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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2008.
Los pseudónimos son como un guante de terciopelo, tienen un tacto suave pero nunca llegan a ser tan cálidos como la yema de los dedos. Hugh Stowell Scott (1862-1903) era un miembro del despacho Henry Scott & Sons. Desempeñaba un trabajo administrativo con un encanto limitado que complementaba suscribiendo seguros de barcos en Lloyd´s. Le quedaban pocas horas diarías para escapar de su rutina burocrática. El tiempo que disponía lo dedicaba a escribir bajo el pseudónimo de Henry Seton Merriman. Sus novelas están repletas de esas aventuras y pasiones que no vivió en primera persona. Hoy en día es un autor olvidado como lo barcos hundidos que aseguró desde su mesa de nogal. Su firma no ha podido soportar el paso de los años y sus libros carentes de derechos de autor aparecen desprotegidos en los catálogos digitales. Una de sus novelas está situada en Zaragoza The velvet glove, el guante de terciopelo. Se trata de una historia ambientada en las conjuras carlistas a orillas del Ebro. Unos jesuitas que controlan un convento de monjas en Torrero idean un plan para hacerse con un botín de tres millones de pesetas para instaurar en el trono a Don Carlos. Aparecen los tópicos decimonónicos del héroe romántico cuya familia posee un palacio renacentista y del malvado notario, Evasio Mon, al servicio del clero. La geografía de la ciudad es ficticia, parece un laberinto de calles estrechas casi mágicas que resplandecen bajo las estrellas brillantes por el efecto de un cierzo purificador. Merriman vistió las casas y las iglesias de Zaragoza con su guante de terciopelo de tacto suave, pero proporcionaban menos calor que el original. Zaragoza es la única ciudad en el sistema solar en la que están ambientadas tres óperas y no posee un lugar digno para representarlas. También es el lugar sobre la faz de la tierras en el que florecen a la velocidad de la luz proyectos de construcción de un campo de fútbol con un número de estrellas cambiante, se pasa de las cinco estrellas de un hotel de lujo a las tres de un viejo refrigerador White Westinghouse con la misma facilidad que se hace zapping un domingo por la mañana. Si fuese concejal de urbanismo encargaría un nuevo concurso de ideas para la nueva Romareda en Mallorca y así salvarnos el día 18, y si fuese mandatario del Real Zaragoza iría encargando, por si acaso, un informe a los servicios jurídicos o lingüísticos del club sobre si bajar a segunda es un descenso o un simple cambio de categoría. De las tres óperas ambientadas en Zaragoza una es muy conocida Il Trovatore, otra la del libreto de Pérez Galdós es una incógnita. La tercera es una obra importante del dodecafonismo, se trata de Il Prigionero de Luigi Dallapiccola. El argumento narra la angustia de un preso en las mazmorras de la Inquisición al que su carcelero da esperanzas haciéndose pasar por un hermano, para al final estar esperándolo con sus instrumentos de tortura tras el túnel por donde le permite escapar. Espero que no se trate de una premonición sobre el futuro del equipo. Dallapiccola compuso una obra compleja sobre el sufrimiento de los presos de regímenes dictatoriales, comenzó el libretto poco después del fin de la II Guerra Mundial, como otros intelectuales de la época asoció a Hitler y Mussolini con Felipe II, quizá por eso sea una ópera poco conocida a este lado de los Pirineos. Nunca me ha caído bien Felipe II, su supuesta austeridad hizo que jamás me fiase de él (otro cantar son las alteraciones de 1591). Las conversaciones entre el prisionero y su carcelero son peculiares, las arias del prisionero son dodecafónicas, no muestran melodía ninguna se parecen al juego del Zaragoza. El carcelero canta con la métrica y liríca habitual, el carcelero es la muerte y el totalitarismo. El Zaragoza ha sido dodecafónico durante la práctica totalidad de la temporada. Su carcelero le espera al final del túnel, pero el inquisidor no sabe que para salvarse depende de sí mismo, aunque no abandone el dodecafonismo. Dallapiccola compuso una ópera basada en Vol de nuit (Vuelo Nocturno) de Saint-Exupèry. La imagen es del compositor Marina me ha dado la primera satisfacción literaria. Acudí con su carrito a Correos para recoger un envío de Strand con otras dos primeras ediciones de novelas de Paul Auster (Moon Palace y Timbuktu), ya solo faltan cinco para completar la colección. Al entrar en la oficina postal había una pequeña cola para mandar paquetes certificados y comprar sellos. Marina se puso a gruñir en cuanto notó que nos habíamos detenido. Estaba dando media vuelta cuando las personas que se encontraban a punto de ser atendidas me dijeron que pasase en su lugar, en ese momento Marina dejó de emitir sonido alguno. Desde la fila había quien la miraba pensando "si sabemos que se calla, no los dejamos pasar". Recogimos los libros del tío Paul y nos fuimos bajo un sol que dejaría paso a las nubes por la tarde. La próxima vez que quiera ir a Gilca me la llevo seguro Alivio doloroso, pero alivio al fin y al cabo. El descenso del domingo constató lo que sabíamos desde hacía ya demasiadas semanas, aunque no lo atrevíamos a reconocer. Hemos vivido/sufrido la lenta agonía de una enfermedad que tenía muy mala pinta desde que Garitano abandonó el barco tras el partido contra el Murcia. Al finalizar el partido no sentía tristeza, era alivio por la conclusión de una temporada que resume, para bien y para mal, la esencia de un club que es capaz de bajar a segunda el año que todos esperábamos jugar la Champions. Ser como somos no nos hace ni mejores ni peores, sólo nos hace ser aficionados del Zaragoza. Ayer volví a Zaragoza cuarenta días después. Llovía y el agua dificulultaba el acceso a la ciudad por los alrededores de las obras de la Expo. La lluvia remarcaba el sentimiento de fracaso deportivo que se encarnaba en el frío y la humedad. Después de descargar en casa el equipaje (y demás artilugios de bebé) para tres semanas fuimos al Centro Comercial Augusta para realizar la compra semanal. Llegamos a la hora de comer, así que antes de sumergirnos en el fabuloso mundo de los hipermercados decidimos entrar en el Wok de la planta baja. Unos chinos con el gorro de cocinero preparaban los platos sin mediar palabra. Al fondo, en la lejanía, una pantalla de plasma dejaba escapar las imágenes de un telediario al que le quedaban pocos minutos de emisión. Desde el domingo había intentado no leer la prensa, ni ver las noticias deportivas; pero al levantar la vista me topé con un resumen de los jugadores del Zaragoza llorando en el centro del campo del Ono Estadi. Seguí la conversación con Silvia mientras miraba de reojo al televisor. El reportaje sobre la catástrofe se alargaba, de manera que tuve que girar la cabeza para evitarlo. La giro y me encuentro con DP (Darren Phillip) el pivot del CAI. DP no llevaba puesta su cinta roja con cristales de Strass, pero iba vestido como cabe esperar de un americano que se gana la vida con el baloncesto. Sonreía y perecía feliz. Me pareció todo tan metafórico, el jugador alto, simpático, cercano, que come en los restaurantes de simples mortales y se toma dos latas de Sprite antes de ir a que le hagan un wok; sin embargo los jugadores del Zaragoza empequeñecidos en una pantalla colgada a cuatro metros del suelo, cabizbajos bajo la lluvia mallorquina. La metáfora era tan evidente respecto al equipo de fútbol, que no me la creí. El próximo día que pase por la tienda de Gran Vía del Real Zaragoza le compraré a Marina un chupete con el escudo del león. Me va a ser difícil explicarle por qué su padre es del Zaragoza, pero cuando lo pregunte de aquí a unos años le responderé que cómo no se va a ser de un equipo que es capaz de bajar a segunda cuando todo el mundo apuesta por él para jugar la Champions y le contaré aunque sea difícil de creer que esa temporada lo único que sentí al terminar fue alivio, doloroso pero alivio. PD. Si queréis ligar en un restaurante asiático, id con un carrito de bebé. Cuando Silvia se levantó a que le hicieran un wok de brócoli y cangrejo, tres camareras chinas se acercaron a ver a Marina y me preguntaron cómo se llamaba. El nombre de Marina les sonaba a chino, o mejor dicho no les sonaba a chino y me pidieron que les aclarase si era niño o niña. Permanecieron mirándola e incluso tocándola hasta que volvió Silvia, momento en el que se dispersaron #La imagen me ha aparecido escribiendo en google imágenes, catástrofe futbolística Esta mañana he ido al edificio del Gobierno de Aragón de la Plaza San Pedro Nolasco. En los cristales de las puertas de entrada han colocado unos vinilos en los que prohiben el acceso a los perros, pero en vez de tratarse del icono habitual se ha sustituído un perro genérico por Milú tachado. Parece un anuncio del gobierno de Borduria en el que se busca vivo o muerto al perro de Tintín. El fin de semana ha sido catastrófico para los montañeros españoles en el Himalaya. Cada vez que escucho hablar de congelaciones alpinísticas me acuerdo del Primero de cuerda de Frisson Roché. Están abriendo una librería de viejo en la calle Escosura con la Plaza Roma. Por un momento me he sentido como en el París de las vanguardias, las librerías junto a los puticlubs.Todavía se encuentra en pleno montaje, pero en el escaparate hay un papel escrito a mano en el que se anuncia la línea editorial del comercio. Se podrán comprar toda clase de libros y de hologramas, lo segundo es desconcertante. Desde los cristales se asoma El asesino sin gajes, el retrato de Ionesco está pensando si comprarán antes su libro o los hologramas. |