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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2007.
Nació en 1908 y el azul del mar le asustaba, quizá por eso sabía desde pequeño que iba a acabar trabajando en un trasatlántico. Puede que tomase consciencia de su destino marino el día de su Primera Comunión, que fue tan triste como el sonido de un barco en medio de la inmensidad del océano. Tenía el don de la imaginación. Se inventaba historias que parecían novelas decimonónicas. Al cumplir los diecisiete años leyó Madame Bovary y se dio cuenta que había diseñado una trama similar. odió a Flaubert por haber cometido una especie de retroplagio. Su padre solía repetir, como un oráculo afónico, que su hijo se convertiría en periodista por lo bien que se le daba retorcer la realidad como si fuese un papel de fumar. Los dos tenían razón, trabajaba en el diario del barco que cubría la línea regular Cádiz- Buenos Aires..Por la noche en la soledad de su taller tipográfico componía las noticias que le llegaban por radio. También escribía de su cosecha algún artículo sobre la vida abordo. Un concierto insoportable de clarinete, la cena de gala del Capitán Bermúdez, o la crónica de los entretenimientos de cubierta Nunca le gustaron los pasajeros que subían al puente con sus sombreros oscuros y sus bigotes bien recortados. El trabajo le aburría. Comenzó a inventarse nombres de pasajeros ficticios. Nadie parecía darse cuenta de esos eres inventados en pleno Atlántico. Tenía la sensación de que sus palabras quedaban sepultadas entre el vaivén de las olas. Le gustaba la sensación de escribir para que no se le prestase atención. El siguiente paso en su escala de embustes fue la noticia de un robo en uno de los camarotes de lujo, de esos en los que se puede los brillos marinos del amanecer tumbado en la cama. No armó el revuelo que esperaba, así que no le quedó más remedio que pasar a mayores. Hizo que triunfase la sublevación de Jaca de 1930. Se enteró de los acontecimientos promovidos por Gabriel y Galán a través de puntos y rayas; y de su posterior fusilamiento. Pero la sublevación siguió viva en el barco durante lo que restaba de viaje hasta Buenos Aires. Todo el mundo estaba muy revolucionado. Los pasajeros de Primera caminaban irascibles por el puente de cubierta mientras se fumaban unos Cohíbas. Los de Segunda y Tercera se preocupaban por los familiares que habían dejado en casa, pese a que sabían que una vez que se habían montado en el buque no los volverían a ver jamás. Hubo un par de conatos de peleas entre partidarios y detractores. Hubo quienes querían que el trasatlántico diese media vuelta como si fuese un coche en una carretera. La tensión hacía insufrible el olor a mar. los bailes eran desangelados. Las partidas de mus taciturnas y el Capitán Bermúdez no hacía que repetir más que adverbios finalizados en mente. Pudo concluir el asunto cualquiera de los días que duró el viaje. Hubiera sido sencillo, pero no lo hizo. Nunca le había gustado el azul del mar. esa era la única manera de sobrellevarlo. Al llegar a tierra todo se descubrió. Las consecuencias para él fueron demoledoras. Se tuvo que quedar en Argentina para evitar un juicio en España por alta traición. El Nuevo Mundo no le trató demasiado bien. Acabó sus días como limpiabotas frente al Teatro Colón. Cada vez que sacaba lustre a mis zapatos, con unos viejos trapos, me repetía la misma monserga. Como era dado a inventarse historia, no le hice mucho caso; pero daba datos difíciles de imaginarse #La imagen se corresponde al naufragio del Monte Cervantes en 1930 El sábado por la noche quedé, con un par de amigos, uno de ellos es un gran detractor de los blogs en general y del mío en particular, para tomar algo rápido. Al día siguiente teníamos que trabajar los tres. La cita no prometía demasiad, dos cañas, una tapa y a la cama a descansar. La cosa se complicó. Uno de los tres, no fui yo, llegó bastante tarde; como castigo lo llevamos a comernos unas megabrochetas al nuevo Candolías del Tubo. Cualquiera podría pensar que comerse una de esas brochetas no es ningún castigo. Claro que no todo el mundo es vegetariano. Aguantó bastante bien a sus amigos carnívoros, perro como no comí tuvo que beber más para pasar el rato. Los otros dos le seguíamos el ritmo porque somos más competitivos que los malos de las películas de Rocky. No contentos con la carne fresca lo llevamos a uno de esos garitos cuyas tapas se han convertido en ferranadrianadas. Lo encajó bien incluso cuando lo obligamos a tomarse una ración de arroz con bogavante. La última botella de Aylés hizo que continuásemos la noche. El Baccarah estaba hasta arriba, no cabía ni una sola chica más con camiseta de topos y manga ranglán. Pasamos a la Casa Magnética, donde estaba Juan Aguirre con su gorro eterno. Empezábamos a movernos en horas peligrosas para los tres, así que como una retirada a tiempo es una victoria, nos fuimos a casa. Si la retirada es en tax,i no es por ello más victoria, pero es más rápida. Di la dirección "Me deja en la Plaza Roma, por favor" El taxista no me dio conversación iba absorto en en un programa de radio. Reconocí la voz deIker Jiménez y me puse a temblar. Un colaborador del programa hablaba de tarántulas. Como el Paseo Teruel esta cortado por obras, el taxí se desvió por Madre Sacramento y pude escuchar algo que me dejó estupefacto. A la altura de lo que fue el taller del escultor Francisco Rallo, el colaborador de Iker Jiménez mencionó un tratado español de Tarantismo del S. XIX (nada que ver con el Director de Pulp Fiction y Death Proof). Vinculó el baile de la Tarantela a la necesidad curativa de la picadura de las tarántulas, que se llaman tarántulas por la ciudad de Tarento. En el manual sobre tarantismo se explicaba que si una araña venenosa picaba a alguien por estos lares, la tarantela dede ser sustituida por una Jota de movimientos rápidos. Así con dos Aylés de más y tras haber visto a Juan Aguirre me enteré del carácter apotropaico de la Jota. ¡Spiderman, no levantes tanto el vuelooooo que te vas a salir de Españaaaaa! Hay mañanas que me gusta leer la prensa del día anterior. Me detengo con atención en un artículo del Pais sobre Jaime Jiménez "el Solitario". Me entero de que tenía una cuenta corriente conjunta con su madre en Ibercaja entidad a la que atracó ocho veces. Me ha hecho pensar en el término "justicia poética". El solitario es un bicho (y posiblemente un asesino) de cuidado. No me gustaría tenerlo de vecino ni que me defendiese su abogado, sin embargo me ha hecho gracia que eligiese de manera sistemática su entidad bancaria para ser robada. Me imagino que así ya se puede reir uno de las comisiones que le cobran. Por otro lado me entero que el sindicato americano de directores cinematográfico se llama DGA (Directors Guild of America). La DGA nuestra ya no existe, ahora es Gobierno de Aragón; pero todo el mundo sigue denominándolo DGA. No estaría nada mal que Martín Scorsese fuese el presidente de Aragón. Aunque lo vería mejor como alcalde de Zaragoza, seguro que regulaba el tema de los taxistas en la Intermodal y sus desplazamientos a Valdespartera. Los políticos ya no llevan gafas de pasta. #La imagen corresponde a Hugo Rich, vestido de manera elegante con un traje de Trussardi, atracando un banco en Australia. A veces las cámaras de seguridad sacan unas fotos propias de la Agencia Magnum El lunes por la tarde quedé con unos amigos para jugar al baloncesto en el Centro Deportivo Municipal La Granja. Alquilamos las pistas exteriores, nunca hemos sido unos aristócratas de pabellón. Somos los únicos que debemos alquilarlas. Hay una sola cancha y siempre la hemos tenido libre. Se puede decir que es como si fuese nuestra. Incluso hace un año protestamos por la falta de protecciones en los pies de la canasta. Llegaron a forrarla de una lona protectora que sirvió de poco. Cada vez acudimos un menos número de jugadores, no por falta de ganas, sino por lesiones. Queremos demostrarnos que no estamos tan mayores como aparentamos, luego pasa lo que pasa, y eso que calentamos. Tras acabar uno de los peores partidos que hemos jugado en mucho tiempo, se puede jugar mal sin necesidad de utilizar el rombo, nos tomamos unas cervezas. Somos de la vieja escuela, de la que no cree en los efectos beneficiosos del Aqyuarius. Hablamos de la final de las Olimpiadas de Munich en 1972. Ninguno de nosotros había nacido, Yo tenía menos tres años, pero la considerábamos como el final y la final más espectacular de la Historia del Baloncesto. Lo políticamente correcto especifica que el deporte y la política no deberían juntarse nunca y quizá sea así, pero cuando se mezclan es fascinante. A quién no le hubiese gistado jugar en el equipo de los aliados en Evasión o victoria . Un ejemplo que es todavía más cinematográfico que la película de John Huston es la final de Baloncesto de Munich 72, aunque este es real. Relataría lo ocurrido pero mejor voy a reproducir las palabras de Edwin Kako Vázquez que tiene un fascinate blog titulado El Historiador deportivo. Munich 72 será siempre bien recordada por el escándalo que se escenificó en la gran final de baloncesto entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Era una sorpresa que los soviéticos dominaran el marcador durante todo el encuentro, por 6 puntos en la primera parte (21-26) y por 8 cuando faltaban más de 6 minutos para terminar el encuentro. Uffff, entonces vino la reacción de los estadounidenses que pusieron en la delantera por primera vez en el marcador faltando 3 segundos de juego. Doug Collins interceptó un pase del gigante Aleksandar Belov y recibió falta de Sakandelidze colando los dos tantos para irse Estados Unidos (50-49). Los soviéticos pusieron el balón en juego, pero éste se detuvo dos segundos después, hay que recordar que sólo quedaba ya un segundo y a instancias del dirigente de la URSS Vladimir Kondrashin, quien reclamaba que había solicitado un tiempo muerto tras el primer tiro libre de Collins y no después del segundo, que fue cuando sonó la bocina, cuando ya no podía hacerlo. Tanto los árbitros, el brasileño Righetto y el búlgaro Arabadjan, como el comisario de mesa, el francés Chopard, eran de opinión de que sólo debía jugarse un segundo. Efectivamente, sacaron los soviéticos, se perdió el balón fuera de la banda y los estadounidenses, al oir la bocina que ellos creían que era la del final del partido cuando en realidad estaba advirtiendo que el juego se había detenido, empezaron a celebrar su nueva conquista de la medalla de oro. Pero estaban en un error, un error histórico. El británico William R. Jones que era secretario general de la FIBA, donde mandaba con brazo de hierro, acudió hasta la mesa para intervenir personalmente y ordenar la repetición de los tres últimos segundos. Mientras Hank Iba, dirigente estadounidense y todos los jugadores seguían convencidos de que la victoria era suya por que los soviéticos no tenían tiempo de modificar el marcador. Kondrashin trajo a juego a Iván Edeshko, gran pasador, con la consigna de que al reanudarse el partido lanzara un pase largo hacia su compañero Aleksandar Belov, que se situó a unos cuantos metros de la canasta americana. Edeshko sacó fuerte el balón directamente a Belov, quien tuvo tiempo de recibir la pelota en el aire, picarla en el piso y, tras eludir el intento defensivo de los únicos jugadores estadounidenses que intentaron reaccionar, Forbes y Joyce, la dejó cómodamente en el aro. Era el 50 y 51 que sellaba la primera derrota olímpica del baloncesto estadounidense. Los americanos preeentaron una protesta oficial y para colmo de males, a Hank Iba le robaron 370 dólares del bolsillo mientras la firmaba. El partido había comenzado a las doce menos cuarto de la noche para que los Estados Unidos pudieran ver el juego por sus televisores. El comité de apelación rechazó la protesta estadounidense y dijo que el resultado era válido. De los cinco componentes votaron a favor de Estados Unidos, un italiano, un puertorriqueño, en contra, un polaco, un cubano y el presidente del comité hungaro Sepp. El hecho de que los tres votos que dieron por buena la victoria soviética fueran los otros tantos ciudadanos del bloque comunista contribuyó exacerbar los entimientos nacionales tanto de los aficionados como de los miembros del equipo de Estados Unidos. |