver a personas con minusvalías físicas. Ayer compartí bar con dos personas, una de ellas muy agradable, en silla de ruedas y un laringotomizado que jugaba a las tragaperras. Adelanté a un cojo que subía unas escaleras apoyado en dos muletas y me crucé con una señora jorobada que arrastraba un carro de la compra lleno de verduras. Por la noche fui al cine con Silvia y comencé a inquietarme, la segunda vez consecutiva que la sala vacía se convierte en nuestro salón. Una en Zaragoza (yo), otra en Calahorra (Silvia y yo). La industria del cine se muere con lentitud, tengo la falsa impresión de que jamás me volveré a encontrar con nadie en los pasillos oscuros de una sala. Koniec? #La foto pertenece al montaje o desmontaje de un cine en Norwich Los trenes tienen encanto, sobre todo los viejos modelos que pierden tiempo conforme avanza el viaje. Me gusta sentir como la tapicería, azul o verde, se desgasta semana tras semana. Me gusta poner los pies sobre el asiento de enfrente mientras leo. Me gusta sonreir a los revisores cuando pican los billetes que se acumulan entre las páginas de novelas de Chesterton. Me gusta comer sandwiches y limpiarme las manos con servilletas de papel. Me gusta ver como la gente se baja en las estaciones para hacer transbordos a lugares que desconozco. Me gusta bostezar cuando paso por Alagón. Me gusta pasear por el andén con una maleta enorme. Me gustan los trenes regionales, pero el jueves cogeré el AVE. #La foto pertenece a unos turistas que tienen que abandonar su tren por problemas técnicos en la Royal Gorge, en Colorado La participación de Orwell en la Gerra Civil es de sobras conocida; pero lo que no está tan divulgado es que fuese su experiencia a las puertas de Huesca la que le inspirase el método de tortura que aparece en su celebérrima 1984. En el transcurso de las operaciones encaminadas a tomar Huesca, compartió experiencias durísimas de la vida cotidiana en el frente. El desasosiego de los ataques enemigos se mezclaba con el hambre y la podredumbre. Lo peor de cada uno afloraba entre los escombros de trincheras sucias por el barro. En la guerra se tienen muchos miedos, el terror conradiano se apodera sin querer de los combatientes y desata fobias. Orwell no pudo tomar café en Huesca, ni probar el pastel ruso de Ascaso; pero desarrolló un asco incontrolable hacia las ratas, esas ratas que al anochecer buscaban roer el idealismo hecho jirones de quien como Orwell creía en la Revolución. Entre sus varios escritos sobre su estancia en tierras oscenses dejó escrito lo siguiente sobre las ratas: "Las que había en La Granja misma realmente eran grandes como gatos, enormes bestias hinchadas que se tambaleaban sobre lechos de excrementos, demasiado audaces como para huir a menos que se disparara contra ellas." "Y entonces, a la noche siguiente, la espera en Torre Fabián para iniciar un ataque que fue suspendido en el último momento vía telégrafo. En el suelo del granero donde aguardábamos, una delgada capa de granzas cubría gran cantidad de huesos humanos y vacunos mezclados, y todo el lugar estaba invadido por las ratas. Las monstruosas bestias surgían a raudales por todas partes. Si hay algo que odio es una rata corriendo sobre mi en la oscuridad. Aquella noche tuve la satisfacción de darle a una de ellas un buen puñetazo que la mandó volando por el aire." Orwell fue herido en la mano y pasó su convalecencia entre los hospitales de Monflorite y Siétamo, que a la postre supuso su licenciamiento y su posterior estancia en Barcelona, donde asistió a los acontecimientos de 1937 entre comunistas-estalinistas y el POUM, que hicieron que se distanciase de las ideologías de corte totalitario, las ideologías del cerdo Napoleón y del Gran Hermano #La foto pertenece a Orwell y a otros intelectuales anglosajones cuando eran miembros del POUM He esrado el fin de semana en Sevilla. Sevilla es una ciudad que me rompe los esquemas, probablemente los derrite el calor. Todos tenemos prejuicios, en el fondo nos movemos al ritmo que marcan los tópicos, pero en Sevilla no me han funcionado, han sido inútiles. No sabía si tocar las palmas o convertirme en estatua de sal. Preferí ver mi sombra en una pared que necesitaba ser encalada |