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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2007.
Tras el viaje a China pensé que no me iba dejar seducir por la gastronomía oriental durante meses. Al hablar de gastronomía china me refiero a la comida elaborada de manera tradicional. La alimentación cotidiana de los estómagos asiáticos; nada que ver con los restaurantes chinos para público internacional que son auténticos parques temáticos de la salsa agridulce. Templos del glutamato monosódico y del arroz brillante que no se apelmaza. El miércoles quedé con antiguos profesores de español básico para extranjeros en las Delicias. Decidieron ir a cenar al restaurante chino de la Calle Graus, el establecimiento al que acuden los propios chinos que tienen restaurantes. Hace ya tres años que lo conocemos y ha ido variando con el tiempo. La primera vez que fuimos el menú estaba en chino y acabamos comiendo fiambres de lengua de pato. Antes de cenar nos pasamos a hacer una visita a mi ex-alumno favorito. Como se nota que ya no soy su profesor, ahora habla perfectamente. Me di cuenta de su potencial en nuestra primera clase. Yo utilizaba el típico recurso de demostrar que los alumnos poseen más conocimientos de los que suponen que tienen. Les pedí que me dijesen todas las palabras que conociesen que empezasen por la letra “J”. El único que abrió la boca fue Li Yin con una sonrisa sincera y con voz potente dijo “Heineken” y “JB”, casi se me cae la tiza con la que apuntaba todas sus respuestas. Hoy en día Li Yin trabaja en el bar de su primo. Ha adquirido el don de gentes de quien disfruta con el trato directo con las personas. En su local fui al baño y me encontré con una imagen que podría tratarse de la reactualización chino-aragonesa de “La Fuente” de Duchamp que socavó los cimientos de la crítica artística. El urinario de caballeros estaba fuera de servicio y para impedir su uso se había cubierto por la portada de un periódico escrito en caracteres chinos en la que la imagen de Zapatero se enfrentaba a la de Rajoy. Daban ganas de utilizarlo. Tras la cena, parte de la expedición a little China (aquí sería China pequeñica) nos resistimos a irnos a la cama sin reposar los cangrejos con puerros y jengibre. Decidimos tomarnos la última que el Karaoke chino de la misma calle KTV 0086. La única alternativa de ocio para la juventud china de Zaragoza. Tenemos suerte en Madrid y Barcelona hay tres o cuatro garitos similares, pero tiene prohibida la entrada a occidentales. En la zona de la barra los clientes interpretaban canciones edulcoradas no aptas para diabéticos. Li yin, como no estaba allí, nos tradujo la temática de lo que estaba cantando una chica de unos veinte años que tenía una voz susurrante. No nos enteramos muy bien de que iba. No sabíamos si era de una chica que se queda huérfana y llora la muerte de su madre, o a la inversa y es la madre la que llora. Otro chino con menos dotes para el espectáculo cantó un tema de la banda sonora de una película sobre el Rey Mono. Sorprende que en el karaoke haya gente a la que le saquen platos de sandía para picar cuando piden cervezas. Tampoco deja indiferente la sala semioculta en la que se desarrolla una partida de Mahjong. Li yin nos advierte que el juego en Zaragoza no es nada profesional en Zaragoza, sólo se puede llegar a perder 3000 €, pero que en Madrid y Barcelona ha habido noches míticas en las que se ha llegado a apostar un millón de euros. Nos vamos a las dos que al día siguiente trabajamos. Li yin se queda con sus amigos y se pide una Bud, ya no quedan Heineken con jota. # La foto corresponde a la revisión chino-aragonesa de la Fuente de Duchamp Estas noches de verano, menos calurosas que las de otros años, estoy leyendo el magnífico estudio de María Tausiet sobre magia urbana en la Zaragoza de los siglos XVI y XVII. La luz tenue de la mesilla hace que la lectura parezca algo prohibido, casi iniciático. Me da la impresión que los inquisidores van a tocar el timbre de la puerta para llevarme preso a sus cuarteles generales. Soy un completo ignorante con respecto al mundo de la magia y de las brujas, así que decido documentarme un poquito más para seguir el hilo argumentativo de Abracadabra omnipotens. Internet es la herramienta más adecuada en los tiempos que corren. Busco información sobre el diablo en Zaragoza y me aparece la curiosa aparición de un personaje del cómic los Cuatro fantásticos. Esteban Corazón de Ablo que hizo su primera aparición en el número 30 de la colección de The fantastic four en 1964. Se trataría de un alquimista del siglo IX nacido en Zaragoza que le vendió su alma al maligno. Los guionistas americanos desconocen la presencia musulmana en el valle medio del Ebro. Deben tener los mismos libros de historia que Noah Gordon. La historia de Don Diablo no acaba aquí. Abandona su Zaragoza natal, nadie es profeta en su tierra aunque sea un supervillano. Se instala en Transilvania. Los nativos acostumbrados a bichos de todas las especies lo calan enseguida. Lo sepultan en una prisión segura, hasta que los Cuatro fantásticos hacen una de Cantinflas y lo liberan. Don diablo que era alquimista se monta una empresa química mejor que Bayern y más boyante que Ibercaja. Se convierte en el tío más podrido de dinero sobre la faz de la tierra. Como es un supervillano, en vez de financiar la Expo o hacerse presidente del Zaragoza, sus planes pasan por conquistar el mundo; pero los cuatro fantásticos le paran los pies. Sigo sin resolver mis dudas sobre la Zaragoza mágica del Siglo XVI y XVII, sin embargo he aprendido que los supervillanos zaragozanos tienen un pedigree de once siglos. Zaragotham bajo el imperio de los malos #La portada en la que el zaragozano Don diablo se da a conocer a todo el mundo. Las últimas fechas han sido muy poco propicias para el séptimo arte en Zaragoza. Se han cerrado los Buñuel que llevaban varios meses en la unidad de cuidados paliativos de Lauren Films. Las entradas guardadas se han convertido en papeles para coleccionistas nostágicos que repasaran las películas que vieron en sus butacas o los besos furtivos que pudieron robar en la fila diecisiete. El eco del anuncio de Movierecord bajo la luz mágica de los proyectores mal ventilados o la primera vez que dieron propina a un acomodador al que jamas vieron la cara. No nos queda otra solución que asumir que no volveremos a hacer colas en Francisco Vitoria. Los espacios de nuestra infancia se diluyen como las calizas, se erosionan por procesos complejos que no llegamos a comprender. Hace varios años que perdimos la inocencia, pero no sabemos donde. La otra mala noticia es la paralización del rodaje de Independencia. Ruina se analice por donde se analice. Demasiado lugares comunes a la hora de lamentarnos. No merece la pena ni entristecerse, tendríamos que estar acostumbrados. Para recordar la producción cinematográfica que nunca fue, uno de esos proyectos de los que ocuparan las notas a pie de página en las antologías del Cine. He encontrado un poema británico, anónimo, que describe los asedios napoleónicos. El texto apareció publicado en 1809 en "The Morning Cronicle". El tono triunfalista y épico que idealiza la contienda está a años luz de lo que en realidad supuso la resistencia. La guerra sólo trae miseria y desolación. Quizá la mejor película que se podría realizar sobre la guerra de la Independencia sería "Nacido el doce de Octubre" First Siege of Saragossa [1] While prostrate slaves, to virtue dead, The practis'd tools of grasping power Each house a fortress to defend, Not so with thee, thou pride of Spain! In house by house, in street by street, Second Siege.[3] Again returns NAPOLEON'S horde Arragonese! so brave, so true, Again to vast exertion call'd, Though wasting flames around thee curl'd, Nunca he visitado la Semana Negra, ni siquiera he estado en Gijón, por el contrario si que he comido pastel de cabracho en Oviedo y le he cogido la mano de bronce a la estatua de Ana Ozores, Silvia estuvo viviendo un año en Oviedo mientras preparaba el MIR. Silvia no ha leído La Regenta, pero si estuvo en la Semana Negra compartiendo la calle con los aficionados a investigar crímenes sin resolver. La semana ha estado teñida de cierto halo policiaco. Chesús Yuste habla de crear una Sociedad Camilierista. Sergio del Molino recorre los escenarios del Halcón Maltés (Sam Spade es mi investigador privado favorito) y yo al ir a coger un libro a la estantería tiré sin querer un volumen de Harry Stephen Keeler, un autor que me recomendó, en la última feria del Libro Antiguo, uno de los únicos tres miembros españoles de la Harry Stephen Keeler Society. Mi pequeño homenaje al género es la enmarañada historia de John García. Me encontré con este pintoresco personaje real, que vivió en Australia a mediados del siglo XIX, buscando información detectivesca ambientada en Zaragoza. Oceanía está muy lejos. Si el mundo fuese una línea de Metro sería la última parada. Una de esas estaciones en las que la gente llega dormida y con los trajes arrugados por haberse sentado mal. Cuando estoy aburrido en un vagón de Metro intento imaginarme qué personas viajarán hasta el último andén. Uno de los hombres que llegó hasta el final del trayecto fue John García. Las únicas referencias que quedan de este sujeto se pueden encontrar en el boletín policial de la provincia de Victoria. Una escueta nota da a conocer la fuga de John García, mientras estaba confinado en una cantera de trabajos forzados. Se proporciona su descripción física, Su altura, su complexión, de que forma tenía la barbilla. Se detalla la cicatriz que tenía en su pierna y otros aspectos variados; pero el dato que nos importa es que John García asegura haber nacido en Zaragoza. Las autoridades locales recelan de su procedencia. Piensan que se trata de un camelo para esconder la personalidad de un condenado a siete años de prisión y que realmente se trata de un inglés de Kent. No sé la razón pero creo que la policía se equivoca. La edad que tiene García es 27 años. Con los datos que maneja la policía se trataría de un jovencito llegado a Australia con 15 años par cumplir condena por siete años. Uno de esos niños de la calle, amigos de lo ajeno que aparecen en Oliver Twist. Un virtuoso del carterismo infantil reclutado por un malvado como Fagin. Me extraña que uno de los ladronzuelos de la Inglaterra dickensniana se inventase un alter ego zaragozano. Además sabía leer y escribir, todo ello muy alejado del universo de los golfos apandadores. En cualquier caso tendríamos a un fugitivo zaragozano (o no), perseguido por sus crímenes y por los que no había cometido. Viviría huyendo tras las pesquisas policiales en una tierra de frontera donde el dinero fácil y la corrupción harían más estragos que las elevadas temperaturas del desierto interior. Hay veces que la última parada no es donde terminan las vías. #La imagen corresponde a un uniforme de preso australiano, cuando John García cumplía condena. No me extraña que se quisiese escapar El señor Bruno pensaba que la fotografía es una de esas profesiones que desde fuera parece mucho más bonita de lo que realmente es. Tras varios años entre carretes y líquidos reveladores había aprendido a desconfiar de todas las imágenes que se detuvieron en el tiempo. No se las creía, prefería las mil palabras. Al menos la tecnología le permitía seguir trabajando sin la obligación de emplear los productos químicos para positivar las fotografías. El señor Bruno no se imaginaba que la revista para la que trabajaba lo iba a enviar a la parte más recóndita de los Pirineos para que tomase fotografías de un coll de nombre difícil de pronunciar. La sola idea de desplazarse fuera de Zaragoza a través de carreteras secundarias de montaña, le irritaba. Nunca había llevado bien lo de las cadenas. Le esperaba otro reportaje de cimas pirenaicas que iría acompañado de un texto aburrido y tan lleno de lugares comunes como una novela de Corín Tellado o Marcial Lafuente Estefanía. El señor Bruno se hizo una maleta exigua, un par de jerseys gruesos, unas botas con una suela más desgastada que las laderas del Moncayo, un forro polar para abrigarse cuando se sintiese incómodo y una radio sin pilas para acordarse de que tenia que comprarlas. Llegó con el anochecer, parecía que escapaba de un sol inofensivo que se escondía entre los perfiles afilados de unas montañas conscientes de sus aristas. El señor Bruno se alojó en la única pensión de la zona. Era uno de los pocos clientes que dormía en las habitaciones decoradas por un interiorista triste., La noche en la que llegó no salió de su cuarto. A la mañana siguiente, todavía con legañas en los ojos, se acercó a su ventana que tenía una vista completa del coll. La niebla cubría la cima, sólo las estribaciones quedaban visibles a los ojos del señor Bruno. No parecía que fuese a escampar. Tendría que pasar otro día por la zona alejado del comfort y de la calefacción de su apartamento de Zaragoza. Aprovechó el tiempo para limpiar su equipo fotográfico, pasó un paño por los objetivos. No tardó ni media hora, las cámaras digitales necesitan muchas menos atenciones que las viejas cámaras con las que comenzó su carrera como artista de la imagen y con las que continúo su actividad inmortalizando bodas y bautizos. El día iba a ser largo. Se dio un paseo y contempló los primeros copos de nieve de la temporada mientras leía un periódico del jueves pasado. A la mañana siguiente se aproximó a la ventana y comprobó que la niebla permanecía inmóvil. Un denso muro de humo parecía cubrir de alabastro en ebullición la geografía accidentada del terreno. Otro día perdido. Decidió socializarse, conoció a un hombre delgado que había sido apoderado taurino y que en la actualidad se dedicaba al reparto de vinos del Somontano. También habló con la dueña de la pensión que estaba convencida de que el señor Bruno le había hecho el reportaje de bodas quince años antes con el cabrón de su ex marido. La conversación fue decayendo con el paso de las horas y se extinguió con el último trago de un carajillo de brandy barato. La niebla persistió al día siguiente, al siguiente del siguiente, al otro, al día después del otro y muchos más que se confunden con el paso de los meses; incluso hoy en día perdura. El señor Bruno todavía se levanta temprano con legañas en los ojos y cumple con el ritual de acercarse a la ventana para saber si va a ser el día en el que fotografiará el Coll. Al señor Bruno le da igual la climatología, le quedan dos semanas para jubilarse y además ya no cree en la fotografía. Las películas de Fernando Esteso las veía en el vídeo comunitario, alguna de ellas eran las primeras grabaciones piratas del cine español; en concreto me acuerdo de una que tenía todavía la música de Movierecord. Otro recuerdo de Fernando esteso es el anuncio de un vídeo Thomson para el Mundial 86 en el que Fernando era un jugador del Ajax y Pajares un árbitro más malo que Rafa Guerrero, al final ambos unían sus brazos escayolados para formar la palabra Thomsom. Cualquier orquesta de fiestas de pueblo que se preciase tenía que incluir la Ramona entre su repertorio, pero más sorprendente fue la versión de los Petersellers del clásico de Esteso mezclando La Ramona con los Ramones, haciendo una biografía pop del grupo punk neoyorquino. #Este pequeño post sirve de homenaje a Fernando Esteso que hoy recibe el cariño de los internautas aragoneses El dólar esta a precios dsconcertantes, da gusto comprar en la divisa norteamericana. Las librerías de viejo de más alla del atlántico se han convertido en supermercados de oferta para según que piezas, sobre todo sino guardan relación con EEUU. La semana pasada viendo el catálogo de la ILAB (Intenational League of Booksellers) encontré un par de páginas de las Quatorze decadas de Tito Livio publicadas en Zaragoza en 1520 por Jorge Cocci, que no pude resistirme a comprar por el precio de una cena. Una de ellas con un grabado y la otra con una mayúscula ornamental. El paso del tiempo no ha sido demasiado duro con las hojas. Unas ligeras manchas de humedad atestiguan la antigüedad de los papeles; si a Londres se le presupone la niebla, es imprescindible que un libro del S. XVI tenga manchas. Zaragoza fue uno de los focos impresores del Renacimiento peninsular. Aquí se imprimió el Manipulum Curatorum el primer libro con colofón completo de más abajo de los Pirineos,durante varios años se llegó a pensar que fue el primer libro que vio la luz en España, obra de Mateo Flandro en 1475. En el siglo XVI destacaron los hermanos Hurus y posteriormente el germano Jorge Koch, al que se lle aragonesizó el apellido por Cocci. las prensas de Cocci pasan por ser las mejores de todo el S XVI español, en concreto se citan en los Las quatorze decadas en los manuales de tipografía como ejemplo de volumen bien editado. Para ser sinceros las planchas xilográficas que utilizó jorge Cocci ya habían sido utilizadas en Mainz y en Lyon, ciudad enlas que debió comprarlas el alemán. El ejemplar del que proceden las dos páginas terminó durmiendo el sueño de los justos hasta que en 1927 la Asociación de los Foliophiles decidió venderlo por hojas con la excusa de la labor didáctica y divulgativa. El presidente de la asociación, G. L. Brown, aseguraba que se trataba de ejemplares incompletos de los que se conservaba un número reducido de páginas, pero lo cierto es que lo único que se sabe es que son originales. Hay quien piensa que los Foliophiles se dedicaron a descuartizar libros para obtener una mayor rentabilidad, una especie de bibliófilos comelibros, o incluso que los libros fuesen robados. La fecha de 1927 es temprana para relacionarla con el robo de libros de la Seo. Es emocionante pensar que estuviesen junto al mapa de Vinland en la catedral zaragozana. Jorge Cocci tiene hoy en día una calle en Zaragoza que no guarda ninguna relación con la tipografía, sin embargo la calle Mateo Flandro se encuentra en el lugar donde Cocci tenía su comercio, que con el tiempo pasó a denominarse callizo de la imprenta, paradojas de la vida. ·La imagen corresponde a unos cajistas trabajando enuna imprenta com la de Cocci |