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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2007.
Una de las actividades más emotivas de los primeros días del año es ver a los niños pequeños, por la calle, mostrar al mundo entero los juguetes que les han traído los Magos de Oriente. Cuando tenía siete años a un compañero de clase le regalaron un disfraz del hombre araña (spiderman era para listillos) que llevó debajo de su ropa dos semanas seguidas. Incluso aseguraba que lo utilizaba de pijama. El día de Reyes no vi a muchos críos montando sus bicicletas resplandecientes o con sus patines de línea, sacar a pasear a la Playstation debe ser complicado; además fuimos de casa a la puerta del cine en coche. La tarde del seis de enero no se podía ver otra película que no fuese María Antonieta. Eso lo sabía todo el mundo, así que tuvimos que verla en primera fila del Cine Cervantes. Menos mal que tiene un pequeño escenario, casi nos da Kirsten Dunst con sus pelucas cardadas,auténticas obras de arte efímero. Lástima que la función original de las pelucas en la Francia deciochesca fuese defenderse de los piojos, aunque se viviese en el mismísimo Versalles. A los niños con los juguetes me los encontré el domingo en la estación intermodal de Delicias. Acompañé a Silvia para que cogiese el Regional Express con destino Logroño que atravisesa todas las nieblas del valle del Ebro. Estaba esperando con su maleta cuando noté que alguien tropezaba y caía sobre su trolley. Se trataba de un pequeño Darth Vader de seis años, que con el casco oscuro y distorsionador de voz incluido sobre su cabeza parecía más un cabezudo amigo del Robaculeros que un jedi seducido por el reverso tenebroso de la fuerza. A la escena sólo le faltaban los acordes de John Williams, el techo de la intermodal es bastante galáctico. El Pequeño darth Vader acudió donde estaban sus padres a tres metros de distancia y dijo sin quitarse el casco con distorsionador de voz -Mamá, mamá me he caído-. Aunque sea de mentira la voz distorsionada perdiéndose en la inmensidad de la estación Delicias asusta más que RENFE. #La imagen corresponde a la Parroquia Pio X del barrio de la Jota, un emplazamiento mucho más adecuado para avistamientos espaciales Estuve la semana pasada en un establecimiento de Kebabs en la Calle Santander. Todo el personal es del Sudeste asiático. Me pedí algo de comer y me senté en una mesa junto a una televisión de plasma. En la pantalla se repetía una y otra vez el menú del DVD de una película de Bollywood. Los ritmos machacones estaban logrando que se me indigestase el Kebab. Uno de los camareros debía estar hasta las narices de los sonidos penetrantes del monitor, así que le hizo un gesto al que parecía jefe del cotarro y así comencé a ver una película titulada "The Killer". Los subtítulos en inglés permitían seguir la trama facilona de la película.El chófer de una compañía de vehículos de alquiler lleva por toda la ciudad a una hindú buenorra que trabaja en el mundo del espectáculo. el joven tiene un parecido milimétrico con un asesino a sueldo que viaja a la India para cargarse a la hindu buenorra. Seguía la película como si estuviese viendo cine de barrio en Bombay, hasta que entró un hombre que tenía confianza con el jefe del establecimiento que le dijo "No eches hoy dinero a la máquina tragaperras, que el cabrón del chino se ha llevado por lo menos 300€". Mientras volvía a rociar la carne de cordero con la salsa de yogurth todavía se escuchaba un numero musical de coreografía vistosa. #La imagen corresponde a unas inundaciones en los estudios de Boolywood en el 2005. Tras comer el Kebab me fui con Silvia a Madrid. El domingo por la tarde estuve en el Bernabéu y me puse malo. todavía tengo fiebre y morreras Hace muchos años fui con Jesús Latorre a una conferencia sobre los manuscritos del Mar muerto en el salón de actos de la CAI en el Paseo de las Damas. La impartía el Padre O´Callaghan, con ese apellido sólo se puede ser dominico o jugador de balonmano. Resulta que O´Callaghan había descubierto entre los rollos de las congregaciones essenias unos documentos que harían mención a Cristo, cuya antigüedad superaba los dos mil años . La noticia parecía servida "El padre O´Callaghan encuentra la existencia de unos evangelios anteriores al nacimiento de Jesuscristo". O´callaghan comenzó a leer su densa intervención y a través de una intrincada argumentación de índole filológica, que poseía el oscurantismo de todo lo que rodea a las lenguas muertas, llegaba a la conclusión de que sus descubrimientos no se trataban de fragmentos de los evangelios. Reconozco que me aburrí muchísimo y que perdí el hilo de la charla. Algo parecido a lo que le ocurrió al dominico me ha sucedido esta semana. Recopilo postales antiguas de Zaragoza. Adquirirlas en la propia ciudad es carísimo, así que aprovecho mis viajes para ir aumentando mi colección. Una de las últimas que ha caído entre mis manos reproduce el Museo de zaragoza de la plaza de los Sitios, pero lo interesante es su contenido escrito. Me encanta leer la caligrafía de las primeras décadas del S.XX, elegante y formal. Ejercer un voyeurismo tipográfico que desgrana existencias apagadas ya hace años. La carta está fechada en Abril de 1922 y se menciona la novela "Valentina". al comprarla me di cuenta inmediatamente del hallazgo literario. Comencé a fabular sobre Ramón J. Sender, Pepe Garcés y la hija del notario de Tauste. Pensaba que tenía un tesoro con un sello matasellado hace más de ochenta años. Al llegar a casa y documentarme me enteré que Crónica del alba no se publicó hasta 1942. En 1922 Sender tenía 21 años, todavía quedaban las brasa de su amor por Valentina. Me había sucedido como al Padre O´Callaghan había descubierto una Valentina anterior a Valentina. Aquí transcribo el texto de la postal enviada a una tal Isabel Puig Barcelona Abril 6 -1922. Querida amiga Isabel. Como te ófrací buscar en la biblioteca nuestra el libro "Valentina" lo he encontrado y se lo enviaré, los dos tomitos. El que no he encontrado y estoy segura que no lo he leído es "Bajo las Arcas". Perdona el olvido y sabes que te quiere tu amiga que le manda recuerdos para todos. Esperanza. En la cara fotografíada añadía "Leluca, el sábado (D.M.) nos vamos a Areyns y como ama de casa tengo mucho que hacer, así que me es imposible ir a verles como es mi deber". la expresión ama de casa aparece subrayada. #La imagen es una ilustración del gran Cano sobre Valentina L.M. Ortego, detective del Patrimonio, el Sam Spade del Gótico aragonés rastrea todas las casa de subastas, a ambos lados del Atlántico, en búsqueda de tesoros emigrados. Tesoros de los que un día perdimos la contancia de su existencia y que los catálogos nos devuelven en forma de lote sobre el que pujar. Ortego me comenta que ha encontrado en Christie´s New York una fotografía que Cartier-Bresson tomo en Ariza en 1953. Una serie de tejados con las huellas evidentes del paso del tiempo sirven de decorado a dos niños que parecen sombras esquemáticas, que a su vez proyectan sombras sobre las calles sin asfaltar. La imagen me recuerda a las reconstrucciones de Çatal Höyük. Cartier Bresson es mi fotógrafo favorito. Sus retratos son para mí las imágenes oficiales de la cultura europea de los Cuarenta y Cincuenta. Camus resaltando sobre un fondo desenfocado. Matisse atendiendo a sus palomas. Duchamp fumándose un puro. Es difícil evocar a ciertos creadores y no visualizarlos a través del objetivo de la Leica de Cartier-Bresson. Por otro lado, la imagen del niño con cara de pillo que lleva dos botellones de vino tinto hizo que me apuntase a un curso de fotografía en Spectrum. Henri Cartier Bresson tiene el honor de haber recibido una exposición antológica póstuma en vida. El compromiso silencioso con la libertad le llevó a ser prisionero de los nazis y pertenecer a movimientos de la resistencia contra el invasor alemán. Fue uno de los fotógrafos que inmortalizó la liberación de parís. La ciudad ardiendo. Las promesas de días de Borgoña y Camembert sobre manteles de cuadros rojos. Toda su actividad durante el conflicto bélico llevó al MOMA a pensar que había fallecido en acción. El Mueso neoyorquino le quiso rendir homenaje con una restrospectiva. Cuando Cartier-bresson se enteró, viajó a Manhattan para supervisar su exposición póstuma. Fue como asistir a su propio entierro. Es en nueva York donde el 14 de febrero se subastará la fotografía de Ariza. Hoy en día Christie´s Nueva York se levanta decadente en la Rockefeller Plaza. Tiene el encanto de los dormitorios de maderas nobles. Las azafatas de la recepción sonrien como si fueran modelos y te regalan fotocopias con los números de los lotes. El septiembre pasado estuve a punto de asitir a una subasta de Botellas de Vino singulares, pero al final preferí ir con mis fotocopias de Burdeos míticos a visitar el vestuario de los Knicks y subirme a la báscula en la que pesaron a Mohammed Alí cuando ganó a Frazer el título de los pesados. Nunca fallaba. Era un tipo con suerte. Utilizaba el apellido de su madre de origen italiano, que consideraba más exótico que el que aparecía en su documento nacional de identidad. Conducía un Alfa Romeo rojo de segunda o tercera mano que se calentaba cada vez que se paraba en un paso de peatones. El sol había devorado el color rojo de su capó y la ventanilla del copiloto no bajaba. Era un verdadero suplicio montar en su coche cuando el calor asfixiante del verano convertía su automóvil en una sauna finlandesa con ruedas. Recuerdo que Laura me comentó que un mes de agosto les dio por ir a visitar yacimientos arqueológicos visigodos. En el trayecto entre Zaragoza y Recópolis, con una temperatura cercana a los cincuenta grados centígrados, sufrió un espejismo a pocos kilómetros de Calatayud. Nunca fallaba. Bruno era un tipo con suerte. Tenía una capacidad innata para calcular la edad de la gente. Daba igual que aparentasen más edad de la que en realidad tenían. No se dejaba engañar por unas canas prematuras, por una piel arrugada o por un rostro estropeado por haber vivido demasiado deprisa, a una velocidad por encima de lo que suelen hacer las personas normales. Tampoco le hacía errar una cara infantil de grandes mofletes colorados y orejas pequeñas. El día que lo conocí, mientras comíamos en el Praga una brocheta de rape con verduritas a la plancha, me dijo –Tú tienes dos años y tres meses menos que yo, así que tu cumpleaños tiene que estar al caer. Si cumples 34 antes de quince días te pagas la comida.- El cabrón lo había acertado. Yo pensé que se lo habría contado Laura, la chica que me lo había presentado. Pero Laura aseguraba con la terquedad que tienen los palacios de piedra que no se trataba de una jugarreta preparada para chulearme tres platos del día. Tras los cafés debía regresar a mi casa para dar los últimos retoques a un proyecto sobre arquitectura efímera. Bruno se ofreció a llevarme en su Alfa Romeo de tapicería desgastada por las carreteras secundarias de todo el sur de Europa. Me contó el viaje que hizo destino Burdeos, con una chica a la que quería impresionar, para contemplar in situ el cuadro que aparecía en la portada de Corazón tan blanco de Javier Marías. La chica, bastante atractiva, acababa de leerse una reedición de la novela. Bruno aborrecía a Marías, probablemente le tenía envidia por no haber sido sobrino de Jess Franco. Tras ochocientos kilómetros al volante, descansando cada hora y media para que el radiador del coche se refrigerase, llegaron al Museo de Bellas Artes de Burdeos. Faltaban diez minutos para que cerrasen. El acceso al interior de las salas estaba interrumpido. Quince minutos antes de las Cinco ya no se podía pasar. Recurriendo a su francés casi olvidado Bruno consiguió, no se explicaba muy bien cómo, que el funcionario de la taquilla les dejase entrar con la condición de que sólo vieran esa obra y se fuesen. Cuando llegaron a la sala de pintura francesa del siglo XIX, donde suponían que iba a estar el lienzo, contemplaron un enorme vacío en la pared. El cuadro estaba cedido para una exposición temporal, en Barcelona, de la Fundación La Caixa. Para verla podían haber conducido trescientos kilómetros, quinientos menos de los que habían recorrido entre áreas de servicio de carreteras comarcales. A simple vista podía parecer que su suerte no le sirvió para nada en esa ocasión; pero todo lo contrario, escribió un relato con su experiencia y le dieron un premio en un certamen literario en Granada. Me dejó en la puerta de mi casa y me deseo suerte -Suerte, la que tú tienes.- Le dije mientras arrancaba su Alfa Romeo -Toda para ti, quédatela.- Subió la ventanilla y me hizo un gesto huidizo con la mano. Esa noche tuvo un accidente. Su coche acabó en el fondo del Canal Imperial. #La imagen corresponde al cuadro Rolla de Henri Gervex, 1878. Se trata de la portada de Corazón tan Blanco publicada en Anagrama Estoy leyendo un estudio sobre la tradición oral calagurritana. Me sorprende un juego de niñas en las que aparece una zaragozana que desciende de los cielos, como si fuese casi un ser superior o una extraterrestre del planeta Kripton. Es curioso el exotismo que podía provocar una niña de Zaragoza en la Calahorra de cuando se gestó este entretenimiento infantil. El texto que se recita es el siguiente Una zaragozana que del cielo bajó con el pelo extendido y en la mano una flor de la flor una rosa de la rosa un clavel del clavel una niña que se llamaba Isabel. Isabelita me llamo soy hija de labrador cuando voy y vengo al campo no le tengo miedo al sol. (Se colocan las niñas en corro y una de ellas en el centro. Las primeras cantan las dos estrofas iniciales y la que está en el centro la última). #La imagen pertenece a unos niños jugando a las canicas en el Buenos Aires de principios siglo. Sin duda, las niñas bonaerenses también son capaces de volar |