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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2007.
El camino de regreso no es igual que el de partida. El jet lag tendría que estar prohibido, no pude engañar a mi organismo ni con los relojes de imitación que se atrasaban. Lo que más me ha sorprendido del viaje a Oriente ha sido que no hubiese oído hablar en mi vida de la ciudad más poblada del planeta. Chongqing (fonéticamente chonchín) tiene 31 millones de habitantes según las fuentes oficiales chinas. Vivimos en una sociedad urbana que adora los superlativos y sin embargo Chonquing se oculta bajo la bruma de las tres gargantas para gran parte del mundo no oriental. Chongqing es cincuenta y pico veces Zaragoza y tiene pocas bicicletas por que su geografía tiene muchas cuestas. Nuestras ciudades son pueblos si los comparamos con las megalópolis asiáticas. Pasear por el Bund de Shanghai, por el Paseo de las estrellas de Hong kong o por Kabuki-cho en Tokio es pasear por Blade Runner con replicantes de ojos rasgados. Hace años, cuando era profesor de español en el CODEF tenía un alumno chino, Li Yin, que decía que Zaragoza era una ciudad pequeña. Tenía razón, yo no le hacía caso. Sabía que Zaragoza era pequeña si se la comparaba con Londres, con París o con Barcelona; pero es que eran capitales mundiales. En China cualquier ciudad desconocida tiene siete millones de habitantes. Las dimensiones sobrecogen para aquellos que medimos las longitudes de las calles en relación con Independencia y pensamos que Valdespartera está lejos del centro. Fascina ver un edificio de setenta plantas de norman Foster a quince metros de un puesto callejero de peces de nombres impronunciables. Qué distintos somos #La imagen corresponde a los edificios del Barrio de Pu Dong en Shanghai, ciudad que se convertirá en la capital mundial del Siglo XXI Hong Kong es como Andorra pero con rascacielos de Norman Foster. Las luces resplandecen sobre la bahía que se despierta con la noche. El reflejo de los neones y los leds omnipresentes hacen que el único sepang que se conserva parezca un pez de colores apagados en una pecera de plexiglás. La segunda o tercera ducha diaria dulcifica la humedad relativa, digna de los fumaderos de opio de las películas de Fu-Manchú. El calor es tan pegadizo que se llega a echar de menos. Me gusta Hong kong y sus cibercafés para mujeres filipinas que vienen a trabajar en el servicio doméstico. Me gusta la libertad de prensa de Hong kong que dedica varias páginas a las carreras de caballos. Me gusta la noche oriental que trae los ecos de los mercados de Kowloon. Hong Kong es el lugar ideal para sudar, ver chicas monas con peinados sofistificados y comprar. El mercado nocturno no tiene encanto si se compara con las carnicerías tradicionales, las tiendas en las que se venden aletas de tiburón liofilizadas y raíces que parecen mandragoras, o los mercadillos de cables de teléfons móviles de segunda mano. En el mercado nocturno se pueden encontrar relojes, bolsos de imitación y camisetas de clubes de fútbol. Ya se vendía la de L.A. Galaxy con el nombre de Beckham y el número 23 a la espalda. Por curiosidad estuve buscando el uniforme del Zaragoza, pensaba que con el tirón de Aimar en Asia no sería complicado. Me equivocaba. El Zaragoza no tiene quien le falsifique. Todavía no somos un equipo importante. El Valencia y el Sevilla tenían sus copias. El Palermo italiano, toda la Premier, media liga holandesa y escudos que no pude identificar. El Zaragoza será uno de los clubes grandes cuando las luces chillonas iluminen su camiseta en los puestos callejeros hongkoneses, mientras los niños coman brochetas y los chinos de edad avanzada devoren los cigarrillos intentando descifrar si el día de mañana sale brumoso o despejado. #La imagen corresponde a la vista de Hong Kong desde la bahía de Kowloon con el cielo cubierto. El sentido del humor les hace repetir que los ingleses dominaron la isla 150 años, después se fueron pero les dejaron la niebla. Los amantes del bacalao están de enhorabuena. Una cocinera portuguesa ha cogido el antiguo bar “La Encina”. Las salchichas del país han dejado paso a la cocina lusa casera. Las últimas decisiones sobre el corto de los Zeppelines se han tomado en el comedor todavía en obras de este establecimiento que se llamará Condado Portugalense. Quedo allí con J. Obón y Juan Anillo, me comentan que las imágenes del interior del dirigible que se desarrollan en la cafetería del Graf Zeppelín quieren ir a rodarlas al Museo del Zeppelín en Fiedrichhaffen. A Fiedrichhaffen llega Ryanair en avión, pero no en dirigible. La empresa heredera de los Zepellines mantiene vuelos turísticos, con suerte puede verse una mastodóntica superficie alargada reflejada sobre la superficie acristalada del lago Constanza. Las tapas de Bacalao me impiden ir a comer a casa. No me da tiempo de volver a trabajar. Una solución de urgencia eN tomarme algo más. Acabo en el Texas que todavía tiene colgado de sus paredes el artículo que le dedicó Carlos Herrera en el suplemento dominical del grupo Vocento. Me hace gracia encontrarme el Texas lleno de Heavys. El negro invade las calles estrechas de lo que queda del Tubo. Una procesión de pelos largos y muñequeras de tachuelas va buscando bocadillos y cerveza como preámbulo del Monsters of Rock. Unos heavys de Cáceres comen boquerones y un bocadillo de longaniza. Otros de Sevilla me tratan de Usted y me piden que les haga una foto. Enciendo la cámara digital y se esfuerzan por poner cara de niños malos, al mismo tiempo que sus dedos se transforman en los dedos iniciáticos del metal. Hablo con otros de Almería. Han estado conduciendo doce horas por la carretera nocturna. A las cuatro de la mañana se puede ir con las largas todo el tiempo que se quiera. Uno de ellos me habla de fútbol y me enseña su carné de socio del Almería que costaba doscientos euros y que al año que viene va a duplicar su precio. Pago mi consumición. Dejo un poquito de propina y el dueño del Texas hace sonar un conjunto de cencerros en señal de agradecimiento. A los heavys les hace gracia y lo comparan con los acordes de un grupo que no había oído en mi vida. Cruzo la puerta y los chicos de Almería me despiden con cuernos como si fuese uno de ellos. Llevar una camiseta negra es como llevar una navaja multiusos del textil. #La imagen tomada en 1930 corresponde a una fábrica del Metal rusa |